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lunes, 22 de noviembre de 2010

UNA RESPUESTA A LA PASTORAL DE CARRATU

Frankestein

Señalando(Por considerar que esta carta, remitida el 14 de diciembre de 2.007 al VA Carratú Molina, tiene alguna vigencia en este momento; la estoy repitiendo en el blog)¡Chócala!

 

«En la obra literaria de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft Shelley “Frankenstein o el moderno Prometeo” un joven suizo estudiante de medicina obsesionado por conocer los secretos entre el cielo y la tierra; y en su afán por desentrañar "la misteriosa alma del hombre" crea un cuerpo a partir de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados. El experimento concluye con éxito cuando Frankenstein le da vida al monstruoso cuerpo.»

Ciudadano
Vicealmirante Mario Iván Carratú Molina
En el ciberespacio

Tengo el deber de dirigirme a usted en la ocasión de hacerle referencia a su “pastoral” y por supuesto a la respuesta que hace el también Vicealmirante German Rodríguez Citraro. De antemano debo decirle que esta será una larga epístola y aunque no estoy obligado a hacerlo porque no soy el destinatario original, si soy el consignatario directo; en primer lugar porque fui y sigo siendo militar por convicción y formación y aún me afecta todo lo que tenga que ver con las Fuerzas Armadas Nacionales y en segundo lugar, porque soy testigo directo de muchas de las cosas a que se aluden en ambas correspondencias y cualquier valoración elemental desemboca en que aquellos polvos de la incompetencia, la ineptitud, la intriga, la cobardía y el oportunismo de los mandos militares de aquella oportunidad, trajeron los barros de la Revolución Bolivariana en los que se encuentra atascada Venezuela.

Por ambos lados estoy afectado como muchos de los venezolanos que no se sienten identificados con este proceso político, pero que cada vez que emergen de los albañales institucionales de las Fuerzas Armadas Nacionales, historias como las que usted sugiere en la misiva y la que abiertamente desentraña el Vicealmirante Rodríguez, los militares profanos de aquella época encuentran punto de apoyo para justificar a Chávez y su carnaval político y los “civiles” dejan lugar en su capacidad de asombro para medir el rol institucional de la corporación militar de la vituperada Cuarta Republica.

Cada vez que se desentrañan historias menudas, que aún no son del dominio publico en su plenitud, hay espacio sobremanera para el asombro para los “civiles” y para un grupo numeroso de militares que desconocen ese periodo que arrancó desde 1.988 hasta 1.998 con la llegada de Chávez al poder; se le consigue espacio también para argumentar y justificar el ascenso político de Hugo Chávez; pero mas allá de eso, como en los intríngulis la plataforma conspirativa de Hugo Chávez fue ocupando espacios dentro del Ejercito, mas que por las virtudes organizativas y el esquema de seguridad de la conspiración, por la incompetencia de los generales del Ejército de la ocasión, por la ineptitud organizaciónal, por la postración servil de los elementos militares de los organismos de inteligencia estratégica del estado, por la cobardía de otros, por el oportunismo intrigante y maniobrero de un grupito de generales y almirantes que de “notables” degeneraron en el gran tumor organizacional que concibieron y que se va magnificando en la medida en que Hugo Chávez va avanzando con su revolución bolivariana.

Es “notable” a estas alturas de la Revolución Bolivariana, que toda la historia del 4 de febrero de 1.992 no se ha contado aún. Queda bastante tela para cortar en la elaboración de ese traje histórico para ese pasaje de patria boba que abarca diez años desde 1.988, en la etapa culminante del gobierno de Jaime Lusinchi y la victoria de Carlos Andrés Pérez, hasta el 6 de diciembre de 1.998 con la victoria electoral de Hugo Chávez Frías.

Cuando realmente se levante la alfombra y observemos el detalle de la cronología de los hechos, la secuencia de los eventos, la presencia de los personajes protagonistas y los de reparto, las tramas que se urdieron, el aparato escenografito, los nudos que se formaron bajo el manto de la intriga, la pasión, la maniobra y la zancadilla para llegar al poder (Miraflores, el Ministerio de la Defensa o los Comandos Generales de Fuerza, etc.); Tom Clancy, John Grisham, Agatha Christie, Isaac Asimov o en todo caso nuestro José Ignacio Cabrujas quedarán como niños de pecho ante la capacidad de imaginación y la fertilidad en la generación de eventos novelescos de nuestros generales y almirantes de esa década, que se convirtieron en realidad por virtud de la ignorancia, la soberbia y la cobardía de quienes debían tomar decisiones. Una perfecta tragicomedia.

