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lunes, 21 de septiembre de 2009

EL SON SE FUE

El son regresó a Cuba y no se encontró con sorpresas. La alegría estuvo ausente de la fiesta. El ritmo se consiguió con un público lánguido de emoción y anémico de la vibración que normalmente producen estos eventos. La exaltación de la muchedumbre y el entusiasmo que hubiese provocado un concierto de esta naturaleza, aguas afuera de la isla, fueron los grandes ausentes del jaleo dominical de La Habana. Había mas efervescencia en la legendaria figura del Che, al fondo de la Plaza de la Revolución, supervisando que nadie se saliera del guion oficial; en los cubanos presentes.

El concierto del cantante Juanes, animado por el espíritu de llevar su Paz sin Fronteras a la isla se estrelló de frente contra un pueblo macilento de la risa, mustio de las emociones y descorazonado desde hace 51 años.

Termino el concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución. Se acabó la magia para la gran masa de cubanos que ayer asistieron a ver a Juanes y sus amigos en concierto.

Con la mítica imagen de Ernesto Che Guevara de fondo y el mar de franelas blancas, con el logotipo de Paz sin fronteras, la música de los artistas invitados para este megaconcierto sacó a los miles de cubanos asistentes de las diarias preocupaciones políticas, económicas y sociales de su rutina.

Yo combatí el concepto de este concierto desde sus inicios. Consideré que se le hacia un flaco servicio al proceso de recuperación de la libertad en Cuba y otros países afectados del mismo morbo revolucionario castrista. Mi oposición se asentaba en que el concierto le proporcionaba oxigeno comunicacional no al pueblo y si a la Revolución y a los Castro. El concierto iba a servir de plataforma de relaciones públicas a Fidel Castro y su hermano Raúl, en una suerte de promoción de una apertura política en la isla.

El concierto en el tenor artístico estuvo impecable. Se le llevó a un pueblo ayuno de alegría, la risa de la música como lenguaje universal de la unidad, de la paz, de la hermandad, de la amistad y de la libertad. Es una lástima que los cubanos hubieran bailado el concierto, tan serios y graves en la fatiga de sus corazones

La apertura de Olga Tañon como solo una artista de la talla de ella lo sabe hacer. Sus temas seleccionados fueron un dardo directo hacia el dictador de la isla. Sin embargo, no hubo un feed back reciproco en intensidad, del publico. No percibí una emoción similar a la de sus conciertos en Venezuela y otras partes del mundo.

Disfrute el concierto desde el inicio, montado en la esperanza que Miguel Bosé, un niño terrible de la farándula y con una proporción política distinta a la de Juanes hiciera una tremendura coyuntural y lo hizo. La expresión de referir a la guerra como "una mierda" y al conflicto también, fue una clara orientación a las guerras y los conflictos internos que han estado acogotando a la isla a lo largo de los cincuenta años de régimen castrista. Pero también un lanzazo para los nuevos Fidel que en un decimonónico alarde de mutación se han aventurado a importar el conflicto y la guerra a sus países. Un perfecto retrato hablado al norte del sur de América.

Su interpretación alusiva a la carta de un miliciano que en el siglo pasado fue a la guerra, fue una clara condena al carácter guerrerista del castrismo y por extensión a los regímenes que son hijos bastardos del régimen fidelista. Me gustó su selección, el contenido del tema y su oportunidad. Musical y políticamente fue impecable su participación.

La entonación a dúo con Juanes es algo que vamos a comentar al final y eso estuvo excelente.

El concierto dijo mas por la televisión que lo cubrió, que estar presente en el mismo, en relación a los cubanos. No percibí emoción en ellos con los artistas foráneos, ni Juanes, ni Miguel Bosé, ni Olga Tañon levantaron los aplausos de Los Van Van. Carlos Varela, Amaury Pérez y Silvio Rodríguez los cantantes oficiales del régimen los pasaron por bolas en los aplausos y cantaron serios y formales. Al final, repetimos, con la participación de Los Van Van la alegría de los cubanos se animo a exteriorizarse un poco. Antes, eran movimientos mecánicos y sin mucha alegría; tan distintos a los ánimos de los conciertos fuera de la isla, como siguiendo un estricto libreto dictado por la fila de policías uniformados y los camuflados integrantes de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) que se esmeraron para que los cubanos no se salieran de la línea ¿Alguien le robo la alegría a los cubanos?

