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sábado, 13 de febrero de 2010

EL GENERAL MATA

En mi época de actividad releí en diversas oportunidades por exigencias académicas el FM 100-5 (Operations) del US Army. Recuerdo aún entre tantas concepciones doctrinarias que se desprendían de los desarrollos de los contenidos insertos en los niveles de la estrategia militar, una precisión temática que ha persistido en la ciencia y el arte militar a través de la historia; los generales concentran, los coroneles despliegan y los capitanes maniobran.

Allí, en esa sentencia juiciosa esta el resumen de la tradición estratégica, operativa y táctica de la guerra en sus interioridades; sobre todo en ese proceso técnico de producir decisiones antes, durante y después de las acciones de combate, que se llama la Secuencia de las Acciones del Comandante y su Estado Mayor. La forma de arribar a recomendaciones en el staff y de decidir en los jefes militares, es la consecuencia de una técnica que se aprende desde el mismo inicio en las escuelas de formación profesional, que se va puliendo en las escuelas de capacitación y que se termina de refinar en las Escuelas de Comando y Estado Mayor.

A lo largo de la carrera militar, el profesional de las armas se forma, se capacita y se especializa en toma de decisiones. Al final de la misma el profesional militar es un científico y un artista en eso de decidir bajo incertidumbres, riesgos y presiones donde la apuesta es la vida de un pelotón, de una compañía, de un batallón, de una brigada, de una división, de un ejército o de una nación.

Así es el deber ser que se tiene de cómo se manejan las fuerzas armadas de cualquier país serio y medianamente organizado en la concepción de la defensa y la seguridad, bajo criterios lineales, convencionales y atenidos a reglas. Nada de esas zarandajas de Guerra de Cuarta Generación o Asimétrica propia de fanáticos, sorbidos en el seso por la inducción política catalizada por la ignorancia o el culto a la personalidad de un mesías de tornillo flojo e intestinos nerviosos.

Era ese concepto bien resumido, el resultado de las experiencias de dos guerras mundiales, cualquier cantidad de conflictos de mediana y baja intensidad; y la participación activa en misiones de carácter humanitario. Nada de terrorismo generalizado y abierto como el que se mercadea desde la Guerra de Cuarta Generación o asimétrica como se quiere vender desde la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI; que no es más que la inexperiencia y la incapacidad para organizar, equipar y adiestrar una institución armada con apresto para enfrentar sus amenazas en la esfera del desenvolvimiento geopolítico y geoestratégico de cualquier nación.

Los capitanes maniobran.

Los jefes directos de las tropas son este nivel de la jerarquía castrense. En estos grados se concentra la responsabilidad logística más directa entre el combatiente y sus jefes. Las actividades de abastecimiento como la comida, el agua, las municiones, el armamento individual y colectivo, los uniformes, la atención sanitaria, la recreación, los permisos, los castigos, la seguridad, etc. son el resultado de una vinculación estrecha entre el capitán, los tenientes comandantes de pelotón y los soldados combatientes.

Eso activa una relación de confianza entre el soldado y su jefe directo, como producto del día a día.

La actividad de moverse en el terreno con la cobertura del fuego de las armas y colectivas bajo su control, para llegar hasta la conquista de un objetivo previamente definido en su proceso de planificación, sin la necesidad de una plana mayor formal, sujeto a la ciencia de su conocimiento de capitán y al limitado arte de su experiencia militar; hace de este grado militar, un poder amplio dentro de la estructura militar.

Confinada esta potencia por la restricción política de la jerarquía, los capitanes dedican toda la prioridad de sus esfuerzos institucionales al cumplimiento de su misión y al bienestar de sus soldados. Los capitanes son los dueños de la tropa, en la institución armada; ergo la institución se inclinará hacia donde se incline la maniobra de los capitanes. Esa es una verdad irrebatible. Si a un capitán, se le confiere inducción política e ideológica de una coyuntura; el poder político de las fuerzas armadas no residirá en la decisión de los generales y almirantes, este orbitará en las decisiones de los comandantes de compañía y derivará hacia la maniobra de sus capitanes. El soldado obedece directamente a su capitán.