Es tal la dimensión de la basura organizacional acumulada debajo de la alfombra de la historia en esa década, que aún muchos de los protagonistas (civiles y militares) continúan medrando en los pocos intersticios que dejan otros zamuros bolivarianos de convicción original.

El 26 de octubre de 1.988 un sorprendido Doctor Simón Alberto Consalvi, entonces Presidente de la Republica, encargado por un viaje al exterior del Dr Jaime Lusinchi, observo preocupado como al frente de su oficina un escuadron de tanques Dragoon al mando del Mayor José Domingo Soler Zambrano, ocupaba posiciones frente al edificio del Ministerio de Relaciones Interiores en la esquina de Carmelitas y se desplegaba para maniobrar.

Este incidente, que a la larga originó un breve periodo de prisión para el Mayor Soler no fue investigado en toda su magnitud y lo expreso con la propiedad de descargar cualquier desarrollo lógico del incidente, que aún veinte años después no ha sido posible expresarle a la opinión publica. Yo estuve en esa ocasión en la Ayudantía de la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército y puedo dar fe que mas allá de la salida candorosa de las “tanquetas” como coloquialmente se denomina en la opinión publica a las unidades militares de esas características; desde Fuerte Tiuna hasta el centro de Caracas, las decisiones que se tomaron no estuvieron sustentadas en una investigación contundente con la determinación de responsabilidades desde el Mayor José Domingo Soler Zambrano, pasando por el Comandante del Batallón de Tanques Ayala, el Comandante de la 31 Brigada de Infantería, el Comandante de la Tercera División de Infantería hasta llegar al Comandante General del Ejército, sin obviar cualquier derivación de las responsabilidades hacia otros niveles no incluidos en la línea de mando.

Eso no ocurrió así y por simple y elemental solidaridad entre los generales y almirantes de la época, el Mayor Soler hizo el papel del “chinito” de Recadi. Para apuntalar, los remito a aquel incidente del 28 de mayo de 1.987 del aterrizaje de una avioneta en plena Plaza Roja de Moscú en plena guerra fría. Esa aventura donairosa y ocurrente de Mathias Rust en un vuelo de película, le costó 4 años de prisión (Mas tarde fue indultado) y el descabezamiento de toda la estructura militar desde el Ministro de la Defensa Serguei Sokolov, el Comandante de la Defensa Aérea Alexander Sulkonov por incapaces, hasta los responsables por operar los radares.

Si se hubiese hecho una “notable” investigación en aquella oportunidad, estableciendo las responsabilidades hasta el nivel a que hubiere lugar, sin limitaciones de ninguna clase, la historia hubiese sido otra; a lo mejor el General de División José María Troconis Peraza hubiese sido Ministro de la Defensa o ratificado en el cargo, o el General de División Juan José Bastardo Velásquez, entonces Inspector General del Ejercito hubiera reemplazado en el Ejército al General Troconis Peraza. En todo caso, creo sin lugar a equivocarme que la historia institucional del Ejército y por supuesto de las Fuerzas Armadas Nacionales y del país, hubiese sido otra si las investigaciones del incidente del 26 de octubre de 1.988 se hubieran profundizado.

Hasta el momento, ese episodio de la movilización de un escuadrón de tanques Dragoon, originado por una supuesta llamada del General Bastardo Velásquez, Inspector General del Ejercito, directamente al Mayor Soler Zambrano, Segundo Comandante del Batallón de Tanques Ayala, con un recorrido desde Fuerte Tiuna hasta la Avenida Urdaneta, en tiempo record y sin haberse disparado las alarmas de seguridad correspondientes, en ninguna de las instalaciones de los organismos de seguridad del estado, continua siendo un misterio para la gran mayoría de los venezolanos. Yo estoy notablemente claro en esos hechos.

El 4 de Febrero de 1.992 yo estaba haciendo el XXXIII Curso de Comando y Estado Mayor en la Escuela Superior del Ejército. Debo decir que fui sorprendido como la mayoría de mis compañeros de curso por los acontecimientos que se habían desencadenado el día anterior. Ese mismo día en la tarde fuimos invitados varios compañeros de curso por el Ministro de la Defensa el General de División (Ej.) Fernando Ochoa Antich a la casa ministerial para intercambiar sobre los eventos del golpe de estado. El canal para la invitación fue el entonces Capitán Fernando Falcón Veloz, quien hacia las veces en el Ministerio, de ayudante personal del ministro. Recuerdo presentes entre otros a Raúl Baduel, Méndez Orozco y otros. Entendí, de esa reunión que el General Ochoa quería conocer de primera mano y con profesionales militares de nivel intermedio (Teniente Coroneles y Mayores) y con capacidad y criterio político, las impresiones del golpe militar que aun no había sido controlado por completo a pesar de que ya el teniente Coronel Chávez estaba en ese momento en la Dirección de Inteligencia Militar rindiendo declaración..Debo confesar que en ese momento no apelé a la malicia para estructurar una conclusión contundente sobre los objetivos de esa reunión. Quince años después, puedo disponer de una notable deducción después de poner a encajar cada pieza histórica en el lugar que corresponde.

