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miércoles, 18 de noviembre de 2009

UN CUENTO CHINO – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Junio de 1.989

Como "un cuento chino" calificó el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el doctor Jaime Lusinchi, el resultado de las investigaciones conducidas para establecer las interioridades de la salida de un escuadrón de tanques Dragón - 300 el 26 de octubre de 1.988, desde su sede en Fuerte Tiuna hasta la esquina de Carmelitas en el Ministerio de Relaciones Interiores, con la justificación de ir a proporcionar seguridad al Presidente encargado de la República, el doctor Simón Alberto Consalvi.

Tampoco el candidato presidencial de Acción Democrática, el señor Carlos Andrés Pérez, quedó convencido del resultado de las pesquisas y se prometió investigar posteriormente del hecho. El punto es que las explicaciones que dieron los altos jefes militares y los organismos responsables de conducir las investigaciones no generaron confianza. A pesar de ello y de limitar la culpa en el Mayor segundo comandante del Batallón de Tanques Ayala y otras decisiones de naturaleza administrativa en la unidad táctica, la investigación no se profundizó. Todo quedó en simples conjeturas que en definitiva, al final, lograron un cometido posterior.

La lógica institucional indicaba que en julio de 1.989 el ministro de la defensa natural, lo sería el General de División del Ejército José María Troconis Peraza. Nada indicaba lo contrario ni colocaba algún margen de desviación para que el nuevo Presidente de la República resultante de las elecciones del mes de diciembre de 1.988 entre los dos aspirantes más fuertes; el Señor Carlos Andrés Pérez, ex presidente de la república por Acción Democrática y el doctor Eduardo Fernández del partido Copei, quien venía de derrotar en una elección interna al doctor Rafael Caldera en su propia organización política; tomara una decisión distinta para reemplazar al General de División del Ejército Italo del Valle Alliegro, quien pasaba a la situación de retiro por tiempo de servicio cumplido.

El General Troconis era un general victorioso, además de sus propias condiciones personales venía precedido de una experiencia profesional única, que le exteriorizaba una autoridad indiscutible dentro del Ejército, las otras fuerzas hermanas y en el mundo político. Era un oficial que había reforzado su propia trayectoria profesional con su desenvolvimiento impecable al frente del Teatro de Operaciones del Occidente, durante la crisis de la Corbeta colombiana ARC Caldas en los días comprendidos entre el 9 y el 18 de agosto de 1.987.

Fueron nueve días de la más severa crisis militar entre ambos países, desde los días de los Camberra en los islotes de Los Monjes durante la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Siendo Jefe del Grupo de Planificación Operacional (GPO) el General de División Esteban Custodio Rojas Guitian y habiendo entregando recientemente ese cargo el también General de División Peñaloza Zambrano quien estaba apenas recibiendo funciones en la Quinta División de Infantería de Selva y el natural Comandante de esa operación; el Presidente Lusinchi en su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales los obvió a ambos y designó al Inspector General del Ejército, para que asumiera la responsabilidad de movilizar al componente armado criollo para activar la Hipótesis Verde.

El General de División Troconis Peraza asumió como Comandante del Teatro de Operaciones del Occidente y el General de División Rojas Guitian como su Jefe del Estado Mayor Conjunto. Ambos infantes, docentes de las escuelas de armas y servicios en materias militares como Operaciones, Inteligencia, Apreciación de la Situación, Estado Mayor y con una experiencia sobremanera en el comando de tropas.

Mas allá de las suposiciones establecidas en la planificación del documento de referencia en cuestión – El Plan de Operaciones Páez – la incursión del navío colombiano era una abierta provocación a Venezuela y configuraba un casus belli. La nación estaba obligada a exteriorizar una respuesta en sintonía con la agresión militar colombiana.

La coyuntura obligaba a entregar la responsabilidad de la planificación y la conducción de las operaciones militares en el Teatro de Operaciones del Occidente a un comandante de tropas con la suficiente solvencia profesional y una trayectoria de autoridad que se impusiera hacia las fuerzas hermanas en la secuencia de las acciones del Comandante y su Estado Mayor y sobre todo, en la toma de decisiones. El jefe de la coyuntura era el general Troconis. La decisión del Comandante en Jefe fue impecable en la designación.

