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sábado, 31 de octubre de 2009

CAPITULO – SEDE DE PDVSA – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Abril de 1.976

 

-Lo felicito, mi general, espero que los mismos éxitos de Guayana se trasladen hasta acá. El país requiere que la renta petrolera se oriente hacia la educación en prioridad. La siembra del petróleo, me imagino, en sus manos se va a convertir en una realidad. Venezuela requiere de ciudadanos capaces y educados, sino vamos a andar todavía con el guayuco en el cerebro. El General Olavarría a manera de saludo introductoria le expresó un larga felicitación a su primo, el General Rafael Alfonso Ravard.

 

El General Rafael Alfonso Ravard acababa de ser designado por el Presidente de la Republica como Presidente de la petrolera estatal, que acababa de ser nacionalizada. Venia precedido de una brillante hoja de servicios militares y una impecable gestión de casi veinte años al frente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Era uno de los venezolanos que más hizo por la nación durante la segunda mitad del siglo XX. Una trayectoria gerencial como pocas en el país y una hoja de vida intachable le servían de aval a la personalidad de este visionario del aprovechamiento hidroeléctrico del caudaloso río Caroní, del desarrollo de Guayana y por ende del país. Tuvo una formación como militar e ingeniero en países como Italia, Francia y Venezuela. A comienzos de los años 50, Rafael Alfonso Ravard recibió por parte del Gobierno venezolano, la misión y gran tarea de iniciar en el estado Bolívar un ambicioso proyecto de desarrollo integral. Sus compañeros de trabajo de aquellos años lo recuerdan como ponderado, amable y un gran caballero, apenas tres de las cualidades que lo rodean. Durante sus años en Guayana, quienes le conocieron, sin excepción, guardan los mejores recuerdos del General. Alfonso. Fue un oficial que se graduó con máximos honores.

 

Tenía la visión de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Quería construir una ciudad armónica en Guayana, digna de su gente. La trayectoria del General Rafael Alfonso Ravard incluye, para la década del 50, la Presidencia de la Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní, el Instituto del Hierro y del Acero, la Corporación Venezolana de Fomento (1958) y la Corporación Venezolana de Guayana, a partir de su creación, en 1960 y hasta 1974. Fue, además, fundador de la Compañía Anónima de Electrificación y Fomento Eléctrico (CADAFE) en 1958. Presidió el Consejo Mundial de la Energía en 1954, fecha a partir de la cual, Venezuela, primero a través de la Comisión de Estudios y luego de CVG Edelca, se hizo miembro permanente. En 1968 es promotor principal de la unificación de la Frecuencia Nacional (Cafreca) y de la interconexión del Sistema Eléctrico del país; y en 1969, la siembra de 750 hectáreas de pino caribe, en Uverito al sur del estado Monagas. En síntesis, el General Alfonso Ravard era la materialización de un Gerente formado en las mejores aulas y surgido de las aulas de los valores y principios que se reúnen en un efectivo castrense. El General era la materialización del lema "La Escuela Militar de Venezuela forma hombres dignos y utíles a la patria". Un venezolano surgido de las filas castrenses dando lo mejor de su conocimiento para el engrandecimiento del país. El General Alfonzo era considerado un técnico dentro de la nomenclatura de comando de las Fuerzas Armadas Nacionales, un gerente capaz de manejar cualquier empresa o conglomerado, pero que no calificaba para liderizar alguna de las unidades operativas. Los troperos de las Fuerzas Armadas Nacionales, con un gran contrasentido, lo calificaban como excelente para la Presidencia de la Republica, pero pésimo para el combate y las operaciones.

 

-Dios te oiga y Gracias, José Antonio, yo solo espero que me den el tiempo suficiente para estructurar gestión. Con este gobierno yo no se a que atenerme. Yo puedo trasladar los resultados de mi pasaje por la CVG, solo si tengo el tiempo para hacer gestión en esta industria y me dan la amplitud, la libertad y la autonomía libres de la política, que disfruté por allá. Hubiera preferido quedarme allá y ver concluidas las obras.

-Todo cambio es bueno Rafael. Tienes que darle paso a otra gerencia, de todas maneras ya eso esta bien encaminado y hace falta un verdadero genio de la destrucción para que de al traste el camino, que tu casi terminaste.

-Ese tipo de persona existe, José Antonio. La fabula de la cigarra y la hormiga se edita en estos tiempos de inicios democráticos en Venezuela. Alguien sin escrúpulos y sin algún tipo de luces se montará en mi gestión y la concluirá. Eso espero, pero también puede surgir un político de esos orilleros y por tratar de agarrar una golilla, buscará encaramarse el clientelismo para financiar campañas electorales o engordar una buena cuenta en dólares y todo se vendrá abajo. Sin embargo, soy optimista. El país necesita de gente con calidad y excelencia. El Presidente me esta encargando de esta responsabilidad por mis referencias. El me dice que mis referencias y mi trayectoria como gerente son notables e impecables. Me insistió en la necesidad de hacer de este país un gran equipo de notables, para seleccionar de entre ese grupo los mejores para que se encarguen de las riendas del país. ¿Qué te parece José Antonio, tamaña tarea?