No vi el bosque de camaritas y teléfonos celulares alzado, para robarse imágenes de los artistas, tan común en este tipo de actividades. Las pancartas que se exhiben para aupar a un artista o a una agrupación también brillaron por su ausencia; parecía un pueblo arreado políticamente para hacer bulto y para bailar con la gravedad de su apatía. El son se fue de Cuba y con él, la alegría.

El dúo de Juanes y Miguel Bosé con su canción dedicada al pueblo cubano donde pedía una isla en el medio del mar y llámala libertad, fue una clara referencia a lo que ha ocurrido durante 51 años en Cuba. Sencillamente impecable.

No percibí emoción en el pueblo cubano asistente al concierto, saque usted de la tarima a los artistas, quite la música y aparataje del escenario y coloque en su lugar a Fidel Castro en sus kilométricos discursos, siembre en la tarima las arengas hacia la Revolución Cubana y la dignidad revolucionaria, coloque los aupamientos a la dictadura del proletariado y a la internacional del comunismo, estimule la igualdad del socialismo y la guerra a la pobreza, no deje de incluir la muerte al imperialismo, asome la invasión de los yanquis por cualquier lado, exprima el añejo discurso contra los gusanos mayameros y allí estará la misma emoción ajada de un pueblo al que le robaron la alegría hace cincuenta años y que es arreado para esas concentraciones. Como el de aquí.

Los asaltos espontáneos a la tarima por fans para abrazar a sus ídolos, tan comunes en nuestros conciertos, fueron cubiertos por un aislado abanderado que rápidamente fue invitado a desalojar la tribuna, por un agente de seguridad del régimen.

Vía Twitter, Facebook y la Televisión le hice un seguimiento completo al concierto Paz sin Fronteras y recibí más emoción desde la frialdad de la TV, la PC y el celular que desde quienes estaban de cuerpo presente en la Plaza de la Revolución. Había mucha ausencia de alma, bastante deserción del espíritu y un destierro completo del corazón. El son se fue de Cuba y con su deserción se fue completa la mente en el acompañamiento de la balsa que se enfrenta a las contingencias de la mar embravecida para el reencuentro de la familia cubana. La alegría de los cubanos esta a 90 millas de sus costas, oye.

El destierro de la alegría es el eclipse de la marcha del goajiro que aspira asistir al concierto donde se le cante a la libertad también, porque la paz donde se ha exiliado el alma, se ha aporreado el espíritu y se ha encaramado en una balsa el corazón, regresará cuando el cubano tenga la libertad, la independencia y la soberanía para expresar libremente sus sentimientos represados durante 51 años. El son se fue de Cuba llorando de tristeza.

¿Dónde estaba escondida la felicidad socialista del pueblo cubano? La alegría que se expresó en el concierto por la paz en la Plaza de la Revolución, es la misma que expresan los cubanos en las concentraciones políticas, marchando como zombis agitando deslucidos las banderitas con la estrella blanca y gritando vivas sin aire, sin oxigeno desde el plexo y sin nada salado en el estomago. Goajiro de mi tierra, si pasas por La Habana, no oirás risa cubana, porque el son se fue de allá.

Terminó el concierto de Juanes en su Paz sin fronteras. Hoy los cubanos regresaron a su libreta de racionamiento, a sus carencias, a continuar levantando banderitas mecánicamente en los discursos de la revolución y a rememorar una alegría que se fue con el son.

El concierto de Juanes y sus amigos en su intento de llevar Paz sin Fronteras II, a Cuba; fue un tremendo espectáculo, musicalmente hablando. Artísticamente estuvo impecable y políticamente se le pudo sacar una tajada mas allá del gritico cortado de Viva Cuba libre.

El rendimiento político del concierto hubiera sido mayor si la palabra Libertad se hubiese pronunciado sin las reservas del temor, sin las prevenciones dictadas fielmente por los censores oficiales y sin las discreciones que se impusieron los artistas.

Un fuerte grito de Viva Cuba Libre, hubiese permitido darle otro colorido al guion previo y oficial de la actividad. Al final, un Juanes emocionado, entre dientes, dejándose llevar por la emoción exteriorizó quedamente lo que todos esperábamos.

El saldo deudor de su grito de Viva Cuba Libre, hubiese sido cubierto si le hubiera pedido a la muchedumbre marchita que lo acompañara.

Es una lástima que el son se fue de Cuba y con él la alegría. Ustedes saben mejor porque ¿Cuándo se irá el son de Venezuela?