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jueves, 11 de marzo de 2010

ROMULEROS, JOVITEROS Y CALDERISTAS.

Hace poco leí un comentario de un dirigente político en Twitter, en el cual se refería a los partidos políticos como un mecanismo de intermediación social "insustituible".

La expresión surgió en una de esas discusiones de la web 2.0 en las que muy pocos de los integrantes de la nomenclatura política local se atreven a asomarse.

Demás está decir que un grueso contingente de tuiteros se agrupó espontáneamente en contra de la expresión y convirtieron en una buena batalla, el debate que se articuló en torno a la expresión.

Esas ventanas de la sociedad en que se han convertido las redes sociales, son una suerte de respiradero de la sociedad civil arrinconada por el régimen y la oposición; y permiten discrecionalmente a los usuarios con un nivel de criticidad y opinión bien formada; ir ocupando unos espacios discretos cuantitativamente, pero alargados en la cualidad y la contundencia argumental.

Pocas figuras, salvo contadas excepciones, se aventuran a lanzarse al ruedo de estos foros para debatir con los participantes. En esos espacios, las reglas del juego son horizontales y dilatadas en las jerarquías; y el riesgo de un revolcón dialectico es tan seguro, que los baños de popularidad tecnológica se revierten en suplicios intensos para los aventureros. Es preferible hacer mutis por el foro.

Es cierto que los partidos políticos son insustituibles hasta el momento, como instrumentos de intermediación entre la sociedad y el poder; pero esa cualidad no puede ni debe transferirse a priori a sus líderes. La renovación y remozamiento del liderazgo es vital para esas organizaciones políticas y para su proyección en el tiempo. Cuando estas se supeditan a los personalismos, sus estructuras sucumben y se entierran con las coyunturas políticas que van surgiendo.

La historia política contemporánea está llena de esos ejemplos en la Venezuela del Pacto de Punto Fijo.

La muerte del periodo político anterior, sustentado en los cuarenta años de la democracia representativa y formalizado por la suscripción del acuerdo firmado en la Quinta Punto Fijo por Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jovito Villalba es el mejor referente para consolidar el párrafo anterior.

Quienes vivieron sufragando en las tres primeras elecciones desde el año 1.958, por las tarjetas amarillas de Unión Republicana Democrática (URD) lo hacían por el tribuno de Pampatar. El partido empezó a languidecer, en la misma medida que el maestro Villalba lo hacía físicamente. Desaparecido Jovito, su organización política pasó a la historia de los partidos políticos en Venezuela.

El error de los urredistas, fue haber amarrado la vida organizacional del partido a la figura del Doctor Jovito Villalba y no haber abierto los caminos para la reorganización política, conceptual y doctrinaria del partido a las exigencias de la coyuntura. Eso, cerró el camino de la renovación y relevo en el liderazgo.

Unión Republicana Democrática (URD) fue la primera baja mortal del Pacto de Punto Fijo.

La segunda baja en el tiempo, con heridas profundas y pase a la retaguardia, la materializó Acción Democrática. El desagüe de su juventud con la aventura de la guerrilla castro comunista de los años sesenta, la división del año 1.968 y la aparición del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) con el liderazgo de Luis Beltrán Prieto Figueroa y la muerte del líder fundador Rómulo Betancourt en 1.981 abrieron el camino a los personalismos dentro del partido. El carlosandresismo, el lusinchismo, el lepagismo, el alfarismo, etc. abrieron frentes internos que fueron menguando la capacidad de lucha de la organización y extenuaron sus procesos de renovación de la doctrina y la organización.

El partido se desnaturalizó conceptualmente; los dos periodos presidenciales ganados en secuencia con Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez (II) en lugar de convertirse en ventajas estratégicas y tácticas para las oportunidades de crecimiento y renovación, abrieron los cauces para la antipolitica, en la cual las heridas políticas abiertas con la muerte del líder fundador, se acentuaron y postraron a las demás organizaciones, junto con el Partido del Pueblo.

Cuando Carlos Andrés Pérez (II) fue despojado constitucionalmente de la banda presidencial, desmovilizaba con la sanción a Acción Democrática y la enviaba a la Zona del Interior, más allá de la reserva. El combate político para el partido del pueblo adquiría otra noción y otra dinámica. La pausa de los procesos de corrupción, las medidas económicas, el tecnicismo de los IESA BOYs del paquetazo y los arrinconamientos militares de los golpes de estado del 4 de febrero de 1.992 y 27 de noviembre de 1.992; sacaron a la luz pública la figura del mesianismo militar.

