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domingo, 20 de diciembre de 2009

PELIGROS Y OPORTUNIDADES

 

Está finalizando el año 2.009 con un gran saldo negativo para el gobierno y otro no menos favorable para la oposición.

La comunicación china y la japonesa en la expresión de sus ideogramas de comunicación, suele representar la expresión de crisis con la yunta de otros que aluden a peligro y oportunidades. En la sabiduría de ambas culturas, los panoramas donde se ciernen peligros, son también momentos para desarrollar oportunidades de crecimiento y exposición de todas las potencialidades.

El año que está finalizando ha representado para las expresiones políticas que hacen vida en la actual coyuntura del país, una gestión de peligro que ha tocado lo más profundo de las realidades intrínsecas de ambas manifestaciones; pero también un giro de oportunidades bien finitas que ponen en riesgo las proyecciones políticas de los dos vectores.

El régimen de la Revolución Bolivariana se ha desenvuelto en los caminos peligrosos del incremento exponencial de la delincuencia y su consecuente incidencia en la seguridad ciudadana, lo que coloca a este problema en uno de los retos más importantes del gobierno.

Igual camino empedrado lo ha representado el grave problema de los niveles inflacionarios que afecta por igual a ambos sectores, lo que se agrava con la postración del aparato productivo del país, los altos niveles de desabastecimiento en muchos de los productos de la cesta básica y la mengua del parque industrial del país; si a ello se le agrega el grave enfrentamiento con nuestros principales socios comerciales, Estados Unidos y Colombia; todo proyecta que en el plano económico; el gobierno viene pisando un camino exageradamente peligroso en términos de la gobernabilidad.

El sendero de la corrupción y su derivación de la impunidad es otros de los riesgos potenciales que ha asumido el Socialismo del siglo XXI. La crisis bancaria y sus secuelas, se advierte como un iceberg del que apenas emerge un porcentaje pírrico en el centimetraje comunicacional.

Si a ello le agregamos el persistente enfrentamiento que ha venido manejando a nivel internacional el Presidente de la Republica, especialmente en las relaciones con su vecino más inmediato – Colombia – y las tormentosas formas diplomáticas que se han manejado con Estados Unidos; el tema internacional ha sembrado de peligros potenciales al régimen bolivariano.

El espinoso tema de las FARC, el narcotráfico, Irán y el terrorismo internacional; han servido de titulares a muchos de los medios internacionales. En todos esos temas hay un trance que levanta suficientes escollos para salvar desde el punto de vista internacional; pero además le ofrece argumentos a la oposición interna, para que esta asuma un rol más activo y para que se adjudique igualmente, iniciativas que le den ventajas tácticas y estratégicas.

Todos estos temas le han generado al gobierno del Presidente Chávez, crisis que se han levantado abruptamente; las cuales con escasos días de diferencia han dado paso a otras. En diez años de revolución, no ha pasado semana en la que no esté ocupando un espacio importante una crisis; sea de orden político interno, internacional, económico, militar, social.

En la gran mayoría de ellas, el Presidente ha transitado el sendero de la ingobernabilidad, de la osadía, del azar y de los riesgos; poniendo en peligro, no pocas veces, el control del poder. Esas oportunidades de peligro han sido obviadas en la mayoría de los casos por los sectores formales de oposición.

Nada indica que en el año 2.010, un año de elecciones a la Asamblea Nacional, los vectores que han sido desarrollados en esta crónica; la inseguridad, la inflación, la corrupción, las relaciones internacionales y en síntesis, el ejercicio del gobierno para generar a la sociedad en general la riqueza y el bienestar común; vayan a transitar el camino de la eficiencia y la gestión.

Todo señala que vamos a continuar en la secuela de crisis que ha sido característico de estos últimos diez años de revolución, con las banderas de los peligros y los riesgos ondeando hasta su máxima expresión.

El gobierno no ha sabido aprovechar el amplio abanico de sus oportunidades, mucho menos la oposición. Los peligros para la democracia continuarán acechándola en cada vuelta de esquina, mientras ambos no terminen de tomar decisiones que favorezcan a las grandes mayorías.

Todo indica que la crisis seguirá viva en el año 2.010, con sus motores en máxima revolución.