Previa a esa reunión, ya todos los oficiales del Ejército de la Guarnición Militar de Caracas, habíamos asistido a una reunión explicativa en el Teatro de la Academia Militar de Venezuela; donde un lloroso y compungido (Literalmente, lo certifico) Comandante general del Ejercito, el General de División Pedro Remigio Rangel Rojas; públicamente y con lagrimas hipeantes se lamentaba de haber visto truncadas sus aspiraciones de llegar al Ministerio de la Defensa, por la aventura de un grupo de muchachos del Ejército. No hay que olvidar que el dia 3 de febrero de 1.992 en horas del mediodía el Director de la Academia Militar de Venezuela, el General de Brigada Delgado Gainza y el Capitán Gimon se le habían presentado en su despacho y lo habían informado del golpe, el General Rangel con esa información en la mano no tomó ninguna decisión, no ejecutó ninguna acción ni dicto alguna orden; sin embargo fue ratificado en el cargo después del incidente; incluso finalizo su tiempo de servicio activo al frente del Comando General ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿De quien?

Los días posteriores al golpe, el Ejercito ordenó hacer una investigación en todos los ordenes y unas evaluaciones institucionales para ponderar las debilidades, para detectar el hueco corporativo a través del cual, los valores y principios democráticos del Ejercito Venezolano, Forjador de Libertades se habían desangrado. Recuerdo como puntas de lanza de esa iniciativa del componente al entonces Coronel Raúl Salazar Rodríguez, al Mayor Fonseca Sandoval y al Mayor y Sicólogo Ray Figueroa. Mas de trescientas (puedo equivocarme en el numero) detenciones ocasionó el golpe del 4 de febrero de 1.992, especialmente en los niveles de oficiales subalternos y con lo mas exclusivo en materia profesional, dentro de la fuerza. Profesionales excelentemente calificados y con una trayectoria institucional impecable, los primeros de su promoción y mejor referidos dentro de sus unidades estuvieron comprometidos en la felonía. Es justicia reconocerlo y puede ser que ello privó a la hora de tomar decisiones de irlos reincorporando paulatinamente a la institución, sin cargos de comando; pero ello a la larga demostró que fue un error de naturaleza estratégica que privó para las posiciones militares y políticas que actualmente ostentan todos ellos y que sirven de soporte interno en la Fuerza Armada Nacional a la Revolución Bolivariana.

En todo caso, lo importante es que del 4 de febrero de 1.992 se derivan unas responsabilidades institucionales atribuibles a generales y almirantes (Especialmente al Alto Mando Militar) de la época y seria bueno, visto el actual estado de cosas en la Republica Bolivariana de Venezuela y el camino por el cual nos lleva arreados el Teniente Coronel Hugo Chávez, que sus integrantes tuvieran la fortaleza institucional, el valor cívico y el coraje personal de endosarse públicamente sus debilidades como jefes. ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿De quien?

El 26 de marzo de 1.994 Hugo Chávez Frías fue indultado por el Presidente Rafael Caldera. Tenia el anciano presidente en la primera magistratura apenas dos meses ejerciendo y primera decisión de estado que tomó, fue lanzar a la calle a Hugo Chávez Frías. Pero con el mismo impulso que indulta a Chávez, designa en el Consulado de Venezuela en Vigo al Teniente Coronel Jesús Urdaneta Hernández, al frente del PAMI al Teniente Coronel Francisco Arias Cárdenas y el Teniente Coronel Jesús Miguel Ortiz Contreras y para el Ministerio de Infraestructura al teniente Coronel Joel Acosta Chirinos. Cuatro Reyes de la baraja de la Revolución Bolivariana en el gobierno de Caldera y el mono (Joker) del mazo llamando a la abstención inicialmente y luego presentándose victoriosamente en la contienda electoral de 1.998.

