CLICK HERE FOR BLOGGER TEMPLATES AND MYSPACE LAYOUTS »

sábado, 14 de noviembre de 2009

CAPITULO – SEDE DEL IAEDEN LOS CHORROS – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Mayo de 1.984

La filtración del tema de una de las tesis de grado de la promoción correspondiente al año 1.984 del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IAEDEN) dirigió la atención de la opinión pública, hacia adentro de sus aulas. Los medios de comunicación de la época orientaron su atención hacía la visión y la misión del centro académico activado por disposición del Presidente de la República el 9 de diciembre de 1.970.

La necesidad nacional de hacer estudios e investigaciones en el campo académico, que implementaran y metodizaran los conceptos fundamentales de la seguridad y la defensa nacional, para lograr la oportunidad de profundizar los conocimientos en las variadas y complejas disciplinas de la estrategia general; entendida esta como la participación dinámica e integrada de los campos políticos, económicos, sociales y militares; abrió el camino para que el Doctor Rafael Caldera en su condición de Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, creara una comisión el 1ro. de abril de 1.969 para que le presentara un proyecto para la creación de una Academia de los Altos Estudios de la Estrategia Nacional.

Desde esa ocasión, el doctor Caldera mantuvo una cátedra permanente en el instituto, destinada a abordar la soberanía, la nación, el estado, el ius sanguinis, el ius solis, la nacionalidad y otros temas que complementaran el conocimiento de la nación y su seguridad.

"Elementos de análisis de una teoría de seguridad para la democracia venezolana" fue el trabajo de grado del Coronel Antonio José Varela en el Curso Superior de Seguridad y Defensa numero 13; los medios de comunicación tuvieron acceso a sus interioridades y antes de ser aprobada académicamente ya había opinión formada en el mundo político y académico sobre el planteamiento. Un tema que ya venía trabajándose en otros países latinoamericanos, con obra pública para la discusión de autores militares como el General de Brigada del Ejército de Perú Edgardo Mercado Jarrín y el Coronel del Ejército de Ecuador Alfonso Lituma Arizaga y el Coronel argentino Carlos Martínez; los tres con una vasta bibliografía en asuntos de la relacionados con la seguridad de la nación y referidos abiertamente en las cátedras del instituto.

Con el atractivo de la tesis del Coronel Varela, ese año las exposiciones de los trabajos de los oficiales alumnos en el IAEDEN se convirtieron en un gancho a la opinión pública por la vía de los medios de comunicación social. José Vicente Rangel, Luis Esteban Rey, Germán Lairet, Pompeyo Márquez y otras personalidades de la vida nacional llamaron la atención sobre el tema en diversos foros activados. Las bibliografías que recogieron polémicas similares del año 1.976 se reactivaron y fueron motivo de consulta en las cátedras del IAEDEN. El voto militar y la participación de los militares en la política fueron temas que se desempolvaron y agarraron vigencia.

El tema de la seguridad nacional fue asociado inevitablemente al de la Doctrina de la Seguridad Nacional que arrastró los golpes de estado en varios países del Cono Sur como Paraguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Uruguay. De allí a tratar de establecer una vinculación con el caso venezolano fue un solo paso.

Un año había transcurrido desde el viernes negro. Los aprietos económicos de los venezolanos se empezaban a sentir en las limitaciones para viajar al exterior, en la adquisición de los artículos de la cesta básica y en la disposición de los dólares para el tabaratismo de Miami.

Los colombianos habían empezado a reactivar el tema del diferendo, convenientemente dejado de lado por el gobierno del presidente Herrera en el año 1.980, por la ola levantada durante la exposición en la Academia Militar de Venezuela de la Hipótesis de Caraballeda. El ruido de sables empezó a filtrarse hacia la sociedad desde los cuarteles.