Los nueve días de la incursión de la ARC Caldas en el Golfo de Venezuela permitieron al componente armado justificar el rearme convencional que se había desarrollado desde la desactivación de la Hipótesis subversiva con la política de pacificación, para atender en prioridad al elemento de presión de que se había mantenido latente desde la Hipótesis de Caraballeda en el año 1.987.

Tanques, fragatas y aviones supersónicos, unas Fuerzas Armadas Nacionales nucleadas en torno al cumplimiento de su misión constitucional y una excelente conducción militar de los venezolanos durante la crisis, obligaron al Presidente colombiano Virgilio Barco el día lunes 17 de agosto de 1.997 a las 23:45 horas a dirigirse a la nación en un mensaje grabado.

"Compatriotas:

Los gobiernos de Colombia y Venezuela han recibido fervientes exhortaciones del Secretario General de la Organización de Estados Americanos Joao Baena Soarez y del Presidente de Argentina Raúl Alfonsin, a fin de que ambos países adopten medidas para aliviar la tensión existente entre Colombia y Venezuela. Atendiendo a los llamados urgentes formulados por el Secretario General de la OEA y del Presidente de la Republica Argentina, el Gobierno de Colombia, fiel a los principios de la solución pacifica de las controversias, y consecuente con su tradicional voluntad latinoamericana, ha ordenado las medidas pertinentes para contribuir a la normalización de la situación creada y confía en que el gobierno venezolano hará lo propio. El gobierno colombiano debe reiterar, como lo ha hecho en mensaje entregado al embajador de Venezuela en Bogotá, su posición respecto a los derechos que le asisten el Golfo de Venezuela.

Muchas gracias"

Una hora más tarde, ya estábamos en la madrugada del 18 de agosto, la corbeta colombianas ARC "Independiente " que había relevado en la tarea de provocación a la ARC "Caldas" se desplazaba aguas arriba hacia el norte, fuera del mar territorial venezolano. Mientras eso ocurría, todas las unidades venezolanas de tierra, mar y aire movilizadas para enfrentar la crisis, continuaban en alerta máxima, dispuestas a cumplir con sus responsabilidades institucionales.

Ese mismo día a las 21:30, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales se dirigió al país en cadena de radio y televisión, a todos los venezolanos, el Presidente Lusinchi dijo entre otras cosas:

"Como bien sabe el pueblo venezolano, durante los últimos días hemos vivido una situación de serias tensiones, como consecuencia del incidente que ha tenido lugar en el Golfo de Venezuela.

Una Unidad de la Marina de Guerra de Colombia penetró en el territorio marítimo de Venezuela e intentó ejercer actos de autoridad en el mismo, desatendiendo las invitaciones que le hicieran nuestras unidades navales para que saliera del área.

La incursión de la nave colombiana se produjo en un área sobre la cual Venezuela tiene títulos jurídicos e históricos irrefutables, y sobre la cual hemos ejercido efectiva y plenamente soberanía desde tiempos inmemoriales. Una zona sobre la cual la Armada venezolana ha venido realizando un patrullaje sistemático y permanente, manteniendo nuestro control electivo y garantizando nuestra seguridad.

La actitud del gobierno venezolano ante esta situación ha sido la que inequívocamente han asumido nuestros gobiernos democráticos: firmeza inquebrantable en la defensa de la soberanía e integridad territorial del país y de los derechos e intereses vitales de la República. Al mismo tiempo, prudencia y ponderación en el tratamiento del incidente para no caer en provocaciones y evitar que la legítima reacción venezolana produjera hechos irreparables.

Rechazamos acciones y actitudes que pongan en peligro la paz y que no pueden sino comprometer, por largo tiempo, el conjunto de las relaciones entre dos países con muchos intereses comunes, como Venezuela y Colombia. Puedo informar que, afortunadamente, en las últimas horas la nave incursora colombiana que aún permanecía en nuestro territorio marítimo, lo ha abandonado. Es una decisión prudente."

El discurso del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales manifestaba una gran resolución cívica, un alto nivel de compromiso con su responsabilidad histórica y tenía el respaldo institucional de todos los sectores del país. La institución armada estaba nucleada en torno a las decisiones del Alto Mando Militar y sus compañeros de armas destacados en las unidades desplegadas para enfrentar la hipótesis de conflicto. La figura del Presidente Lusinchi como Comandante en Jefe trascendió mas allá de la política domestica y le generó en todos los cuadros de la organización militar, un gran respeto institucional y una autoridad moral.