Entiendo que cada vez que se va a indultar a un preso militar debe oírse la opinión de las autoridades judiciales y penales en los niveles correspondientes; seria bueno leer para formarse un buen juicio critico para la posteridad, la postura del juez de la causa, del director del anexo militar de Yare, del Director de Justicia Militar de esa oportunidad, del Comandante de la Guarnición Militar de Caracas, del Presidente de la Corte Marcial de aquella oportunidad, del Comandante General del Ejercito, del Alto Mando Militar, del cuerpo de generales y almirantes del año 1.992. Que bueno seria leer la opinión en aquel entonces del General de División Fernando Ochoa Antich, del General de División Carlos Peñaloza Zambrano. ¿Hubo alguna posición institucional por parte del Cuerpo de Generales y Almirantes del año 1.994? ¿Fue cierto que el General de División Raúl Salazar Rodríguez le envió un carro oficial a Hugo Chávez para que presenciara el desfile militar del 5 de julio de 1.995 en la Avenida Los Próceres? ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

El 6 de diciembre de 1.998 Hugo Rafael Chávez Frías gana limpiamente las elecciones presidenciales con un amplio porcentaje de votación sobre su mas cercano competidor, el Señor Luis Alfaro Ucero. La expresión de Hugo Chávez en uno de sus mítines públicos de “tener una mano en la calle y otra en los cuarteles” estaba fundamentada en que así como se había ganado a la opinión publica con potencialidad electoral, dentro de los cuarteles había estructurado una Alto Mando Militar, desde el mes de julio que funcionaba a la sombra y encabezado desde Washington por el General de División Raúl Alejandro Salazar Rodríguez, entonces Agregado Militar en Estados Unidos. Formaban parte de ese Staff militar ad hoc, el General de División Noel Enrique Martínez Ochoa en el Comando Unificado de las Fuerzas Armadas, el General de Brigada Víctor Cruz Weffer en el Comando de la Tercera División de Infantería y Guarnición Militar de Caracas y otros jefes militares en los otros componentes, que fueron a integrar la estructura cupular de las Fuerzas Armadas Nacionales, después del 2 de febrero de 1.999. Lo medular de esto, es que los espacios ocupados paulatinamente por los quinta columnas institucionales nucleados en torno al grupo numeroso de profesionales militares comprometidos con Hugo Chávez en el golpe del 4 de febrero de 1.992 (Los reincorporados y los que no salieron) y los segregados por las estúpidas decisiones político militares que le inducia el General de División Rubén Matías Rojas Pérez a su suegro el Presidente Caldera para favorecerse en los cargos; le permitieron al General Salazar Rodríguez y sus seguidores, estructurar una organización de reacción en caso tal de que los resultados electorales no favorecieran a Chávez o que habiéndolo favorecido estos no le fueran reconocidos. Es allí donde surge, la historia absurda del Golpe de Estado orquestado por Rojas Pérez y de la cuál fui afectado directamente junto con un grupo numeroso de profesionales militares.

Era yo en esa oportunidad Comandante del 82 Regimiento de Apoyo Logístico “José María Carreño”, una de las unidades militares mas importantes del Comando Logístico, desplegada en la ciudad de Caracas y cumpliendo una misión de reserva durante el Plan Republica de esa ocasión. Bajo el mando de casi 3.000 hombres y con una maquinaria operacional lista para el combate, si se hubiesen activado los supuestos contemplados en la planificación, especialmente el que se refería a la desestabilización por los seguidores del candidato Hugo Chávez y específicamente los que formaban parte de las Fuerzas Armadas Nacionales, mi estructura de Comando y Estado Mayor estuvo lista para actuar sobre la plataforma de mis decisiones, mis acciones y mis ordenes. Debo hacer abstracción de falsa modestia y humildad, pero en aquella ocasión me esmeré en los detalles de mi planificación y creo que tenia cubiertas todas las hipótesis de planificación que normalmente surgen en el juego de guerra, cuando se realiza una apreciación. Afortunadamente, todo no pasó de las tensiones propias de un momento de expectativa y al otro día reuní mis unidades y las arengué en el sentido de reconocer el nuevo tiempo institucional que se iniciaba. Dos meses después estaba entregando el cargo operativo y se me asignaba a un cargo administrativo sin ningún tipo de posibilidad de proyección profesional y con el sambenito de arrastrar una supuesta participación en un golpe de estado que, para desgracia mía, realmente quienes lo tenían montado están haciendo gobierno en este momento. Son testigos de esto los entonces Teniente Coroneles Hugo Armando Carvajal Barrios, administrador de la unidad; Ramiro Acosta Chirinos, Jefe de Operaciones de la Unidad y Carlos Alcalá Cordones, observador operativo enviado por la Escuela Superior del Ejercito; hoy todos ellos son generales de la republica y con vara alta dentro del régimen.