La gestión del Doctor Luis Herrera Campins, el último Presidente de la República postulado por el partido Copei había entrado en el franco declive del último año de ejercicio y eso había afectado la campaña electoral del doctor Caldera frente al candidato adeco Jaime Lusinchi. En ese momento las críticas por aumentar la deuda y el costo de la vida de los venezolanos eran una bandera de la campaña electoral que se desarrolló. Eso, y los tropiezos de su gobierno durante la conocida reunión con los oficiales de la Guarnición Militar de Caracas el 28 de octubre de 1.980 para exponer la Hipótesis de Caraballeda le reflejó hacia la institución armada una imagen negativa al Comandante en Jefe y erosionó sobremanera su ascendiente ante la oficialidad.

Los militares eran una institución particularmente sensible en los asuntos de la soberanía, la defensa de la institucionalidad militar y de la custodia de la integridad territorial.

La institución armada tenía una experiencia corporativa desagradable con gobiernos socialcristianos. Los incidentes ocurridos con el General de División (Ej.) Martin García Villasmil en el Ministerio de la Defensa y el General de División (Ej.) Pablo Antonio Flores Álvarez en la Comandancia General del Ejército, durante la presidencia del doctor Caldera aún se mantenían vivos.

Los casos de los Generales Martín García Villasmil y Pablo Flores Álvarez quienes entablaron públicos conflictos con el Comandante en Jefe fueron emblemáticos. El primero por emitir opiniones contrarias al Presidente y el segundo porque se declaró en rebelión. En ambos casos las posiciones asumidas fueron consecuencia del desacuerdo que cada uno expresaba con respecto a la intromisión de los políticos en cuestiones estrictamente militares, práctica que en años posteriores se convertirá en ley.

Las Fuerzas Armadas Nacionales se sentían más cómodas en la relación institucional con los gobiernos adecos. La yunta con Acción Democrática en el golpe de estado del 18 de octubre de 1.945, la afiliación en el combate a la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez y el combate a la violencia de la extrema izquierda en los duros años de los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni en los inicios de la democracia; generaron en las Fuerzas Armadas Nacionales una identidad corporativa de naturaleza democrática con el partido Acción Democrática.

No fue así con el gobierno del Presidente Rafael Caldera. La política de pacificación del país, abrió el camino para que los enemigos de la democracia de los primeros años, se reinsertaran en la sociedad y por la vía pacifica se manejaran en alternativas políticas. El camino de las armas y de la insurrección se estaba empezando a sellar; pero en los cuarteles aún se respiraba el dolor de los muertos caídos en las arteras emboscadas de la guerrilla, los quejidos de los heridos en los asaltos subversivos aún campaneaban en los oídos de los oficiales, las heridas de guerra de los combates todavía laceraban en el alma de los tenientes, capitanes y mayores.

La artera emboscada del tren El Encanto mantenía vivo el espíritu de cuerpo en la Guardia Nacional, los asaltos traicioneros a unidades de transporte del Ejército en Los Humocaros en el estado Lara, en la Sierra de San Luis en el estado Falcón y en el oriente del país con los oficiales y soldados muertos arrastraban una enorme carga conmovedora dentro de esas fuerzas. Las cuotas de la Armada y la Aviación en las bajas tenían una significativa incidencia hacia los profesionales, las tropas y el personal civil. La política de pacificación no se le vendió política ni organizacionalmente a la institución armada.

Con ese dolor vivo y el recuerdo de los caídos en el alma y el corazón de los militares; la política de pacificación del Presidente Caldera no llegó más allá del roble y del samán del Monumento a los caídos en el Campo del Honor, del patio del ejercicios de la Academia Militar de Venezuela.

Mientras la política de pacificación del Presidente Caldera tendía la mano cordial de la republica a los alzados en armas, las unidades de cazadores recorrían toda la geografía de Venezuela, cumpliendo su misión constitucional y ofreciendo su cuota de bajas.