-Eso se logra con conocimiento, pero acuérdate que lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta ¿No te parece Rafael?

-Ese es un refrán que siempre me ha parecido elitésco y clasista y estamos en otros tiempos José Antonio.

-Ojala sea así, Rafael. Ojala y tengamos la ocasión de brindar por tus éxitos al frente de este nuevo cargo, la próxima vez que nos veamos.

-Demás esta decir que estamos a tu orden, dámele saludos a la prima y cariños a los niños.

-Igual, Rafael, salúdame a Corina, estoy esperando un cargo y no se para donde me van a enviar.

-De todas maneras, para donde te envíen rodéate siempre de los mejores, estimula el conocimiento y la formación profesional. Si hay algún sector que necesita modernizarse con el conocimiento, ese es las Fuerzas Armadas Nacionales. Allí existe todo un potencial. ¿No lo crees así, José Antonio?

-Estoy de acuerdo con usted mi general.

-Allí tienes el caso de tu compañero Alférez Mayor e Ingeniero Eléctrico Guillermo Antonini, su llegada a la presidencia de Cadafe no es azarosa, es producto de su potencial como profesional y su trayectoria gerencial. Eso lo hizo la Escuela Militar. Si él pudo llegar hasta donde esta, la Escuela Militar puede sacarlos por oleadas. La clave está en los institutos de formación profesional. De allí hay que sacar puros alfereces mayores. Todos los profesionales egresados de la actual Academia Militar deben ser un número uno cuando salgan a enfrentarse a la vida civil.

-La gerencia moderna nació en la sala de operaciones de un vivac táctico, eso es lo que los troperos aún no han descubierto.

 

Olavarria abordó su carro protocolar y se enrumbo hacía el Country Club, su lugar de residencia. Mientras el automóvil se comía literalmente la autopista del Este, los pensamientos del Coronel se remontaban a Palo Alto, California; donde estaba en ese momento su esposa Lucia, visitando a uno de sus hijos que cursaba estudios de ingenieria fuera del país. Estaba de acuerdo con el general Alfonzo en lo relacionado a la calidad y la excelencia de los profesionales militares que egresaran de la Academia Militar. El instituto se preocupaba por identificar al Numero Uno de cada promoción y todo lo que orbitaba en torno a ese. El resto de los integrantes de una promoción que no calzaban los puntos para graduarse como alférez mayor, alférez auxiliar y dentro de los primeros diez del orden de merito se diluían entre la generalización y la rutina profesional. Solo un accidente institucional o una azarienta circunstancia permitía que alguno del montón promocional se colara y ocupara los primeros puestos. Luego estaba el caso de que la Academia Militar no hacia seguimiento y valoración al egresado. El instituto los graduaba y se desprendía de toda responsabilidad del egresado.

 

Una visión de un compañero de promoción del General Alfonzo, el Teniente en situación de retiro Manuel Raúl Oviedo Rojas le vino a la mente y lo asaltó fugazmente. Este le había comentado la posibilidad de escribir una crónica sobre El Libertador Simón Bolívar, en una suerte de aparición en la Escuela Militar de Venezuela, específicamente en el Gran Hall y frente a las placas de todas las promociones egresadas del Alma Mater, en un turno de servicio, mandando oído y despertando a todos los cadetes y oficiales de planta, ordenando formación contando diez, en el Patio de Ejercicios.

 

La arenga de este Bolívar original, moreno, de pelo ensortijado, bembón y de rasgos aindiados, con poncho, alpargatas y sombrero de paja, era para recriminar su peregrinar kármico en todos los pasillos de los cuarteles y fuertes militares desde el 17 de diciembre de 1.830, porque hasta el momento, ninguno de los integrantes del Ejercito Venezolano, forjador de libertades, había empuñado la espada de la libertad para que cesaran los partidos y se consolidara la unión.

En el sueño de Manuel Raúl, El Libertador le había pegado un plantón durante toda la noche a todos los alfereces mayores de las promociones egresadas del Alma Mater y les había ordenado que tomaran las riendas del país y metieran presos a todos los políticos y militares traidores a la causa de la libertad y de Venezuela. Un eufórico Manuel Raúl, lo había atajado antes de encaminarse hacia la oficina del general Alfonzo para empaparlo de su visión astral y mediumnica.

No consideró conveniente hacerle el comentario a su compañero. Manuel Raúl era un historiador y cronista militar convencido de que Bolívar reencarnaría en cualquier momento, en alguno de los cadetes de la Escuela Militar y permitiría que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, El Libertador, bajara tranquilo al sepulcro. Mañana llamaría a otro gran amigo, historiador, bolivariano, subalterno y Coronel, Jacinto Pérez Arcay para hacerle el comentario y conversar sobre la posibilidad de conseguirle a Manuel Raúl la publicación de su visión.

 

¡Las cosas que se le ocurren a Manuel Raúl!