Lo medular de esto es que un grupo de Jefes Militares de la mas alta graduación le hicieron la cama institucional dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales al candidato Hugo Rafael Chávez Frías, sin que eso signifique objeción a su triunfo electoral, mas por lo errático de sus decisiones y sus omisiones, que por la pertinencia y precisión de las acciones de los infiltrados. ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

Lo demás, después del 6 de diciembre de 1.998 hasta nuestros actuales días, es historia harto conocida y el poco margen desconocido puede agotarse haciendo un ejercicio de realidad y hacerle seguimiento a la trayectoria de cada uno de los protagonistas de esa década, que debe pasar por un capitulo de patria boba.

Mientras mas aclara el panorama el general Ochoa Antich para justificar sus decisiones del 4 de febrero de 1.992 y responder a las imputaciones publicas de su taimada y socarrona participación en la felonía Chavista; mas abre caminos para la duda y la vacilación; y abre muchos senderos para los reparos a sus medidas, pero mucho mas a sus omisiones. La Escuela Superior del Ejercito y en general todos los institutos de formación y capacitación militar, hacen mucho énfasis en el proceso de toma de decisiones; es obvio que un análisis elemental al desenvolvimiento del General Ochoa Antich en aquella ocasión del 4 de febrero de 1.992, deja bastante espacio para el lápiz rojo, a no ser que lo haya hecho exprofeso.

Un articulo publicado por el General Ochoa en Opinión y Análisis el 14 de mayo de 2.005 en Analítica.com señala claramente su responsabilidad al expresar
"el general Carlos Julio Peñaloza, el día que recibí el ministerio de la Defensa me visitó acompañado por el mayor Orlando Madrid Benítez. Este oficial le había informado de unas reuniones supuestamente conspirativas que, desde hace algunos meses, se realizaban en la Escuela Superior del Ejército. El propio general Peñaloza, acompañado por mí, había informado sobre ese hecho al presidente Pérez, antes de entregar el Comando del Ejército,
A los pocos días, el presidente Pérez y yo evaluamos esta información. No la consideramos suficiente para tomar medidas disciplinarias. Debe recordarse que ese grupo ya había sido investigado sobre hechos más concretos como fueron la noche de los tanques y el rumor sobre un posible golpe durante las elecciones para gobernadores y alcaldes en diciembre de 1989, sin podérsele demostrar nada.”

Esto es rigurosamente cierto, tan cierto es que el Mayor Orlando Madriz Benítez aun permanece asilado en Estados Unidos desde aquella oportunidad por el temor a las represalias y era la segunda vez que entregaba evidencias de la conspiración de Hugo Chávez dentro del Ejército, eso me consta porque yo estaba de Ayudante en la Comandancia General del Ejercito. Sin animo a polemizar, pero este articulo del General Ochoa Antich es un mea culpa, lo que yo no se es la profundidad y hasta donde llega el nivel de compromiso. Lo que ocurrió posteriormente, las interioridades, la estructura, los ensambles y otras cosas escabrosas que pudieran achacársele al General Ochoa en esto del 4 de febrero de 1.992 da para escribir toda una biblioteca de Alejandría.

En relación al famoso Grupo de Los Notables dentro de la institución militar, sin animo de hacer una calificación al mismo para no prejuiciar y generar posturas tendenciosas en la apreciación, al hacer una valoración de sus integrantes, lo que esta a la vista no necesita anteojos, no hay lugar a dudas que algo debe estar oliendo mal en Dinamarca:

El General de Brigada Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, compañero de promoción del General Ochoa Antich, fue el General quien en compañía del Ingeniero Fernán Altuve Febres y por instrucciones del Ministro de la Defensa se dirigió al Museo Histórico Militar a negociar la rendición de Hugo Chávez el 4 de Febrero de 1.992. Hoy es uno de los cerebros dentro del Consejo Nacional Electoral, estratega de comicios y sufragios; y responsable de todo lo que tenga que ver con el registro electoral desde hace años. Fue el factótum del General Ochoa durante su época ministerial y Venerable Maestro de todos los triunfos electorales del Invicto de Sabaneta.

