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jueves, 4 de marzo de 2010

DEMÉRITOS, MÉRITOS, EMÉRITOS Y BENEMÉRITOS

El anecdotario venezolano recoge en la abundancia de sus cachos políticos, un relato que resume bastante el comportamiento acomodaticio del venezolano en algunas oportunidades, pero que además expresa el nivel de relación que hay entre la lealtad política, no importa a costa de que, que se desprende del gobernante y sus adeptos. Cuando este gobernante se asienta en su régimen sobre las violaciones de elementales derechos humanos y la confiscación de otras libertades para arrinconar a sus enemigos políticos, se abre más fácil el camino para la delación, el chisme, la intriga, la maniobra y la zancadilla política; pero también para que su entorno se vea cada vez, mas colmado de seres inescrupulosos e inútiles dispuestos a vender su alma al diablo y hasta a su mamá, a cambio de las 30 monedas del Judas de la pasión de Cristo.

En tiempos de Cuaresma hablar de Judas es normal, como lo es la pasión en cuestiones atinentes a la política, sin llegar a los niveles de fanatismo y obcecación, característico de estos tiempos de revolución roja rojita y de Socialismo del siglo XXI. A veces sin querer llegamos a la pasión también por razones de naturaleza humana. Digamos que es inevitable.

Los tiempos de los cuarenta días que transcurren desde el Miércoles de Ceniza hasta la antesala de la semana mayor, son tiempos de reflexión intima, de introspección personal y de valoración muy intima y a medida que los días transcurren hasta agotarse en los cuarenta…no queda más que concluir que el tiempo de Dios es perfecto.

Esta secuela en pequeño, que mas a adelante vamos a indicar en líneas bien gruesas para la precisión de ustedes, se puede proyectar desde un evento a nivel local, los Judas chiquitos ayudan a los Judas grandototes en esa tarea innoble de traicionar a las gentes, a los pueblos, etc. hasta el evento nacional de gobernar al país, a la nación.

La anécdota es la siguiente. Durante los tiempos de otra de las dictaduras que ha asolado al país, la más larga; la del General Juan Vicente Gómez; este, para premiar a uno de sus tantos soplones, adulantes, intrigantes que existía, lo esperanzó con premiarlo con un cargo en la administración publica, independientemente de sus méritos; los cuales hasta ese momento se fundamentaban en los chismes que ponía a circular el fulano y que desembocaban luego con un enemigo de la causa con un grillo en La Rotunda; porque mérito, mérito en si no tenia ninguno. Era un bueno para nada.

Resulta que este bueno para nada, tomándole la palabra al general Gómez, que era la representación de la autoridad en ese momento se fue a vagar a la Plaza Bolívar en ese entonces, a pensar en el cargo que le había ofrecido el general y en el momento de la retreta se quedó observando al director de la Banda Marcial y se enamoro del uniforme y de la facilidad con que movía su batuta, aparentemente sin ninguna técnica, sin ningún arte y sin ningún concierto; dentro de la ignorancia de su vivalapepismo de soplón e intrigante sin ningún tipo de escrúpulos.

Con la misma rapidez con que se enamoro del cargo al que le había puesto la vista, más del uniforme y la autoridad que emanaba de este en una época de dictadura, se fue raudo hasta el general Gómez a plantar su solicitud.

.- ¡Aja chico ya viste el cargo para el cual quieres ir! Le preguntó el Dictador con toda la zamarreria de andino que le era característica.

.- ¡Si mi general, yo quiero el cargo del hombre que menea el palito en la Plaza Bolívar!

Resulta que el hombre que meneaba el palito en la Plaza Bolívar, era Pedro Elías Gutiérrez, Director de la Banda Marcial, quien con todos sus meritos de músico era el director que oscilaba inspiración de director la música que agradaba los oídos de los caraqueños que se acercaban a la Plaza Bolívar para la retreta dominical. Para el sátrapa, quien buscaba cualquier cargo por encima de los escrúpulos normales, su delación, su chisme, su intriga y su fanatismo al jefe de aquel entonces, estaba por encima de la ciencia, la técnica, el conocimiento y la experiencia de aquel hombre que meneaba el palito en la Plaza Bolívar.