Mientras las unidades militares venezolanas iniciaban el repliegue a sus asientos de guarnición, la carrera profesional del General de División José María Troconis Peraza, iniciaba una segura marcha de aproximación hacia los más altos cargos dentro de la estructura organizacional.

Nada había en el horizonte, que pudiera detener el retorno victorioso de un general desde el campo de batalla. El mes de junio de 1.988 recibió el más alto cargo de comando en su fuerza de origen y su compañero de promoción el también General de División Juan José Bastardo Velásquez lo acompañaría en la Inspectoría General del Ejército y Segundo Comandante. Si la proyección institucional no fallaba, el próximo año el General Italo Alliegro pasaría al retiro y el General Troconis Peraza lo remplazaría en el Ministerio de la Defensa; y a este lo sucedería el General Bastardo Velásquez.

Entre Alliegro y Troconis era preferible sentar en el Quinto Piso del Ministerio de la Defensa al Héroe de la Caldas y el Golfo de Venezuela.

Los almuerzos dominicales del General Alliegro con el patriarca de Acción Democrática, el doctor Gonzalo Barrios se quedaron fríos. El bastón de mando de Fuerte Tiuna aguardaba sin prisa, al Jefe del Ejército.

Era la lógica corporativa… hasta que ocurrió la noche de los tanques.

El 26 de octubre de 1.988 a las 7 de la noche un escuadrón de tanques Dragón - 300 salió desde la sede de la unidad con una misión aparente; proporcionarle seguridad al Doctor Simón Alberto Consalvi, Ministro de Relaciones Interiores y Presidente encargado de la República. El doctor Lusinchi se encontraba de gira en el exterior y el Comandante General del Ejército también estaba fuera del país. Curiosamente, el Primer Comandante del Batallón de Tanques estaba también ausente de la ciudad de Caracas.

La unidad fue dividida en dos columnas para cumplir la misión, que fue recibida telefónicamente, por el Mayor José Domingo Soler Zambrano, aparentemente del Inspector General y Segundo Comandante del Ejército, el General de División Juan José Bastardo Velásquez.

Una columna salió directamente hacia la residencia presidencial La Viñeta, en inmediaciones del Circulo Militar, comandada por el Mayor Soler y con el Capitán Eufrasio Sisiruca Chirinos. La otra al mando del Capitán José Manuel Echeverría Márquez salió vía alcabala numero 3 de Fuerte Tiuna, tomó la autopista Caracas-La Guaira, cruzó los túneles El Cementerio y El Paraíso hasta desembocar en la Avenida Sucre, desde donde se encaminó a la Avenida Urdaneta a la altura de la esquina de Carmelitas donde emplazó tácticamente sus unidades para cubrir en la tarea de seguridad al Ministerio de Relaciones Interiores. Un asombrado doctor Consalvi recibió por la vía del edecán de guardia la noticia de la presencia sorpresiva de los tanques.

Desde la misma sede del ministerio, el Presidente encargado llamó a un no menos sorprendido Ministro de la Defensa, quien de inmediato tomó las decisiones para replegar las unidades de tanques hacia Fuerte Tiuna, la detención del Mayor Soler y los capitanes Sisiruca y Echeverría en el Regimiento de Policía Militar y el inicio de las averiguaciones correspondientes.

Las investigaciones formales de este hecho irregular fueron conducidas inicialmente por la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) bajo la responsabilidad del Vicealmirante Germán Gustavo Rodríguez Citraro, quien ya había recibido instrucciones del doctor Consalvi en una reunión que se realizó con el Alto Mando Militar en la residencia presidencial de La Viñeta. El Presidente de la Republica, el Doctor Jaime Lusinchi tenía un resumen bien apresurado de los acontecimientos de esa tarde. Carlos Andrés Pérez, en plena campaña electoral, también recibe una información bien escueta del General Herminio Fuenmayor. Dos horas de información recogida de manera apresurada, no imponía ninguna conclusión seria de esos acontecimientos.

Un día de encargados en las más altas responsabilidades operativas de la república, pone a activar un engranaje bien peligroso, que aún; veinte años después no tuvo una conclusión oficial en las investigaciones. El doctor Consalvi estaba encargado de la presidencia de la república, el más alto cargo militar del país – Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales -no es delegable en su autoridad; el Comandante General del Ejercito estaba en comisión del servicio fuera del país y estaba encargado del Ejército, el General Bastardo Velásquez; el primer comandante del Batallón Ayala Teniente Coronel Pablo Querales Rivero estaba en el interior de la república, y estaba encargado del batallón el Mayor Soler Zambrano.