El General de Brigada de la Guardia Nacional José Nicolás Albornoz Tineo, compañero de promoción del General Ochoa Antich es actualmente miembro del Estado Mayor Presidencial, reincorporado por merced de la gracia presidencial, disfruta de la cercanía y las bendiciones del Presidente Hugo Chávez Frías y es responsable directo de todas las decisiones político militares que surgen del Comandante en Jefe. Arquitecto de la intriga, Summa Cum Laude de las componendas, Supremo armador de los chanchullos y contubernios del grupo, era la inteligencia al servicio del mal, el cerebro gris de todo. Ayer, un gran estructurador de la red de los emplastos del grupo para armar las cabezas de playa ante Lusinchi, Carlos Andrés Pérez y Caldera; hoy, esta sentado a la derecha del Dios Padre omnipotente de la Revolución Bolivariana.

El General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, fue Comandante General del Ejercito, conoció de la denuncia de la conspiración de Hugo Chávez mientras este fue oficial de planta en la Academia Militar de Venezuela y él, Director del instituto. Durante su ejercicio como Comandante general del Ejercito ordenó una investigación a nivel de la Inspectoría General del Ejercito en el año 1.989 en la que tuvo participación el General Ochoa Antich como Comandante de la Tercera División de Infantería y el General Heinz Azpurua como Inspector General del Ejercito; mas tarde le consignó al entonces Ministro de Relaciones Interiores el Dr. Alejandro Izaguirre para que le hiciera llegar al Presidente Carlos Andrés Pérez los resultados de esa investigación. Por una diferencia con el Presidente Carlos Andrés Pérez relacionada con la adquisición de municiones para el Ejercito, donde estuvo involucrada la tristemente celebre Gardenia Martínez y el jefe de seguridad de CAP, el señor Orlando García; sale del cargo en junio de 1.991 y lo entrega al General de División Pedro Remigio Rangel Rojas, mientras que Ochoa pasa de la Tercera División al Ministerio de la Defensa y Heinz Azpurua se va de la Inspectoría General del Ejercito a la Disip. No tengo evidencias a la mano para confirmar la especie que circula en el sentido de que, luego de haber iniciado la investigación formal para imputar a Hugo Chávez Frías y sus camaradas de conspiración, el general Peñaloza Zambrano junto con sus socios de grupo se montaron paralelamente en la conspiración, dejándole el trabajo sucio a Hugo Chávez. Si fue así, craso error en el que se embarcaron al subestimar al teniente coronel. La historia se ha encargado de estrujarle a él y a quienes han subestimado a Chávez, que esa no era no la opción.

Repito, carezco de la suficiente contundencia documental y de mucha información de terceros; pero hay unas realidades que dan paso a muchas especulaciones y que ponen entredicho la responsabilidad del general Peñaloza en ese entonces y hasta el momento. En la trayectoria académica e institucional de las funciones dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales se enseña que la responsabilidad en los cargos es antes, durante y después. Es verdad, el General Peñaloza develó la conspiración chavista antes de asumir el cargo de Comandante General del Ejercito, la enfrentó durante su ejercicio como jefe del componente; pero después de entregar su cargo y mucho antes de generarse la crisis del 4 de febrero de 1.992, hizo mutis por el foro; y aún a estas alturas del proceso de consolidación y profundización de la Revolución Bolivariana, su mutismo comunicacional y su sigilo publico es notorio. ¿Tiene algo que aportar para el conocimiento y la interpretación del proceso histórico y político de la década transcurrida entre 1.988 y el 1.998? ¡Por supuesto! ¿Por qué no lo hace? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿Cohabitación? ¿Entendimiento?

El General de División (Ej.) Carlos Rodolfo Santiago Ramírez , ex embajador del Gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela en Colombia, eterno aspirante al despacho del Ministerio de la Defensa. Arriba al chavismo, mas que por convicción y consecuencia con sus arquetipos ideológicos y conceptuales, por elemental sentido de lo practico. Arribista compulsivo y trepador consuetudinario, pero carente de las formas y la inteligencia que rezuman José Nicolás y Santeliz; fue el centro de la diatriba en julio del año 1.991, por su enfrentamiento con el General Ochoa por el cetro del quinto piso del Ministerio de la Defensa. Todos los presentes costosos y exquisitos, incluidos cuadros de alta factura, que llegaron al palacete de El Marques por la mano de la señora Marbella, para obsequiar a Cecilia Matos y a Doña Victoria, se quedaron fríos, ante la gran calentera del General Santiago Ramírez, por la designación de Ochoa en el despacho de la Defensa. En todo caso, el tiempo se ha encargado de demostrar que ambas decisiones (Ochoa en la realidad y Santiago en un supuesto) no eran felices ni acertadas por parte del Presidente Pérez.