Los meritos musicales de Pedro Elías Gutiérrez en la oscilación de su batuta de director respaldada por la experiencia atesorada en su ciencia y su arte de música, se rendían ante la meneada de palito con que calificaba el Judas de ocasión el conocimiento y la experticia; es decir el merito. Pero eso de nada vale, cuando está de por medio el inmediatismo de la ignorancia, la rapidez del fanatismo, la traición del chisme, la intriga de la adulancia y la zancadilla profesional para escalar, no importa a costa de que o de quien.

Así funcionan las dictaduras y las autocracias. Se estimula el fanatismo y la obcecación. Se potencia hasta el extremo que las informaciones que difunde el régimen son contiguas a verdades a medias, mentiras magnificadas y la desviación y el escamoteo de la verdad. En la ignorancia, el caldo de cultivo del despotismo se abre intenso con la canalización de la idolatría al líder y la obcecación política que deriva de este. De allí al enfrentamiento entre hermanos solo hay un paso.

El punto es que el mérito, ese perfil que señala que usted tiene valores para un cargo por virtud de sus créditos personales, académicos, profesionales, intelectuales, culturales y la experticia pasan a un segundo plano o simplemente a ninguno; y el peso político de la lealtad al régimen, la adulancia a un jefe, el lamesuelismo a un pendejo que está ocupando un cargote al que arribo sin meritos también, el jalabolismo sin ningún tipo de medidas o escrúpulos, tiene más valor en una dictadura o autocracia.

Y eso tiene una justificación. En las dictaduras el merito, que es conocimiento, experticia, trayectoria académica y profesional; significa también para los sátrapas tener que enfrentarse a la justificación, a los argumentos, a los escrúpulos; es decir al cumplimiento de la ley y a la adecuación de los valores y principios de vivir en una sociedad atenida a los convencionalismo; en cambio la lacra del demérito y la desviación permite la virada, la irregularidad, las lesiones y las maculas que sobrevienen a las carencias, las privaciones y la escasez que derivan de vivir y ejercer al margen de la ley. De allí a la ineficiencia y al delito solo hay un paso y eso es lo conveniente a estos regímenes.

Las dictaduras y autocracias sobreviven al filo de la navaja del delito y la inescrupulosidad, y necesitan secuaces que las acompañen en sus viajes delictuales, con sus mismas taras e inmoralidades.

Esa es la justificación de ver en la Cancillería de la República a Nicolás Maduro, a Cilia Flores en la Presidencia de la Asamblea Nacional, a Luisa Estella Morales en el Tribunal Supremo de Justicia, a Clodosvaldo Russian en la Contraloría General de la República, a Tibisay Lucena en el Consejo Nacional Electoral, a Gabriela Ramírez en la Defensoría del Pueblo o a un General Mata de Jefe de la Fuerza Armada Nacional y con el grado de General en Jefe; y así como estos, tantos otros de la nomenclatura chavista que han pasado por esos cargos con los mismos vacios profesionales, idénticas maculas personales e iguales embalajes de inescrupulosidad.

Si a ello le agregamos de referentes a Carlos Ilich Ramirez Sánchez (a) El Chacal; Saddam Hussein, Manuel Marulanda Vélez (a) Tiro Fijo y quien tiene una estatua detrás de Miraflores; Raúl Reyes y su minuto de silencio en Consejo de Ministros; Omar Al Bashir, Presidente de Sudan con una orden de captura internacional; el pederasta de Nicaragua, Daniel Ortega; esa palomita currucucu en que han convertido en estos últimos tiempos a Fidel Castro; la magnificación a niveles irracionales de la figura del Che Guevara en todo el país; Muammar Al Kaddhafi y la otra casta paloma cubana que nos acaba de visitar el legendario Comandante Revolucionario Ramiro Valdez, ahora convertido en Virrey de la colonia cubana en que se ha convertido a Venezuela; no podemos dejar de concluir que el merito para tener un lugar en el altar revolucionario es ser un delincuente de siete suelas.