El ultimo Teatro de Operaciones fue desactivado en el año 1.974, a pesar de ello aún se mantenían algunos focos subversivos, especialmente en la región oriental del país.

La política de pacificación dentro de la institución armada, no fue completamente asimilada por los jefes militares y comandantes de unidades. La doctrina, la organización y el equipamiento de las unidades antisubversivas se mantenían con la línea del combate vivo y el campo de batalla en caliente.

La posición institucional y desprendida del General de División (Ej.) Arnaldo Castro Hurtado, quien solicitó su pase a la situación de retiro en mayo de 1.979, estando en funciones en la Comandancia General del Ejército, por los desacuerdos con la política de pacificación del Presidente Herrera, dirigida hacia un grupo de guerrilleros recluidos en el Cuartel San Carlos, fue otro incidente que levantó el espíritu de cuerpo y la solidaridad institucional aguas adentro.

El envío de asesores militares a El Salvador durante los primeros años de la década del 80, a fin de contribuir en el entrenamiento de combate de las tropas del ejército salvadoreño, generó una "Elite Militar" dentro del Ejército. Algunos de los jefes militares que alentaron la posibilidad de una insurrección militar posteriormente, estuvieron de comisión por esos parajes.

Entre 1.981 y 1.982 se desarrolló un hecho político militar en el régimen sandinista de Nicaragua que a través de "un complot fallido organizado en la Embajada de Venezuela en Managua". Con participación de la Agregaduría Militar "se atentó contra el gobierno", este hecho fue ampliamente difundido por la prensa nacional, especialmente el Diario de Caracas que obtuvo información privilegiada y confidencial. Los oficiales del Ejército adscritos a esa misión fueron retornados al país de una manera misteriosa. Curiosamente, uno de los asesores de esa ocasión lo fue el General de Brigada José Luis Prieto de triste recordatorio en su paso por el Ministerio de la Defensa, durante la Revolución Bolivariana.

El año anterior se había conmemorado en el país el Bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar. Los institutos de formación militar, en honor a este hecho habían bautizado todas las promociones egresadas de la Academia Militar de Venezuela, de la Escuela Naval de Venezuela, de la Escuela de Aviación Militar y de la Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación con la distinción de este magnifico fausto conmemorativo.

Desde el año 1.981 se había desarrollado en las Fuerzas Armadas Nacionales un bolivarianismo exacerbado. Especialmente en el Ejército, el culto a Simón Bolívar se llevó a límites extremos. Se activaron los Centros Bolivarianos, se hacían competencias de obras de teatro a nivel de compañías, batallones, brigadas y divisiones. Después del saludo de los oficiales en las formaciones de lista y parte, en la lectura de la orden del día se incluía un pensamiento de Simón Bolívar que demandaba una respuesta automática de "¡Padre de cinco naciones!"

Los cinco años de gobierno del doctor Herrera Campins fueron de un activismo militar distintos. Las adquisiciones de los sistemas de armas con tecnología punta como los F-16 en 1.982, las fragatas clase Lupo italianas construidas por la Cantieri Navali Riuniti la y la llegada del sistema de lanzacohetes múltiples IMI LAR de artillería autopropulsada de 160 mm, obviamente le proporcionaron ventajas a Venezuela en el equilibrio estratégico con Colombia. El proceso de adquisiciones militares de esa oportunidad, generó graves denuncias de corrupción que incidieron en la moral institucional de aquel entonces.

El doctor Herrera finalizó su mandato con un bajo nivel de popularidad lo cual llevó a los adecos nuevamente al poder. Jaime Lusinchi derrotó abrumadoramente al doctor Caldera en las elecciones de diciembre de 1.983 y gobernó para el período 1984-89.

Con ese ambiente político y militar de fondo el Doctor Rafael Caldera hizo su entrada a la sede del IAEDEN en la antesala de la Urbanización Los Chorros para su acostumbrada conferencia. El Curso Superior de la Defensa Nacional número 13 ya estaba en el auditorio.