El Vicealmirante German Gustavo Rodríguez Citraro fue otro integrante del grupo. Yo recuerdo aún, sus entradas ostentosas y faraónicas al despacho del Comandante General del Ejercito en los años 1.988 y 1.989, esgrimiendo su Cohíba Presidente de 14.000 bolívares la unidad y certeramente guillotinado, con su alba indumentaria de marino. No conozco la trayectoria profesional del Vicealmirante Rodríguez Citraro, pero de su paso por la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) en esos años turbulentos y críticos desde 1.984 hasta 1.989 si se pueden inferir algunas cosas que se extraen con las pinzas institucionales y con criterios eminentemente incisivos.

 

El Vicealmirante era director del organismo de inteligencia durante la famosa noche de los tanques a que hice alusión en párrafos anteriores, yo también como usted ratifico que ese episodio no fue lo suficientemente investigado y la mejor ratificación de eso es que el único responsable citado fue el mayor Soler, el menos comprometido. La complicidad y el interés a que hace cita usted en su “pastoral” es lo que quedó en el ambiente de aquella ocasión y aún flota en los pasillos de la Comandancia General del Ejercito, de la Inspectoría General del Ejercito y de la Jefatura del Estado Mayor General del Ejercito.

 

Una opinión que nunca ha sido tomada en cuenta y que sería interesante consultarla, seria la del General de División Juan José Bastardo Velásquez, entonces Inspector General y a quien con ese evento le mataron en la cabeza el gallo de sus aspiraciones en el Ejercito. ¿Quién salió afectado? ¿Quién salió beneficiado? Repito, para este incidente yo he cubierto sobremanera desde la primera oportunidad, todas las preguntas que pudieran planteárseme.

El Vicealmirante Rodríguez en la respuesta a usted, le indica que el arrime a los políticos en la vituperada Cuarta Republica era exclusivo de los profesionales militares del Ejercito y la Guardia Nacional. Eso es tan absurdo y estúpido como alimentar la tesis de los astigmatismos estratégicos (Los navales son los que ganan la guerra desde una posición cómoda, los aviadores son los papaupa porque doblegan la voluntad del enemigo, los del Ejercito son los chéveres porque conquistan el terreno, etc.) y aquella tesis de que los del Ejercito son brutos, los de la Armada finos, inteligentes y “culitos”, los aviadores son “civiles” y los guardias son corruptos; sin embargo se contradice mas adelante cuando reseña la manera como utilizo la escalera de su familiar el Doctor Simón Alberto Consalvi para ascender al grado de Contralmirante.

Estoy completamente seguro que ese episodio no se investigo a profundidad, si es así como lo dice Rodríguez Citraro de que se hizo una investigación y se presentaron unas recomendaciones; entonces la misma fue mal orientada y las recomendaciones fueron chucutas, porque el único “chinito” fue Soler. Es así tan de cierto, que casi 20 años después todavía no se tiene una precisión de los responsables de aquella aventura ni sus alcances y si es cierto que ello fue un coletazo inicial de lo que hizo crisis el 4 de febrero de 1.992, con mucha mas razón el Vicealmirante Rodríguez esta errado. Yo estoy muy claro.
Coincido plenamente con Rodríguez Citraro en que en ese periodo comprendido entre 1.980 y 1.990 fue perverso donde…
“Lamentablemente fue imposible hacerlo (Lo que tenían que hacer el grupo de notables para el fortalecimiento de la institución armada) en ese oscuro período de descomposición que se produjo en la Institución Armada a finales de la década de los 80 y principios de los 90, reflejo del deterioro general ocurrido en el país, propiciado por una dirigencia política corrompida e incapaz, cuya cabeza perversa Caldera/Alfaro Ucero, extendió sus tentáculos hacia la institución armada fragmentando y destruyendo cualquier posibilidad de alcanzar aquel objetivo de mejora de la institución militar y concluyó con las peleas intestinas y acusaciones de todo tipo en los Altos Mandos de las cuatro Fuerzas, principalmente en el Ejército y en los intentos de algunos Jefes Militares, incluidos Ministros de la Defensa para imponer sus "Proyectos Políticos", hasta llegar al golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Lo ocurrido después cuando este dúo de políticos ancianos perversos se aliaron para iniciar el principio del fin, es harto conocido de todos nosotros”.