La Republica, el Ejército y el Batallón de Tanques Ayala tenían encargados al frente de sus responsabilidades. Las ausencias en los titulares del poder político del país, del poder militar del país y del poder de fuego del Ejército en Caracas fueron coincidencias extremas, que sumadas a una conspiración bien enhebrada y sobremanera articulada, valía la pena hacer un intento notable.

El edificio sede de la Comandancia General del Ejército, es una construcción moderna en obra limpia de seis plantas. El último piso mas la mezanina hacen de su dispositivo administrativo, una eficiente red de emisión de disposiciones interinstitucional. La cercanía con el edificio sede del Ministerio de la Defensa le da un valor agregado en el sistema de coordinaciones con las oficinas administrativas del Fuerte Tiuna y las unidades operativas asentadas, que corresponden a la Guarnición Militar de Caracas. La unidad de mando operativo surgía desde la sede del Comando General del Ejército y hacía a su titular, el jefe militar más poderoso del país.

Fuerte Tiuna es el Centro de Gravedad de Caracas y siendo esta, la sede del poder político; es esta instalación militar el centro de gravedad del país. De la misma manera, siendo el Batallón de Tanques Ayala, la unidad militar con el mayor poder de fuego y la más alta capacidad de movilización en el Fuerte; era esta unidad, el eje alrededor del cual orbitaba todo género de decisiones para influir política y militarmente en la capital de la republica. Lo sigue siendo.

Un buen plan más allá de lo que se evidenció en las informaciones que se filtraron a la opinión pública, hubiera desembocado en la detención del doctor Consalvi, la neutralización de los puntos críticos más importantes de la capital y la ocupación de varios medios de comunicación social. Lo demás era para desarrollar la situación y mantener informado al comando de la operación. El poder político del país se hubiera alcanzado sin disparar un solo tiro y hubiera dejado en el sitio a todo el liderazgo de la nación. La misma asepsia operacional, la sorpresa en la movilización, los resultados operativos y la incertidumbre de los involucrados en todos los niveles; señalaba bastante margen para la duda. Todo indicó en el tiempo, que ese no era el objetivo inmediato de la movilización blindada con los tanques Dragón - 300 en esa noche de octubre.

La misión de desplazar un escuadrón de tanques, ese 26 de octubre de 1.988 se cumplió al cien por ciento. En términos de la relación de los costos y los beneficios, el efecto de la demostración se apegó al concepto operacional y a los resultados esperados. Apenas una baja fuera de combate; el Mayor José Domingo Soler Zambrano fue sometido a la jurisdicción de la justicia militar, estuvo encarcelado varios meses y al final fue pasado a la situación de retiro. Un precio aceptable, si tomamos en consideración los objetivos políticos y militares de naturaleza estratégica que derivaron en el tiempo, del paseo de dos horas de los vehículos Dragón - 300.

¿Paris bien vale una misa?

Los medios de comunicación recogieron tímidamente la movilización de tanques apenas el 28 de octubre. El diario vespertino El Mundo de la Cadena Capriles, lo recogió en su portada en un taco pequeño y resumido. A la información se le había dado un tratamiento exageradamente confidencial.

El primer interrogatorio al Mayor Soler Zambrano lo hace el jefe de la DIM con la presencia del General de División Manuel Heinz Azpurua, Jefe del Comando Estratégico del Ejército; el General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, Jefe del Estado Mayor General del Ejército; el General de Brigada Herminio Fuenmayor Pereira, Agregado Militar de Venezuela en Bélgica; el General de Brigada Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, Director de Planificación y Presupuesto del Ministerio de la Defensa y el Coronel Humberto Castillo Oliveros, Comandante del Regimiento de Policía Militar.

Eso que llaman la preservación de la escena del crimen y la no contaminación del indiciado en la técnica policial de interrogatorios, se lo llevaron por delante la presencia de tantos jefes militares en la primera información que aportó el Mayor Soler.