En el recibidor del instituto estaba de uniforme beige impecable el director de la institución, el General de División del Ejército José Antonio Olavarría Jiménez acompañado del sub Director el Contralmirante Mario Chacón Arellano. Era finales de mayo de 1.984.

Las dos horas de conferencia del Doctor Caldera se remitieron a abordar de una manera impecable el concepto de la nación, el estado, la republica, el concepto de la nacionalidad determinantemente explicado con las asociaciones al ius sanguinis y el ius solis; con esos criterios suficientemente desarrollados, el ex presidente entró de lleno a complementar el criterio de la nación-estado y la vigencia del estado de derecho en Venezuela.

Fueron ciento veinte minutos en los que la dirección, el decanato, la facultad y los 67 miembros del Curso Superior de Defensa Nacional número 13 siguiendo con la atención que exigía, un conferencista de tanta solvencia académica e intelectual; se adentraron en la densidad de los conceptos originarios de Venezuela como nación, como estado y como república.

Después de la conferencia, era normal la socialización y el intercambio de la planta del instituto con el ilustre conferencista. En un aparte de los amplios pasillos de la quinta Marifini de la calle Cachimbo de Los Chorros el general Olavarría compartía con el ex presidente Caldera sobre algunas interioridades institucionales.

.- Estamos tratando de seguir la línea de traer al instituto los oficiales cursantes con el mayor potencial dentro de la organización. No estamos formando una elite, pero creemos que dentro de la oficialidad, los mejores ubicados en el orden de mérito, deben de venir al instituto, señor presidente.

.- Ojalá que esa misma línea se cumpla con el perfil de los ciudadanos que comparten con los oficiales. Es una manera perfecta de que haya una simbiosis entre el elemento militar y el civil, para la identificación de los problemas de seguridad y defensa nacionales.

.- ¡Por supuesto, señor presidente! Desde el Iaeden deben surgir los líderes del país, que reclama una coyuntura como la actual. En las aulas del instituto se deben formar las figuras más notables del campo civil y militar.

.- Lo peligroso de formar notables, general, es cuando esas inteligencias se ponen al servicio de otros intereses distintos y ajenos al interés de la democracia y la nacionalidad. Recuerde lo que dijo el Libertador Simón Bolívar, el talento sin probidad es un azote.

.- En el campo militar estamos formando líderes para el futuro, presidente. Lideres para la democracia y la libertad con sujeción al poder civil. El Plan Andrés Bello que está vigente en los institutos de formación militar contempla la formación de líderes para el estado de derecho. El objetivo es formar militares para la democracia, lideres notables y con competencias. De este grupo de coroneles y capitanes de navío deben salir los directores de los institutos de formación profesional. Queremos que oficiales notables formen a oficiales notables. Solo la excelencia forma excelencias, presidente. Sin el ánimo de generar una elite en las fuerzas armadas nacionales – que no es malo – la intención radica en producir militares notables en su campo profesional y una vez retirados que se integren a la vida civil con el mismo margen de notables. El caso del General Rafael Alfonzo Ravard es significativo.

.- Es una teoría bien interesante que puede tener resultados interesantes. De todas formas, general, mucho cuidado con los notables. A veces las ambiciones políticas, pueden sobreponerse a los principios y a los valores democráticos. Tenga cuidado con esos notables, general.

.- En todo caso, presidente, parte de estas líneas gruesas han sido ampliamente desarrolladas al senador Aguilar, yo sugiero que me permita abundárselas en una futura oportunidad.

