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domingo, 3 de enero de 2010

LA PAZ SEA CONTIGO

El preámbulo de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela en sus interioridades, señala en el proceso de refundación de la república, la consolidación del nuevo estado venezolano asentado sobre valores como la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad y el bien común.

Más adelante en el artículo 1, la Carta Magna señala que la Republica Bolivariana es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Luego en el artículo 3, la misma constitución indica que el estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz; entre otras cosas.

Nuestra última guerra interna de verdad, se selló en la Batalla de Ciudad Bolívar cuando el General Juan Vicente Gómez derrotó el caudillismo y enterró definitivamente los levantamientos internos, nucleados en torno a personalismos.

Los intentos de construir una Sierra Maestra en Venezuela en la década de los sesenta, se estrellaron contra una sociedad que negó todo género de apoyo a que esa locura sarampionosa de un grupo de militantes del PCV y del MIR, para tratar de reeditar la revolución cubana en el país. La Guerrilla castro comunista de esa época fue derrotada por el pueblo; las Fuerzas Armadas Nacionales (FF.AA.NN) ejecutaron sus planes operativos con el apoyo solidario y conjunto de la población.

Desde los días de la Batalla de Ciudad Bolívar hasta la fracasada locura de la guerrilla urbana y rural de los años sesenta, han mediado suficientes experiencias políticas en Venezuela que han contribuido a asentar una cultura hacia la paz.

Desde aquellos días, Jefes de estado militares y civiles, han ocupado la primera magistratura del país y en todos ellos, el discurso oficial ha sido el de la construcción y aliento de una sociedad pacifica. Los cuarenta años de democracia representativa amparada en la Constitución Nacional aprobada en 1.961, que precedieron al actual régimen estuvieron signados por gobiernos y presidentes identificados con la cultura de paz que ha sido característica de los venezolanos en cien años de tranquilidad y armonía republicana.

Seremos un pueblo guerrero para defender la soberanía y la integridad territorial; pero más lo seremos para consolidar el valor de la paz, como uno de los pilares fundamentales para proyectar la existencia de la nación venezolana en la armonía con nuestros vecinos y aliados; y sobre todo en robustecer la unidad interna para vigorizar la nación y el estado venezolano. La paz debe privar por encima de la guerra.

La historia contemporánea registra como nuestras fuerzas armadas han trascendido mas allá de sus fronteras para ir a consolidar procesos de desmovilización, en las misiones que se cumplieron en Nicaragua o el desminado en Centroamérica y la observación en el Sahara. Todas esas actividades han contribuido a la pacificación de pueblos hermanos y son experiencias que han contribuido a establecer una mentalidad de paz en la institución armada.

En síntesis, constitucional, histórica, institucional, política y culturalmente somos una sociedad que trasciende mas allá de los llamados a la guerra que se alientan desde los más altos escaños del régimen. Afortunadamente, esas expresiones se han estrellado dentro del pueblo con la más absoluta indiferencia y el más categórico rechazo. La indolencia en la captación del mensaje y la despreocupación en su descifrado, dejan sin interlocución en esos niveles de la población, al régimen. La gente no quiere la guerra, ni quiere hablar de ella. El mensaje se ha quedado sin ningún tipo de eco.

Somos un pueblo pacífico.

Somos un país con una gran cultura de paz. Este año que se está iniciando los venezolanos estamos llamados a contribuir a desmontar toda esa estructura bélica que ha querido mercadear, con el argumento del "si vis pacem parabellum" (Si quieres paz, prepárate para la guerra).

Los venezolanos demócratas e identificados con la educación por, para y hacia la paz, debemos articular todos nuestros esfuerzos para enfrentar con actitud firme el discurso guerrero y agresivo alentado desde las más altas esferas del gobierno.

Nuestra Constitución Nacional señala en efecto que la República Bolivariana es una referencia de la Doctrina de Simón Bolívar, el Libertador; y mas allá de que este en alguna oportunidad haya apelado a que "Venezuela es un cuartel, Colombia una Universidad y Ecuador un convento"; esa fue una expresión para una coyuntura de la que han transcurrido casi los doscientos años.

Pretender reeditar, en el tercer milenio, actitudes, conductas, aptitudes guerreristas y abiertamente confrontacionales sin ningún tipo de justificación y para construir una épica absolutamente desfasada y discordante con la idiosincrasia venezolana; es antagónico a la Constitución Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela, contradictorio con la cultura criolla, incompatible con el sentir venezolano, contrapuesto a nuestra historia republicana, incongruente con los planteamientos regionales, contrapuesto a la mayoría continental, abiertamente hostil a todos nuestros vecinos y negativo para el proceso de consolidar la unidad nacional.

En el año 2.008, Venezuela fue el mayor comprador de armamento en Suramérica, el gasto para la guerra creció más del 50% en los últimos diez años y la línea de pensamiento que se ha tratado de inocular a militares y civiles, es la preparación para la inminencia de un conflicto, que pasa por la invasión por parte de una potencia continental, el ataque por un país vecino o la embestida de los frentes contrarrevolucionarios internos. El régimen mantiene al país en un zafarrancho de combate dialectico y retorico que no va más allá de lo declarativo.

La cultura de la guerra debe enfrentarse con presiones desde todos los sectores para que la inversión hacia el gasto bélico se redireccione hacia el gasto social para combatir la pobreza y construir el andamiaje de la cultura de la paz. Educación, salud, infraestructura, servicios públicos deben ser los receptores prioritarios de un replanteamiento de la inversión significativa que se ha orientado hacia la cultura de la muerte, que es la guerra.

Ese debe ser el discurso de todos los venezolanos en general, sin ningún tipo de distinción, para abonar la senda de la vida y la cultura de la vida, característica prioritaria en este nuevo año que estamos dando comienzo.

La paz sea contigo debe pasar más allá del encuentro fraterno de nuestras parroquias y convertirse en una bandera para enfrentar con realidades y concreciones, la cultura de la muerte y de la guerra, que se ha querido vender desde las más altas esferas.

¡La paz sea con todos los venezolanos!