Ni hablar de los meritos del jefe mayor, el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías, cuyo referente más importante para acceder a la alta magistratura de la Presidencia de la Republica lo es un sangriento Golpe de Estado, el 4 de febrero de 1.992 con 300 muertos, la secuela de heridos y el retroceso político, económico y social que significa la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI, desde el 6 de diciembre de 1.998 hasta nuestros actuales días.

11 años de despilfarro, de corrupción, de inseguridad, de ineficiencia en los servicios públicos, de segmentación en la unidad nacional y de manirrotismo en mas un billón de dólares que han ingresado por concepto de la renta petrolera y que pudieran haber servido para contribuir a una distribución equitativa de la riqueza y a la generación del bienestar común en todos los venezolanos.

Son seres cuyos desenfrenos de corrupción personal y depravaciones profesionales les dan la licencia del escándalo y el libertinaje de la maldad y la podredumbre institucional. Solo así sobreviven, mientras los excesos de la disipación y la degeneración, hacen de caldo de cultivo, para que puedan seguir meneando el palito que le arrebatan en el día a día, a la ciencia, el arte y a la técnica que se ha cultivado y se seguirá cultivando en el conocimiento, que a fin de cuentas se impondrá…porque el tiempo de Dios es perfecto.

De sátrapas pequeños hasta sátrapas grandes, las caídas de las grande estructuras empiezan a caerse por pedacitos y poco a poco van desmadejándose hasta que el estrepito de todo el armatoste nos señala, que cayó completa en todo el esplendor de la alegría, de saber que el futuro estaba allí, en un bloque inestable que la sostenía, una viga que la armaba y estaba podrida, una base inestable que se mecía al viento o simplemente en la que se había construido una realidad aparente de una locura circunstancial.

Porque eso son las dictaduras y las autocracias, ficciones levantadas sobre la irracionalidad de la ignorancia.

La escritura del Deuteronomio en el Viejo Testamento se amplía con bastante precisión cuando se refleja "Mas es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad esta cerca, ya se apresura lo que les está preparado" Deuteronomio 32-35

Los tiempos de cuaresma, son tiempos de Judas, de traiciones, de pasiones, de las 30 monedas, de entregas, de coronas de espinas y de crucifixión; pero también de arrepentimiento extremo hasta pasar el mecate por encima de la higuera y debajo del cuello, cuando las culpas arrinconan a los traidores, de los arquetipos de la sociedad que los recibió con los brazos abiertos.

El tiempo de quienes menean el palito revolucionario ya se terminó en su bochinche de instrumentos y su escándalo pendenciero esta vomitando sus últimos compases ayunos de política y de orden. Ya se están empezando a dar los pasos hacia quienes saben mover la batuta con la armonía de ritmos y las cadencias para reorientar a Venezuela hacia la sinfonía de la democracia, la paz, la libertad, la soberanía y la independencia.

11 años de Revolución Bolivariana y de Socialismo del siglo XXI, han demostrado hasta más no poder que el demérito del país en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales, académicos y científicos, se ha ido hasta los confines decimonónicos con sus matices de ignorancia y de atraso; que los hombres eméritos han brillado por su ausencia en el respaldo a esta revolución de albañal y con un buen surtido de detritus sociales emboinados; y que el mérito que más ha patrocinado los credenciales de la nomenclatura chavista, ha sido el prontuario delictivo y sus morbos personales y profesionales.

En síntesis, la comunión de los rojos rojitos con el mérito, es la misma que tuvo el Benemérito Juan Vicente Gómez, durante 27 años con la idea de una democracia forjada en el trabajo, la unión y la paz.

¡Trabajo en las carreteras, unión en las cárceles y paz en los cementerios!