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lunes, 19 de abril de 2010

EL INCA VALERO

La tragedia del Inca Valero es la tragedia de los venezolanos. La imagen del Presidente Hugo Chávez haciendo amagos de intercambiar golpes ante las cámaras de televisión en el Alo Presidente, con el fallecido boxeador es el día a día político de la Republica Bolivariana de Venezuela. Los venezolanos diariamente intercambiamos golpes con el Presidente.

Ni hablar de la entrevista a todo trapo que le dio a José Vicente Rangel en su programa dominical de televisión donde lo elevó a niveles de ejemplo y de representatividad de la Venezuela actual ante el mundo.

No es el ánimo de esta crónica, hacer leña del árbol caído; sobre todo cuando ese árbol era un emblema de la revolución roja rojita, en la línea oficial del régimen de reivindicar los laureles boxísticos de Edwin Valero como propios de un gobierno y un régimen que se ha levantado a fuerza de golpes, de heridas, de violaciones a los derechos y de ataques a los más débiles, tal cual como lo fue la vida personal del Inca, fuera de los ensogados. Ni siquiera hacer una defensa de nada del drama absurdo de las palizas a la mamá, la esposa, las amenazas a la policía y los periodistas que cubrían sus habituales escándalos públicos.

Se trata de hacer una valoración objetiva del caso del Inca a la luz de la realidad política del país. Edwin Valero fue una consecuencia del drama político que están viviendo los venezolanos en estos últimos once años de Revolución Bolivariana y Socialismo del siglo XXI.

No fue su culpa, pudiéramos decir en descargo de las responsabilidades que habitualmente se le alivian a los muertos – por aquello de que todos los difuntos en su urna son buenos – pero la justicia, con todo el peso que pudiera inducirse de sus responsabilidades que están a la vista, debe cargar sobremanera para sentar un precedente que se lleve por delante a más de uno en el caso del expediente de Edwin Valero suicidado y de su esposa asesinada.

Dinero y poder en las manos menos indicadas son un gran riesgo. Esos elementos siempre han estado en la mano de nuestros boxeadores bendecidos por la victoria. La historia pugilística del país tiene referentes bien abultados y el peor de ellos es el de Vicente Paul Rondón, el espigado boxeador de Rio Chico que murió en la indigencia y la locura de su propio desenfreno de alcohol y drogas.

¡La bendición a Foster y que me traigan a mi mamá! Resumió al final su trayectoria deportiva y la experiencia de su vida fuera de los cuadriláteros en las palizas que le daba a la autora de sus días.

El Inca fue el emblema deportivo de la Revolución Bolivariana y del Socialismo del siglo XXI después del fo político que lanzaron Oswaldo Guillen, Maglio Ordoñez y otros atletas que se embelesaron inicialmente con el régimen y los silbidos amorosos que se lanzaban desde Miraflores por la via de Hugo.

El Inca calzaba perfecto con la hechura del hombre nuevo revolucionario y podía convertirse en una referencia dentro de los depauperados y desdentados que escalaban dentro del régimen. Más allá del tatuaje de la cara presidencial en el pecho con la bandera tricolor de 8 estrellas, las actitudes públicas y su desparpajo para continuar admirando al Teniente Coronel Presidente y su revolución, lo hicieron uno de los pocos atletas profesionales forrado de dólares que aún se animaba a corear los supuestos logros revolucionarios.

El Inca boxeador era el Chávez político, mas allá del parecido físico, se trataba de reivindicar el surgimiento de un pobre y las oportunidades que le había abierto la revolución para tener acceso al dinero y al poder. Chávez era Valero y hacia allá debían de orientarse las inducciones de la enorme maquinaria de propaganda del régimen. De allí la aparición del campeón mundial con su orgullosa faja en el programa de televisión presidencial en cadena y la posterior aparición en el programa de José Vicente Rangel en Televen. Mejor mercadeo de la imagen del hombre nuevo revolucionario, por los dos hombres mas poderosos del régimen, imposible.

Los excesos vinieron posteriormente. Como con Hugo, Edwin no vio los límites, ni respetó los convencionalismos, ni las normas, todo lo solucionó a fuerza de billetes y el poder que estos daban. Los valores y los principios, esos paredones que se levantan en el hogar, en la escuela, en las relaciones con las amistades, en la universidad y que sirven de canales para permitir la convivencia en la sociedad y ajustado a las normas; fueron débiles y bajitos, y si a ello le agregas el abrazo del poder con la fuerza de la televisión – Hugo en Alo Presidente y Jose Vicente en Jose Vicente hoy – lo que venía era por añadidura. De allí a pedir "Que me traigan a mi mamá y la Bendición a Foster" era un solo pase de cocaína.

Si a ese contexto le agregas las honrosas distinciones de "Héroes Revolucionarios" a los homicidas del Puente del Llaguno, voceadas con toda la parafernalia oficial, la carta al Camarada Carlos Ilich Ramírez Sánchez (a) El Chacal, la estatua de Manuel Marulanda (a) Tirofijo en el 23 de Enero, el minuto de silencio para (a) Raúl Reyes en pleno Consejo de Ministros, la obsesiva elevación a nivel de santidad al fusilador del Escambray Ernesto Che Guevara, el anunciado busto de Fidel Castro en pleno centro de Caracas, la solicitud de beligerancia a la narcoguerrilla de las FARC, las vinculaciones oficiales con estados forajidos, la indiferencia de las damas del cortejo revolucionario (Fiscal, Defensora, TSJ, AN, etc.) ante los miles de muertos por la inseguridad en once años de revolución; imagínense ustedes que limitaciones morales y legales pudiera imponerse el Inca Valero a la hora de tener una trona de niveles siderales en una discusión intensa con su esposa.

Las barandas morales de Edwin Valero se las desmontaron Hugo Chávez y José Vicente Rangel, ambos con un prontuario sobre los hombros. Aquel con las muertes del 4 de febrero de 1.992 y las del 11 de abril de 2.002 y este con su homicida vinculación encubierta en los diez años de la fallida experiencia de la guerrilla de los años sesenta. Lo demás lo hizo la ignorancia del Inca, el contexto político del país y la podredumbre social que ha venido incubándose desde la Republica Bolivariana de Venezuela en la sociedad y en la nación en general. De allí al homicidio, es decir a sentir que el poder del dinero le permitía disponer de la vida de los demás, era un paso que desafortunadamente para su esposa lo dio la madrugada del 19 de abril de 2.010 en un hotel de Valencia en la antesala de la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia.

¿Es la tragedia del Inca Valero la de todos los venezolanos? ¡Por supuesto! El régimen ha demostrado en once años su incapacidad para hacer una justa distribución de la riqueza y para generar bienestar a todos los venezolanos sin hacer algún tipo de distinción. Vivimos en una permanente guerra contra un imperio, contra los colombianos, contra los pitiyanquis, contra los escuálidos y alentamos desde las mismas esferas de poder la desunión de los venezolanos. Pero además hemos sido incapaces de conseguir y construir alternativas viables para solucionar entre todos el grave problema político que nos acosa y hostiga a fuerza de golpes, de violencia y de muertes cada día.

Lo peor es que la solución a este drama va a pasar por muchos Inca Valero, que a fuerza de dinero se han levantado de la nada en la Revolución Bolivariana, a través de una política planificada y alentada desde el alto gobierno.

¡Ojala que la incapacidad de los factores democráticos que adversan al Socialismo del siglo XXI, demostrada en la articulación de una alternativa viable en estos últimos tiempos, se levante por encima de esta experiencia dramática del boxeador Edwin "Inca" Valero, uno de los logros de la Revolución Bolivariana.