Los coroneles despliegan.

El despliegue es un concepto más administrativo dentro de la ejecución de los planes militares. Las unidades se desplazan desde las áreas de concentración previamente determinadas y aguardan las condiciones indicadas para la activación de los planes y pasan directamente a la fase operativa desde donde maniobran, es decir, se mueven y disparan.

Realmente en este nivel entran también los tenientes coroneles en la experiencia venezolana. El Comandante de una unidad táctica y sus equivalencias dentro de los otros componentes, es el producto de un proceso de formación como miembro de un estado mayor o simplemente jefe de una unidad, en la cual sus decisiones van acompañadas del resultado de otro proceso que se llama Apreciaciones de Estado Mayor que resultan al final en conclusiones o recomendaciones que le abren un camino expedito para llegar a decisiones viables en su comando.

Ese camino se transita a través de una cadena de procesos de pensamiento, de actividades, de coordinaciones que se llama la Secuencia de las Acciones del Comandante y su Estado Mayor. Al final, el resultado es una decisión, unas acciones y unas órdenes. Estas para llegar hasta el último soldado, deben pasar por el capitán. Así funciona la línea de mando dentro de una organización militar y así se garantiza, ese valor fundamental que es parte de eso que se aprende en el libro de Táctica General, como principio de la guerra; la Unidad de Mando.

Quiebre usted la unidad en el mando, en cualquier organización militar y tendrá garantizada la victoria.

Un coronel mueve administrativamente sus unidades concentradas y las despliega en un área geográfica determinada pero no puede maniobrarlas directamente, sin el concurso y consentimiento institucional de sus capitanes. Esto se logra a través de la autorictas, que es el resultado de la jurisdicción moral y ascendencia personal y profesional sobre los subordinados.

La sorpresa en el campo de batalla se logra desplegando las unidades sin que el enemigo logre detectar estos movimientos; de allí a la maniobra, la variable tiempo cronológico es un factor fundamental. De la misma manera impedir el despliegue de las unidades enemigas es la meta fundamental de toda planificación, antes del inicio de las operaciones.

Una decisión, en una situación de conducción de las operaciones, baja acompañada de acciones y ordenes; desde el coronel o teniente coronel comandante de la unidad directamente al capitán comandante de la compañía y hasta allí reside la posibilidad de que esta se convierta en un grito que no tiene ningún tipo de eco o una maniobra que genere fuego de las armas individuales y colectivas de la compañía y movimiento para controlar y conquistar objetivos militares.

En todo caso, el largo camino que sigue una decisión, unas acciones y unas ordenes desde el Coronel comandante de una unidad hasta el soldado que va a apretar el disparador que va a desarrollar la violencia oficial de la institución armada, es una empinada galería que pasa por la aprobación del comandante de la unidad fundamental. El capitán sigue teniendo la sartén asida por el mango.

Los generales concentran.

Un general es eso…un general. Un profesional de las armas que abarcará mucho profesionalmente en la medida que la generalidad institucional bajo su comando, asuma su autoridad moral y sus referentes personales; como algo propio. Esa magistratura se adquiere con el respeto ganado en las ejecutorias de su trayectoria profesional.

La docencia es un excelente campo de batalla en unas fuerzas armadas signadas por una vida institucional en paz y ajenas a todo desenvolvimiento político aguas adentro de sus cuarteles, los cargos de comando también son referentes obligados para ir atesorando autorictas hacia los subordinados, los iguales y superiores. El comportamiento personal, sus hábitos familiares y amistosos forman parte del patrimonio profesional que adorna a un general. Ese capital honorable va tejiendo una fortaleza de integridad que identifica al general con la institución y a la institución con sus integrantes; y a sus integrantes con el modelo que se exterioriza en ese general. Esa es la autorictas.

Pero además, eso debe permear hacia los otros ámbitos de la vida nacional. Un alto oficial sin alguna opinión o concepto hacia la cultura, la economía, la sociedad en todo su desenvolvimiento, la política, la historia nacional y universal, las relaciones internacionales y el comportamiento planetario es una engañifa profesional y una nulidad corporativa; el general debe manejarse en un ambiente amplio y diverso que le dé nociones para las decisiones de naturaleza militar que van a tener una incidencia nacional, internacional o planetaria.