Unas conclusiones surgidas de la manera más atropellada, de la información aportada por un asustado mayor de blindados frente a tantos generales que quisieron ser testigos de primera mano de la declaración; que quiso cumplir con su deber de la manera más eficiente posible, para preservar la seguridad del presidente de la república y se consigue de pronto que está en el medio de una conspiración que va mas allá la misión encomendada; es obvio que daba base para montar una deducción cercana a la tramoya. La calificación inicial de "cuento chino" que le atribuyó el Presidente Lusinchi estaba justificada.

El jueves 27 de octubre se realizó en el Ministerio de la Defensa una Junta Superior de las Fuerzas Armadas Nacionales, a menos de 24 horas de la movilización, el Vicealmirante Rodríguez Citraro hizo una exposición que no convenció al Ministro Alliegro; este transmitió su parecer al Presidente Lusinchi y la responsabilidad de la investigación fue transferida al Jefe del Comando Estratégico del Ejército, el General Heinz Azpurua.

La tesis del "cuento chino" vendida en las preliminares al Comandante en Jefe por los altos mandos militares no fue asimilada por el Presidente. Igualmente, las informaciones que le llegaban por vías indirectas e informales al Órgano Regular deben haber contribuido a consolidar una componenda que no terminaba de encajar en la versión oficial.

Tres días después de la movilización de los tanques, se desarrolla La Masacre de El Amparo como es llamado el suceso acontecido en Venezuela el 29 de octubre de 1988 en el cual mueren 14 pescadores en los alrededores de la localidad de El Amparo, municipio Páez del estado Apure fronterizo con Colombia por parte de miembros del Comando Específico "José Antonio Páez (CEJAP).

Los efectivos justificaron la acción alegando que los supuestos campesinos eran en realidad guerrilleros colombianos que posiblemente estarían preparando acciones en el territorio venezolano. El caso provocó conmoción en el público venezolano, generando manifestaciones de rechazo. Otro escándalo militar que originaba una investigación de naturaleza judicial y que podría traer connotaciones de naturaleza electoral al gobierno saliente.

La Justicia Militar recibió la solicitud de la orden de apertura de una averiguación sumarial por los hechos de Fuerte Tiuna y el Batallón Ayala. Había muchas evidencias de la presencia de hechos de naturaleza punible y el Coronel Ramón Moreno Natera fue el juez militar responsable de conducir las averiguaciones pertinentes. Sorpresivamente, en los días posteriores, la investigación fue suspendida por instrucciones del Ministro Alliegro y eso contribuyó a abrir los espacios para la duda.

La masacre de El Amparo pasó a un primer plano en la opinión pública y la noche de los tanque se encangrejó como cualquier caso policial de las Lomas de Urdaneta. La cuarentena conveniente del caso enterró la posibilidad de torcerle el rumbo a la historia y desviar el futuro político y militar del país. La prisión del Mayor Soler desapareció de los titulares de la prensa y el escándalo de los 14 pescadores pasaba a ocupar los primeros planos de los rotativos.

La investigación fue completamente cerrada, sin embargo en los mentideros del Fuerte Tiuna se abrió un gran margen para la especulación dentro de los cuadros distintos al cuerpo de generales y almirantes, integrantes del Alto Mando Militar. Las grandes preguntas eran ¿A quién beneficiaba el cierre de la investigación? ¿Se confirmó el origen de la llamada? ¿Por qué el Presidente Lusinchi no relevó en el cargo al Director de Inteligencia Militar? ¿Porque la investigación no se profundizó? ¿Por qué no se establecieron los referentes anteriores de la conspiración que estaba en marcha? ¿Hubo intervención del poder político? La lenidad observada en la aplicación de los correctivos a todo nivel, como producto de este espinoso hecho militar, comprometió las decisiones de la política militar de la nueva administración de Pérez.

Un hecho tan grave como fue la movilización de los tanques desembocó únicamente en la detención judicial del Mayor Soler Zambrano; los otros posibles involucrados, recibieron el beneficio de la duda. Un mar de especulaciones se encrespó dentro del Fuerte Tiuna y las sospechas se orientaron hacia el grupo de oficiales con la calificación de NOTABLES que ya estaban ocupando cargos sensibles dentro de la organización armada.

El Presidente Lusinchi que había demostrado coraje y fortaleza en la decisión de hundir la corbeta ARC Independiente en las aguas del Golfo de Venezuela en los días críticos del mes de agosto de 1.987, prefirió tragarse el "cuento chino" de la versión oficial en el caso de los tanques; antes que tomar una decisión terminal que involucrara a generales y almirantes.

