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martes, 13 de abril de 2010

11A

Próximo como está, un nuevo aniversario del 11 de abril de 2.002, es bueno hacer una mención desde la óptica de los 8 años transcurridos desde esa jornada cívico-militar.

Realmente ha sido mucha la literatura surgida a la luz de las interpretaciones periodísticas, las entrevistas en medios a algunos protagonistas, las declaraciones televisadas ante la comisión designada por la Asamblea Nacional y otros buenos libros que han tratado de recoger la verdad de los acontecimientos que se desencadenaron en la tarde de ese jueves y concluyeron en horas de la madrugada del 12, cuando el Alto Mando Militar, por la vía del Inspector General de la Fuerza Armada Nacional, el General en Jefe Lucas Rincón anuncio al país que la institución armada le había solicitado la renuncia al señor presidente… "la cual acepto".

Más allá de las versiones y sin el ánimo de desmentir nada de lo que ha corrido ante la opinión pública sobre esa memorable fecha, lo válido en este momento es cotizar la fuerza de un acontecimiento cívico y militar que colocó fuera del poder al Teniente Coronel presidente y que mas allá de eso se potencia en la más grande alternativa de presión para forzar el retorno de los fueros constitucionales y democráticos de la republica, en una coyuntura política como la actual.

No en vano, el temor más representativo del régimen de la Revolución Bolivariana y del Socialismo del siglo XXI es aquel que materializa a la gente en la calle, reclamando sus derechos conculcados y haciendo expresión de la Constitución Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela.

En 8 años, los venezolanos hemos vivido la experiencia de tramontar tres referenda importantes para la vida política del país y otros ejercicios de naturaleza electoral que han servido de aportes cívicos y manifestaciones constitucionales para los venezolanos.

El primero, realizado el 15 de agosto de 2.004, cargó con la esperanza mayoritaria de los demócratas de revocarle el mandato presidencial a Hugo Chávez; la desafortunada gestión de liderazgo de aquella oportunidad dio al traste con la voluntad, el entusiasmo y el interés que se arrastró desde los días de la calle del 11 de abril de 2.002. El anuncio de Francisco Carrasquero en la madrugada del 16 de agosto, con los resultados contrarios, se llevó con la decepción, la sorpresa y la tristeza un despecho de frustración endosable completamente al liderazgo de la Coordinadora Democrática.

En diciembre de 2.005, para el proceso de las elecciones parlamentarias, la estrategia de La Abstención, que inicialmente contó con el aval, el entusiasmo y la aprobación de la mayoría; no dispuso de otra complementaria que soportara y animara el activismo y la movilización de calle. Después de haber matado el tigre se le tuvo miedo al cuero. Otro error estratégico endosable al liderazgo de aquella oportunidad…que por cierto sigue siendo el mismo de estos tiempos.

Un año después en diciembre de 2.006, las elecciones presidenciales ratificaron en la presidencia, para un nuevo mandato constitucional hasta el 2.012 a Hugo Chávez. Por segunda vez, la posibilidad de desalojar de Miraflores al Teniente Coronel presidente se deslizó entre una pésima campaña electoral, un candidato con limitaciones en la conexión con el electorado y un liderazgo político sin credibilidad. El mensaje no llegó al pueblo y nuevamente la frustración y el desaliento arrinconaron a la inmensa mayoría de los venezolanos.

En mayo de 2.007, un error táctico del gobierno, con el cierre de Radio Caracas Televisión activó el movimiento estudiantil en todo el país y arrinconó a las fuerzas del orden; el régimen para eclipsar la coyuntura política de la calle y para evitar la reedición de un nuevo 11 de abril de 2.002, planteó una decisión estratégica con una reforma constitucional a través de 69 artículos de la Carta Magna. El 2 de diciembre de 2.007, en horas de la noche, después de un forcejeo comunicacional y la presión abierta de la Fuerza Armada Nacional el primer mandatario aceptó "la victoria pírrica y de mierda" de las fuerzas democráticas. La derrota electoral referendaria le permitió a Hugo Chávez abrir la espita de la presión de la calle e impedir un revolcón cívico y militar como el de aquella tarde de un jueves de abril de 2.002, cuando estuvo fuera del poder por 36 horas. Todo no paso más allá de unos nudillos raspados e hinchados de dolor contenido y una pared manchada de piel presidencial sanguinolenta. El poder se mantenía aún.

El 23 de noviembre de 2.008, en las elecciones regionales, le permitió a las fuerzas democráticas alcanzar algunos espacios importantes a nivel de gobernaciones y alcaldías. El régimen aun se resentía de la derrota referendaria de diciembre de 2.007 y decide contraatacar el 15 de febrero de 2.009. La propuesta de la enmienda constitucional mediante la cual se modificaba el artículo 230 de la Constitución Nacional para garantizarle al presidente la reelección vitalicia era una respuesta a las victorias opositoras de diciembre de 2.007 y noviembre de 2.008. El liderazgo de oposición no tuvo las respuestas pertinentes, oportunas, necesarias y proporcionales y el descalabro en los resultados referendarios de esa ocasión, generaron el desconcierto y la frustración nuevamente en las fuerzas democráticas. La posibilidad de reeditar un 11 de abril de 2.002, nuevamente era enterrada por el régimen.

Leídas así, todas las experiencias electorales, democráticas, constitucionales y pacificas; surgidas posteriormente a los eventos del 11 de abril de 2.002; se han constituido en unos importantes referentes para la construcción de una solida alternativa de cara a la experiencia próxima; las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre de 2.010.

En el entendido que en este momento, existen razones de sobra para contraponer y equilibrar al Ejecutivo en una futura Asamblea Nacional; indicativos como los altos niveles de inseguridad, el alto costo de la vida, el bajo poder adquisitivo de los venezolanos, la ineficiencia en la gerencia de servicios públicos tan importantes como el agua y la electricidad, la corrupción generalizada, el aislamiento internacional del gobierno bolivariano; y las señales de conexión con gobiernos forajidos y el terrorismo internacional; alcanzar una importante cuota en la Asamblea Nacional debe ser una meta para todas las fuerzas democráticas del país.

Hay voluntad, entusiasmo e interés en todos los venezolanos, para participar en el venidero proceso electoral; de hecho se percibe como mayores interesados a los sectores oficiales, para que el control hacia lo interno del régimen opere eficientemente.

Pero además, la posibilidad de que Hugo Chávez y su claque revolucionaria deban rendir cuentas a la Constitución Nacional, a la republica, a la nación y a la sociedad en general abre una inmensa contingencia a que los eventos posteriores al ejercicio electoral del referéndum aprobatorio de la reforma, en la noche del 2 de diciembre de 2.007, se reediten; de allí el porqué Hugo Chávez ha convertido en una cantaleta aquello de "si ganan la Asamblea Nacional vienen por mi".

De allí la importancia de recordar los eventos del 11 de abril de 2.002, la fuerza de la gente en la calle, la presión en Miraflores y los pronunciamientos militares que concluyeron en la breve salida de Hugo Chávez del poder. Esa es la enseñanza más importante de la tarde de ese jueves.

Ojalá que la noche del 26 de septiembre de 2.010, todo no pase más allá de unos nudillos presidenciales raspados por una pared e hinchados de dolor físico e impotencia política; y esa jornada electoral no se convierta en un nuevo 11 de abril de 2.002.