La conversación del ex presidente Caldera y el general Olavarría fue interrumpida por el Contralmirante subdirector y una delegación de oficiales y civiles cursantes cuidadosamente seleccionada durante todo el año de gestión, entre los cuales estaban el Coronel (Av.) Juan Tadeo Arraiz González, Coronel (GN) Luis Natividad Rivero Sibila, Capitán de Navío (ARV) Germán Gustavo Rodríguez Citraro, Coronel (Ej.) Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, Coronel (Ej.) Carlos Julio Peñaloza Zambrano, Coronel (Ej.) Carlos Rodolfo Santiago Ramírez, Coronel (Ej.) Juan Antonio Torres Serrano, Coronel (Av.) Eduardo Adeleno Mola Jiménez, Economista Julio Brillembourg Bravo y el Doctor Rubén Eduardo Creixems Savignon. Venían a entregarle al brillante conferencista el recuerdo institucional que se acostumbra para esas ocasiones, luego de lo cuál se reanudo la conversación con la participación de todos.

Del grupo de cursantes militares el Doctor Caldera recordaba conocer al Coronel Santiago Ramírez y el Coronel Santeliz Ruiz de los días previos a su campaña electoral del año 1.968. Pedro Pablo Aguilar se los había presentado en su casa en una reunión para pulsar la actitud de las Fuerzas Armadas Nacionales sobre el reconocimiento de su eventual triunfo electoral. Un grupo de tenientes y capitanes del viejo Cuartel Urdaneta estuvieron presentes en esa reunión.

El Coronel Santeliz, el Coronel Santiago y el Doctor Creixems conversaron animadamente con el doctor Caldera, en un aparte que convenientemente dispuso el general Olavarría dentro de la reunión.

Ese grupo de civiles y militares, constituía una elite de cursantes escrupulosamente evaluada desde la dirección del instituto y conscientemente monitoreada desde el punto de vista militar y político. Se trataba de profesionales con altas calificaciones en sus sectores de origen, con proyecciones y perspectivas claramente definidas en sus respectivas organizaciones.

Los militares cursantes se encarnaban en los futuros comandantes de sus fuerzas y ministros. Los civiles cursantes se constituían en la plataforma para canalizar convenientemente ante el poder político futuro, la materialización de esas designaciones ante un potencial Comandante en Jefe. Las demás maniobras se desenvolverían con el desarrollo de la situación.

Ya el doctor Caldera había deslizado la posibilidad de continuar en la carrera presidencial. La aplastante derrota ante Jaime Lusinchi en diciembre de 1.983 lo colocaba en la cuesta de batirse internamente dentro de su partido para optar a una nueva candidatura para ello debía batirse contra sus delfines politicos. La grave crisis política del país y el declive del bipartidismo, lo obligaba a mirar hacia otras alternativas políticas y otras opciones organizacionales distintas a su partido, que soportaran una nueva postulación suya. Uno de los apoyos que debía amarrar institucionalmente, era el correspondiente a las Fuerzas Armadas Nacionales.

El Presidente Caldera sabía del remanente negativo de la política de pacificación aguas adentro de las Fuerzas Armadas Nacionales. Tendría que remar contra la corriente de las opiniones adversas de las generaciones de capitanes y tenientes de su gobierno, ahora como coroneles y generales. Un buen alabardero en esa tarea lo podía encarnar Pedro Pablo. Su experiencia en la antesala de la Comisión de Defensa del Senado, lo hacía un verdadero General en Jefe. Las pasiones de los militares se encausan hacia la razón cuando ponen a replegarse los escrúpulos por el sol del generalato y almirantazgo. En la batalla por los ascensos, las primeras bajas son los principios y los valores.

El objetivo de superar los incidentes del General Pablo Flores, del General Martin García Villasmil, del General Castro Hurtado, de la Hipótesis de Caraballeda y la intervención militar en Centroamérica, durante gobiernos socialcristianos eran atribuibles a la figura emblemática del socialcristianismo en Venezuela y Rafael Caldera era el hombre del socialcristianismo. Era la hora de tender puentes hacia los uniformados, un buen ingeniero a la hora de construir los puentes hacia ese sector lo podía encarnar Pedro Pablo; su paso por la Comisión de Defensa del Senado de la Republica le daba cierta autoridad y suficientes caminos expeditos hacia Fuerte Tiuna.