Antes que hundir las posibilidades de una conjura que ya tenía bastante tiempo gestándose, le cargó esa decisión al Presidente electo. Eran días previos a las elecciones y no era conveniente alborotar el mundo militar. Esa decisión era preferible transferírsela al nuevo Comandante en Jefe.

 

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La posibilidad de la victoria electoral del doctor Fernández, tenía el fardo de los gobiernos socialcristianos dentro de las Fuerzas Armadas. La gran mayoría de los jefes militares con potencialidades para los más altos cargos, tenía cifrada sus esperanzas en un triunfo de Carlos Andrés Pérez.

El General Herminio Fuenmayor, compañero de promoción del General de División Peñaloza Zambrano, hacía las veces de Cónsul de la institución armada dentro del Comando de Campaña del ex presidente y por esa vía el candidato adeco tenía estructurada en borrador lo que sería su Alto Mando Militar y conocía al detalle las interioridades de las Fuerzas Armadas Nacionales.

En diciembre de 1.988, el candidato presidencial por Acción Democrática derrotaba en las elecciones al candidato de Copei el doctor Eduardo Fernández. Ese día al conocerse los resultados que adelantó el Consejo Supremo Electoral, en la esquina sur del quinto piso de la Comandancia General del Ejército se brindó especialmente para la ocasión.

Había comenzado la hora de las maniobras políticas y las intrigas de salón en el quinto piso del Comando General del Ejército. La batalla entre el norte y el sur había iniciado sus fuegos de ablandamiento desde sus dos esquinas.

Los sucesos del mes de febrero e inicios de marzo de 1.989 con los levantamientos populares conocidos como "el caracazo", obligaron a hacer una torcedura en la línea institucional que se proyectaba para los altos cargos y provocaron ciertos reajustes dentro de las decisiones de la restructuración administrativa del Alto Mando Militar. La línea política se aferró a los resultados presentados por las Fuerzas Armadas Nacionales para el control del orden público. Los mandos operativos del Ejército y la Guardia Nacional reivindicaron el uso de la violencia oficial del estado. El General Alliegro era otro General triunfante con otro tipo de implicaciones de naturaleza política. Un Ministro de la Defensa con una cancha tan expedita y abierta ante los medios de comunicación y con una química institucional mas allá de los cuarteles era una peligrosa referencia, después de tener calientica la experiencia militar de la ARC Caldas en el año 1.987.

Era el momento de Maquiavelo. Era el momento de unir la noche de los tanques con los días de febrero. Había que eclipsar la gloria de los troperos y montoneros, para darle paso a los cascos de puya y técnicos. Un general victorioso del año 1.987 y otro general victorioso del año 1.989 podrían obligar a una ratificación en los cargos y eso no era conveniente a los fines de la estrategia final.

El cuento chino que se le vendió al Presidente Lusinchi en los días posteriores al 26 de octubre de 1.988 había calificado en una versión más refinada y más aceptable por el nuevo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales. El Presidente entrante decidió amarrarse a la confianza de antiguos colaboradores militares y bajar la exposición mediática del sector militar. Los uniformados debían de regresar a sus cuarteles y dejar sus glorias del año 1.987 con la ARC Caldas y de 1.989 con el caracazo a buen resguardo político. La salida de los tanques no tenía aún un finiquito investigativo y ese cabo suelto no era conveniente dejarlo sin amarrar; por otra parte los hechos de El Amparo seguían asediando al nuevo gobierno. Ante la duda de esas conclusiones era preferible protegerse con sus compadres.

Bien caro lo habría de pagar el Presidente Pérez de no haber investigado a fondo esos hechos. Otra hubiera sido la historia.

 

Junio de 1.989, mes de ascensos, transferencias, graduaciones y retiros en la institución armada era la antesala para la fiesta del 5 de julio, día de las Fuerzas Armadas Nacionales y un nuevo aniversario de la declaración de la independencia.

El nuevo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el Sr. Carlos Andrés Pérez designa como nuevo Ministro de la Defensa, al General de División de la Aviación Filmo López Uzcategui su antiguo edecán de la primera presidencia; nombra en la Armada al Vicealmirante Héctor Ricardo Jurado Toro (otro ex edecán), en la Aviación al General de División Cándido Farías Rodríguez y en la Guardia Nacional al General de División Manuel Ibedaca Romero.

