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domingo, 27 de diciembre de 2009

CALDERA Y EL SOBRESEIMIENTO

La desaparición física del doctor Rafael Caldera ha permitido pulsar en la opinión pública, la reacción de la gran mayoría de los venezolanos en torno a un tema que gravitaba durante la penosa enfermedad del ilustre jurista y ex presidente.

El sobreseimiento de la causa militar instruida al Teniente Coronel Hugo Chávez por los hechos desencadenados a raíz del Golpe Militar del 4 de febrero de 1.992, fue una decisión tomada por el entonces presidente Caldera en su condición de Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Desde el punto de vista legal, no existe ninguna objeción que incida en la legitimidad de la decisión de aquella oportunidad. Otras consideraciones políticas influyeron en la resolución del doctor Caldera para favorecer con la medida de gracia al Teniente Coronel Chávez. La que más se ha apelado es la solicitud que hacían los más diversos sectores de la vida pública nacional, para favorecer al Teniente Coronel Hugo Chávez y el grupo de militares participantes de las asonadas del año 1.992, para que fueran beneficiados con disposiciones que interrumpieran el proceso judicial en curso.

Las simpatías mayoritarias que levantaron los golpes en el pueblo animaron a solicitar ante los medios de comunicación, beneficios para los militares felones. Los candidatos presidenciales, para las elecciones hicieron propuestas públicas en ese sentido y tomaron como banderas electorales la ola de inclinación golpista que se levantó en aquella oportunidad. El tema de la pacificación fue el argumento más aludido por el Presidente Caldera para tomar la decisión.

Las virtudes del ex presidente Caldera se han dejado de lado en un momento en que su desaparición debería de elevar sus borlas de Abogado, doctor en Ciencias Políticas, profesor universitario, escritor, articulista, ensayista, diputado, senador, jefe de Estado, caudillo político y demócrata; y los títulos y honores concedidos por más de veinticinco Universidades de América y Europa.

Cuestión de la polarización política de este momento, el arrinconamiento social a que ha llevado la nación la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez y el inmediatismo en la valoración de una decisión, que ha debido proyectarse como una medida de gracia para la sociedad venezolana del momento; pero que desgraciadamente no resulto en sus efectos en el tiempo, como se esperaba.

Hugo Chávez no solamente resultó el más grande fraude de la historia política venezolana, también ha puesto al borde de la muerte la proyección de la nación y ha inoculado a un alto porcentaje de venezolanos, el morbo del odio y la división social. La republica que ayudó a construir el doctor Caldera con Rómulo Betancourt y Jovito Villalba por la vía del vituperado Pacto de Punto Fijo, es la misma que se está expresando con los dicterios inoportunos y agravios inadecuados a la memoria del gran estadista - que lo fue - el doctor Rafael Caldera.

En todo caso, lo que se quiere analizar es la decisión que favoreció a Hugo Chávez en aquella oportunidad y que con la muerte del doctor Caldera ha agarrado más opinión pública que los meritos – que son mayores – del ex presidente.

El último libro del doctor Caldera, "De Carabobo a Punto Fijo. Los Causahabientes" publicado por Libros Marcados en un capitulo que prologa el ex guerrillero y periodista editor del diario Tal Cuál, Teodoro Petkoff, abunda en consideraciones para justificar acertadamente la decisión del Presidente Caldera; al final se suscribe en la última edición, un epilogo calzado con la firma de su hijo el Doctor Juan José Caldera, ex senador de la republica donde se justifica la decisión que puso en libertad en aquella oportunidad al militar felón del 4 de febrero de 1.992.

Todas las argumentaciones se orientan hacia el pedido que mayoritariamente hacia la opinión pública venezolana y el liderazgo de la coyuntura para poner en la calle a los militares golpistas y contribuir al proceso de pacificación militar del país.

En la larga nota del ex senador Juan José Caldera se apela a lo que era en aquella oportunidad el sentir de la mayoría de los venezolanos y de todos los candidatos presidenciales en la justa electoral de 1.993.

Todo ello es confirmable y aceptable en las argumentaciones que hace Teodoro y Juan José en los medios de comunicación; y además en el excelente discurso de despedida que hizo el Doctor Asdrúbal Aguiar y la gran mayoría de quienes honran en este momento la memoria del ex presidente fallecido.

El mismo doctor Caldera en una oportunidad señaló "el pueblo no se equivoca" y es el pueblo mayoritario que está haciendo exteriorizar su opinión en torno a la famosa decisión de poner en la calle al actual presidente. Es una manera de refutar las estridentes expresiones que surgen por la vía de la web, en la Radio bemba y el ciudadano común que no deja de tener una opinión en torno a la controvertida decisión.

Los programas de radio cuando abren los micrófonos, los de televisión cuando dejan el paso libre al mensaje de texto o las notas periodísticas de los medios de comunicación virtuales como www.noticias24.com y www.noticierodigital.com recogen aluvionalmente lo que ya es una opinión arrastrada desde hace mucho tiempo.