Al finalizar el Curso Superior de la Defensa Nacional número 13, el nuevo General de Brigada del Ejército, Carlos Julio Peñaloza Zambrano fue a recibir la dirección de la Academia Militar de Venezuela. El Plan Andrés Bello en su revisión del año 1.981 bajo la gestión del entonces general Olavarría, tenía garantizada la continuidad en el proceso de ir más allá de formar "…hombres dignos y útiles a la patria". La nueva meta era de formar número uno en todas las promociones, los Renny Ottolina de uniforme; la ubicación del general Peñaloza en la dirección de la Academia Militar de Venezuela se abonaba en la realidad de continuar modelando por la vía del liderazgo situacional, a los dirigentes militares del nuevo milenio.

En junio de ese mismo año, después de entregar la Dirección del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, el General de División José Antonio Olavarría Jiménez fue designado Comandante General del Ejército.

Ya los anclajes para el mundo político estaban lanzados. Acción Democrática y Copei en su realidad del bipartidismo que estaba controlando el país, tenían sus días contados. Solo había que construir el mecanismo para cercarlos y aniquilarlos en la raíz. La mirada se puso en el soporte conceptual que le daba oxigeno político a la relación entre ambas organizaciones.

El Pacto de Punto Fijo se convirtió en el Centro de Gravedad a neutralizar en el plan de campaña diseñado para alcanzar el poder. Se necesitaba colocar dentro de la estructura de esa relación, una figura política con la suficiente autoridad y el peso especifico, que permeara hacia todos los sectores. El perfil atendía mas a una suerte de Saturno que devorara a su hijo político y la única figura viva de los signatarios originales y con la suficiente ambición de poder para devorar el Pacto de Punto Fijo era el Doctor Rafael Caldera.

El 10 de agosto de 1990 un grupo de Notables Venezolanos publicó una carta dirigida "Al ciudadano Carlos Andrés Pérez, Presidente de la República; a los ciudadanos senadores y diputados al Congreso Nacional; a los partidos políticos representados en el Congreso". En ella afirmaban, entre otras cosas que "Venezuela atraviesa una difícil y peligrosa situación política, económica y social. Los mecanismos y las orientaciones por medio de las cuales se ha desarrollado la acción de Estado y la vida nacional en todas sus manifestaciones, por lo menos desde 1958, ya no corresponden ni a las necesidades de desarrollo económico y social, ni a la realidad económica y política del país, ni mucho menos, a las líneas y objetivos fundamentales de la gran reorientación política y económica que, de manera tan poderosa, está ocurriendo en el mundo de hoy." Entre los firmantes de esa histórica carta estaban entre otros Arturo Luis Berti, Alfredo Boulton, Miguel Ángel Burelli Rivas, María Teresa Castillo, Jacinto Convit, Tulio Chiossone, José Román Duque Sánchez, Arnoldo Gabaldón, Ignacio Iribarren, Eloy Lares Martínez, Ernesto Mayz Vallenilla, Domingo F. Maza Zavala, José Melich Orsini, Hernán Méndez Castellanos, Pastor Oropeza, Pedro A. Palma, Rafael Pizani, Carlos Guillermo Rangel, José Vicente Rangel, Rafael Alfonzo Ravard, Elías Rodríguez Azpúrua, Isbelia Sequera Segnini, José Santos Urriola, Arturo Uslar Pietri, Martín Vegas.

Notables a nivel político en la república, notables a nivel estratégico militar dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales y notables a nivel táctico operativo dentro de las unidades y reparticiones militares; solo faltaba ubicar un concepto que sirviera de elemento nucleador y de eje alrededor del cuál no hubiera desacuerdos ni disidencias retoricas.

¡Simón Bolívar cumplió con ese objetivo!