En el Ejército, el General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, el IAEDENISTA del Curso Superior de la Defensa Nacional numero 13, es designado su Comandante General.

La lógica institucional no había funcionado y había defenestrado a tres troperos victoriosos y cubiertos de gloria, producto de los complots que se desencadenaron durante el largo año militar de julio de 1.988 a julio de 1.989.

El General Alliegro fue pasado a retiro por tiempo de servicio cumplido; el General Troconis Peraza fue designado Jefe del Estado Mayor Conjunto, cargo que no aceptó y solicitó su pase a la situación de retiro; el General Bastardo Velásquez salió de la línea de mando del Ejército y fue designado Jefe de Estado Mayor Conjunto después del retiro de Troconis.

En la larga guerra entre técnicos y troperos dentro del Ejército; aquellos se anotaban un tanto a su favor con una sola baja fuera de combate, el Mayor José Domingo Soler Zambrano y su ingenuo paseo vespertino del 26 de octubre de 1.988 con su escuadrón de tanques Dragón - 300 del Batallón Ayala.

El cuento chino había versionado hacia la viveza criolla.

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El Conquistador placas 5-3 asignado a la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército enfiló desde el estacionamiento de la Comandancia General del Ejército hacia la carretera la sayalero vía la alcabala numero 6 de Fuerte Tiuna. Cruzó Cumbres de Curumo, Colinas de Santa Mónica y tomó el rumbo hacia la calle Caroní de Colinas de Bello Monte. La calle ciega que cerraba la Quinta Los Extraños del recién designado Comandante General del Ejército se hacía difícil con la hilera de vehículos estacionados en la calle, lo que dificultaba virar al largo vehículo oficial. Mientras el señor Manaure, conductor, hacia las maniobras para disponer el carro de salida; el mayor ayudante oficial tocaba el timbre para anunciar la presencia de la comisión. Diez minutos mediaron para la aparición del alto jefe militar acompañado de su señora, entraron al vehículo después de los saludos de cortesía y el vehículo retomó la ruta de regreso al Fuerte Tiuna. Era el 16 de junio de 1.989.

El sol pegó de frente en la serpenteante carretera de retorno y la conversación entre la pareja que hacía el nuevo jefe militar del Ejército y su conyugue, iniciaba un ligero dialogo en un perfecto inglés para reserva y confidencialidad. Realmente para cubrirse de los oídos del ayudante y el conductor.

.-Santeliz called you to wish luck and excuse. His absence it's possible (Llamó el General para Santeliz para desearte suerte y excusarse. No sabe si va a estar en el acto)

.- Ok. Don't worry. He will go. You know him. What another thing said? (Aja. No importa. Ese se aparece. Ya tú sabes como es él. ¿Qué más dijo?)

.-You would have to remenber what the ex president said when you were colonel at IAEDEN to general Olavarria ¡Be carefull with The Notables. He smiled enough. He would speak soon with you (Que te acordaras cuando recibieras el estandarte, lo que dijo el ex presidente al general Olavarría cuando éramos coroneles en el IAEDEN. ¡Mucho cuidado con Los Notables general! y ha soltado una gran carcajada. Que luego hablaban)

.- He is a great man and know to do (Santeliz es un caso. Ese sabe lo que hace)

El vehículo oficial del Jefe del Estado Mayor General del Ejército ya estaba estacionando en las inmediaciones de la prevención de la Academia Militar de Venezuela, al mismo tiempo que detrás llegaba toda la parafernalia de las moscas motorizadas, los vehículos de avance y el 5-1 del Comandante General saliente, el General de División José María Troconis Peraza; al frente, el lema de antesala del Alma Mater del Ejército, franqueaba desafiante la ceremonia de transmisión del poder en el componente armado más poderoso de las Fuerzas Armadas Nacionales…"La Academia Militar de Venezuela, forma hombres dignos y útiles a la patria".

Al finalizar la ceremonia, toda la parafernalia del vehículo protocolar 5-1, moscas motorizadas, vehículos de avance, cocteleras, ayudantes, comités de relaciones publica, asomados y saludadores, fue transferida al nuevo jefe del Ejército; mientras un discreto y solitario General Troconis Peraza se retiraba acompañado de su ayudante atravesando el Gran Hall sin el asalto de los adulantes.

Era la historia del poder y lo sigue siendo. El cuento chino había presentado resultados.