¡La libertad de Hugo Chávez en aquella oportunidad fue un error!

Simplemente la decisión, a pesar de estar siendo exigida en aquella oportunidad, el tiempo se ha encargado de demostrar que era errada e inoportuna.

Ese mismo tiempo ha demostrado que el actual presidente de la republica, ha sido un beneficiario consecuente de decisiones pifiadas por jefes militares y presidentes de la republica.

Si se hubiesen tomado decisiones oportunas, Hugo Chávez hubiese estado en la calle, fuera del mundo militar, desde el año 1.984.

El mismo desenlace del 4 de febrero de 1.992 fue una derivación de una larga cadena de imprudencias en la cadena de mando, arrancando desde el mismo Comandante en Jefe (Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez) hasta la decisión del mes de marzo de 1.994, que puso en la calle a Hugo Chávez desde Yare.

Fue favorecido por una decisión del entonces director de la Academia Militar, el General de Brigada Carlos Julio Peñaloza Zambrano, al ser detectado en actividades conspirativas con parte del personal del Curso Militar, próximo a graduarse. No se le instruyó algún expediente judicial y simplemente fue objeto de una decisión administrativa que lo transfirió a una unidad operacional.

Fue favorecido por una decisión del entonces Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el doctor Jaime Lusinchi; cuando en un "cuento chino" que le llevaron los oficiales generales y almirantes del Alto Mando Militar al Presidente de la Republica, tergiversaron la información relacionada con el movimiento de un escuadrón de tanques Dragón del Batallón Ayala hacia la sede del Ministerio de relaciones Interiores y la residencia presidencial La Viñeta, el 26 de octubre de 1.988.

Fue favorecido con una decisión del entonces Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el señor Carlos Andrés Pérez; cuando se detectó una conspiración el 27 de noviembre de 1.989 para secuestrar al grupo de generales que se iba a reunir en el Comando General del Ejército y a un hijo del entonces Comandante General del Ejército. En ese entonces, el Presidente Pérez señaló textualmente "a mí no se me alza ningún Teniente Coronel".

Fue favorecido con la decisión del entonces Ministro de la Defensa, el General de División Fernando Ochoa Antich, al ser asignado a una unidad elite del Ejército, el Batallón de Paracaidistas Antonio Nicolás Briceño, con todos los antecedentes de conspiración disponibles en los archivos de las agencias de inteligencia del estado venezolano.

Pero además de eso, con todas esas referencias conspirativas, el mismo 3 de febrero de 1.992, fue favorecido por la incompetencia y la ineptitud del entonces Comandante General del Ejército, el General de División Pedro Remigio Rangel Rojas; para que los efectos de la felonía se desarrollaran con las consecuencia de muertes y heridos que todos conocemos.

Los detalles de los favores recibidos en el proceso de reclusión y las medidas de gracia dictadas para beneficiar a los felones del 4 de febrero y posteriormente los del 27 de noviembre de 1.992, son parte de un capitulo de Patria Boba que aún se pretende reeditar, cuando se le pide al pueblo no descargar las tropiezos políticos y no drenar los pecados de oportunismo de aquella ocasión.

El favor más grande lo recibió con el sobreseimiento a su causa, de aquel entonces. El tiempo se ha encargado de colocar las cosas en su justa dimensión.

¿Fue un error? ¡Por supuesto que fue un error! Es obvio que este no es el momento para hacer los análisis porque ya se han hecho; la evidencia más concreta es que desde la misma acera del ex presidente fallecido se han iniciado las justificaciones que se han estrellado contra la opinión del populacho.

Una cosa es la inoportunidad para endilgar los pecados terrenales y otra es ir preparando el camino para la indulgencia y el perdón político.

El pueblo es sabio en la penalización de las infracciones de sus líderes y en este momento dada la magnitud de la tragedia política que está viviendo el país, es difícil que al doctor Caldera pueda eludir los resultados de sus fallos como Presidente de la república y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Ya en un artículo anterior me dedique a resaltar las virtudes cívicas y de estadista del Presidente Rafael Caldera y su contribución al proceso de la construcción de la republica civilista que se inició el 23 de enero de 1.958 y que culminó el 6 de diciembre de 1.998.

Es incuestionable que el ex presidente Caldera fue uno de los venezolanos más relevantes del siglo XX.

El mismo pueblo que le pidió a Rafael Caldera la libertad para los militares felones del 4 de febrero de 1.992 y 27 de noviembre de 1.992; es el mismo que ahora con la muerte del ex presidente, le coloca en su carga de pecados mortales, la decisión de sobreseerle la causa militar instruida al teniente Coronel Hugo Chávez, por el Golpe de Estado del 4 de febrero de 1.992.

¡El pueblo no se equivoca!