Cosas de la globalización o mundialización, pero en este momento del manejo de la información en tiempo real, una alta jerarquía militar que desconozca el manejo de las Tecnologías de Información de Comunicaciones (TIC) o tiene un pensamiento y un accionar decimonónico; o se hace el ignorante para medrar políticamente, es una calamidad profesional y un tonto útil al servicio de oscuros intereses. Para el caso que nos ocupa, todos los ejemplos son aplicables.

En todo caso el punto es que en la medida que un general tenga autoridad moral, concentrará unidades, decidirá hacia los coroneles para que estos las desplieguen; pero las maniobras, eso de disparar y moverse, siempre dependerán de los capitanes. Si el camino desde los coroneles era largo y tortuoso hasta los capitanes, más laberintico es cuando las decisiones, las acciones y las órdenes parten desde los generales.

Si hay autoridad moral, en los jefes militares, el camino de las decisiones, es más estrecho y hay tanta contigüidad e identificación con el modelo que se proyecta desde las altas jerarquías de los oficiales; que los capitanes deducen, asumen e interpretan en el modelo que se exterioriza desde los generales.

¿Qué concentran los generales y almirantes en este momento?

En primer lugar un poder militar limitado que se desenvuelve en los ámbitos que le permite el G-2 cubano y la Sala Situacional de Miraflores; luego la riqueza desmedida producto de corruptelas en la administración pública y por último el cúmulo de desprestigio con el que arrastran a una institución armada que aun se resiste a dejarse empujar por el abismo de la ineficiencia corporativa y el incumplimiento de sus misiones constitucionales.

Pero además concentrarán las responsabilidades de permitir la división de la unidad nacional, la politización extrema de la Fuerza Armada Nacional, la invasión abierta y grosera de una nación extranjera a la soberanía nacional, el uso de la violencia oficial del estado a través de la Guardia Nacional de Venezuela para reprimir y hostigar a venezolanos, la lenidad en el combate a las bandas armadas alentadas por el gobierno y a la guerrilla extranjera, la permisividad en el trafico de drogas; todo eso formará parte de la concentración de las responsabilidades de los generales y almirantes de la actual Fuerza Armada Nacional en una etapa post régimen de la Revolución Bolivariana y Socialismo del siglo XXI.

En algún momento, tal cuál como se deriva del patético discurso pronunciado por el General en Jefe Carlos José Mata Figueroa, Ministro del Poder Popular para la Defensa, durante su juramentación fantochesca y circense del 4 de febrero de 2.010; el sector fanatizado en la institución armada, hará armas a la Sociedad Civil para defender la revolución.

Eso tiene una alta probabilidad de ocurrencia con un gobierno que perdió su gancho con el pueblo hace mucho tiempo y se aferra a la desvergüenza de permanecer hasta el 2.030 en el poder; para ello disponen de las bandas armadas urbanas y rurales, los milicianos infiltrados dentro de la FAN, el grupo de cubanos desplegados en todo el país y la permisividad desvergonzada y malinchista de muchos como Mata.

Yo estoy seguro que las decisiones que bajarán desde el general Mata hasta los capitanes seguirán el serpentino y enmarañado camino descrito anteriormente y descargaran en los capitanes; los responsables de maniobrar, es decir disparar y moverse; la decisión de ser genocidas y perseguidos por el Tribunal Penal Internacional (TPI).

En ausencia de moral, de referentes profesionales, académicos y operativos; y con la carga de una gran dosis política en el origen de una decisión impúdica, unas acciones deshonestas y unas órdenes indignas, los capitanes no matarán y dejarán esa responsabilidad en el general Mata.

Probablemente, la historia recogerá; si se activa ese escenario y las bandas armadas estimuladas por el régimen accionan hacia los venezolanos, que el régimen se vaya por el estercolero de la historia, los generales concentrarán toda la responsabilidad y al final el veredicto será irrefutable…! El general mata!

 

Caracas, 13 de febrero de 2.010