Hugo Chávez terminaba de quitarle las banderas a Acción Democrática y lo terminaba de desarmar política y organizacionalmente. La consigna de "freírle la cabeza a los adecos en aceite" tuvo un eco significativo en los Juan Bimba del pan en la blusa y el 6 diciembre de 1.998, Acción Democrática y los errores de la semana previa a las elecciones, rindieron las armas a la Revolución Bolivariana y al Socialismo del siglo XXI. No hubo necesidad del caldero, los propios errores adecos entregaron las elecciones al teniente coronel del 4 de febrero de 1.992.

La tercera y última baja rindió sus armas y estandartes a partir de la entrega de la primera presidencia del Doctor Rafael Caldera. Los personalismos en Copei, más allá del representado por la propia figura del líder fundador, se incrementaron desde el mismo momento de la famosa convención copeyana en el Radio City. La famosa figura del hombre del maletín – que puede aparejarse con la del gordo Antonini y su famosa maleta – en el año 1.972 para imponer la candidatura del Doctor Lorenzo Fernández por encima del liderazgo del doctor Luis Herrera.

Los espacios para los partidos políticos en esta coyuntura han sido ocupados por organizaciones e individualidades ajenas a los partidos que han sabido responder a las exigencias de la sociedad civil. Estudiantes, gremios, productores, comerciantes, Organizaciones no gubernamentales, militares activos y retirados, industriales, empresarios en general, vecinos y esa masa nucleada en torno a los consejos comunales; han ido desplazando poco a poco de los espacios reservados a las organizaciones políticas que no han sabido interpretar el momento político ni la coyuntura.

Once años de chavismo, equivalentes en el liderazgo anterior al seguimiento romulero, calderista y jovitero del Pacto de Punto Fijo, han servido para ratificar que los caudillismos de cualquier origen son el más pernicioso germen de la destrucción del corporativismo organizacional y en particular de los partidos políticos. Pero además, abren una oportunidad para que el proceso de recuperación de los partidos políticos, en una etapa post Chavez, sea el camino de la recuperación de la democracia.

Los números que han ido alimentando las encuestas de este último semestre así lo confirman. Las organizaciones políticas se ubican por debajo de las tendencias de las individualidades, de las figuras antipartido, de los indiferentes y abstencionistas históricos.

En la medida que los liderazgos que representan formalmente a las organizaciones políticas, alienten decisiones para reconocer e interpretar los números de las encuestas y cedan temporalmente los espacios de las candidaturas, sin fracturas ni traumas políticos que atenten contra la unidad de la oposición en el venidero proceso electoral del 26 de septiembre de 2.010, sus proyecciones de crecimiento se potenciaran exponencialmente. Esa es la exigencia de la coyuntura.

Cuando se le abren espacios prioritarios en las candidaturas de lista o circuitales a los presos políticos, a los representantes de ONGs, empresarios, productores, periodistas, estudiantes, militares retirados, artistas, etc.; por encima de los representantes de las organizaciones políticas, el gran ganador es el partido político.

En la medida que los partidos abran sus puertas e inviten a todos los sectores de la sociedad para que se monten en su plataforma organizacional y pongan a la orden de esta, sus maquinarias de captación y preservación del voto, en esa intensidad se nutrirán directa e indirectamente de las fuerzas sociales y recogerán los dividendos políticos para iniciar un proceso de recuperación organizacional, necesario y vital para la vida democrática de Venezuela.

No se trata de establecer comparaciones entre los liderazgos de Rómulo, Jovito y Caldera en su desarrollo democrático y su contribución a la democracia civilista de los vituperados cuarenta años previos a la revolución bolivariana, con el de Chávez.

Se trata de estimular para hacer un esfuerzo desde el seno de los partidos políticos, que aliente la incorporación dentro de sus respectivas plataformas, de los liderazgos emergentes que están surgiendo desde la sociedad civil; sin ningún ánimo de secuestrarlos y condicionarlos a la dinámica interna. Mientras no sea así, la antipolitica será la bandera que se enarbolará desde la oposición al régimen, los partidos continuaran estancados y el chavismo continuará ocupando un espacio reservado a las organizaciones.

Mientras el espíritu de Romuleros, Joviteros, Calderistas y ahora Chavistas mantenga cerrados los espacios de la participación a los nuevos liderazgos locales y regionales que pujan por subir de escalafón en las venideras elecciones a la Asamblea Nacional del 26 de septiembre de 2.010, los grandes perdedores continuaran siendo los partidos políticos. En la medida que se nieguen a interpretar las necesidades de la gente y a darle el verdadero significado a los números de las encuestas continuaran en un descenso en las simpatías de los electores.

¿Insustituibles? ¡Hasta el momento se ha demostrado que las figuras de la sociedad civil pueden ocupar los espacios de los partidos políticos!