Este párrafo de la carta del Vicealmirante Rodríguez Citraro es un mea culpa de mayor intensidad al del General Ochoa de los párrafos anteriores. Si el grupo de oficiales generales y almirantes de la etapa comprendida entre 1.988 y 1.998, no fueron capaces de hacer las evaluaciones correspondientes, de presentar las apreciaciones estratégicas y los consiguientes estudios para ilustrar al Comandante en Jefe (Llámese Lusinchi, Pérez o Caldera) sobre la situación interna de las Fuerzas Armadas Nacionales y el posterior proceso de descomposición institucional (Estamos hablando de Ministros de la Defensa, Comandantes Generales de Fuerza, Directores de Inteligencia, etc. integrantes de esa logia llamada Los Notables) allí esta la clave de porque Hugo Rafael Chávez Frías filtró abiertamente su proceso conspirativo con la complacencia del grupo, la simpatía de los cófrades y el deleite de los ilustres e iluminados compañeros de armas, como siempre fueron calificados los integrantes del Grupo Los Notables.

Entonces es valido concluir, que Hugo Rafael Chávez Frías es hechura maliciosa, tendenciosa, sibilina y velada del General de División (Ej.) Carlos Julio Peñaloza Zambrano, ex Comandante General del Ejercito en el periodo 1.989 – 1.991, del Vicealmirante German Gustavo Rodríguez Citraro, Director General Sectorial de Inteligencia Militar en el periodo 1.984 – 1.989, del General de División (Ej.) Fernando Ochoa Antich, Ministro de la Defensa entre 1.991 y 1.992; y de los otros integrantes del grupo de Notables, quienes no ocupaban cargos cupulares en la organización militar, pero si tenían poder e influencia en las decisiones que se tomaron en ese periodo. Todo eso arrastra una maraña de complicidades siniestras, de connivencias a la luz de la luna, de complots bajo el aullido lastimero de los perros y de alianzas maquiavélicas de toda laya, que contribuyeron a remendar y estructurar eso que se llama Revolución Bolivariana.

Con la llegada de José Vicente Rangel al Ministerio de la Defensa, le he conseguido explicación a unas misteriosas y furtivas salidas de un ex comandante general del Ejército, solo y sin ningún margen de seguridad personal, para dejarle en el buzón de la casa de Miguel Ángel Capriles sobres de Manila con información privilegiada relacionada a la adquisición de material de guerra, para ser publicadas en los diarios de la Cadena Capriles y provocar una guerra comercial entre los Perros de la Guerra; posteriormente ese mismo sobre, con esa misma mano se iba luego a la casa de José Vicente Rangel en La Florida para alimentar la columna de Jotavé “Los hechos y los días” en el diario El Universal. ¿Como se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

Lo que se estimuló artificialmente como una conspiración política y militar para la toma del poder político; no pasaba mas allá de un gran montaje que se le vendía a los presidentes y comandantes en jefe de turno, para motivar las compras militares de la ocasión y las consecuentes comisiones y al mismo tiempo para orientar y canalizar las decisiones presidenciales hacia unos jefes militares pertenecientes al grupo. Mientras eso ocurría, Hugo Chávez se desenvolvía a sus anchas con su conspiración a cielo abierto con el regodeo de los jefes militares y el paladeo orgiástico de futuras posiciones de poder. Y allí entramos en el terreno de la subestimación con la que siempre los generales y almirantes observaron al grupo de bolivarianos, pretendiendo darle cancha para que estos hicieran el trabajo sucio y luego aquellos encaramarse de acuerdo a la oportunidad y el tiempo estratégico.

A propósito, me llama poderosamente la atención que entre los políticos culpables de la desinstitucionalización de las Fuerzas Armadas Nacionales, el Vicealmirante Rodríguez Citrato no incluya a Jaime Lusinchi y su Evita de alpargatas, la señora Blanca Ibáñez.

Como se ve, mi almirante, aun quedan cosas en aire en las que no se ha logrado establecer una estructura coherente y armónica que le de sentido y dirección a los detalles, pero en general la gran mayoría coincide en que todo este proceso político y militar que esta sufriendo el país actualmente, tiene una responsabilidad que desemboca irremisiblemente en el liderazgo de las décadas de 1.980 y 1.990, léase generales y almirantes; todos han sido mencionados en esta extensa carta y faltan muchos.

Esta misiva no pretende ser una pastoral realmente y si una contribución modesta al esclarecimiento de muchos episodios políticos y militares.

En la novela de la creación del monstruo “El moderno Prometeo”, la autora Mary Shelley refleja un terror mucho peor que el monstruo en si; la desmedida ambición de Víctor Frankenstein, su creador. Cualquier analogía con la realidad política, social, económica y militar del país se hace con la mas pura intención.

Mis saludos y mis respetos, mi almirante.

 

ANTONIO MARIA GUEVARA FERNANDEZ

Coronel (Ej.)