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jueves, 24 de febrero de 2011

HUELGA DE HAMBRE

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Este texto lo voy a escribir con el mismo cuidado de quien camina descalzo ante un reguero de vidrios rotos. Lo que pudiera ser el blanco de una crítica completamente constructiva en torno a la coyuntura política del país y los protagonistas del ultimo acontecimiento de presión frente al régimen de la Revolución Bolivariana y el socialismo del siglo XXI, así lo exige; los jóvenes de la huelga de hambre ante la sede de la OEA, algunas capitales del país y algunas embajadas acreditadas en la República Bolivariana de Venezuela.

Lo digo de entrada, porque hacer un juicio ante una iniciativa de un sector de la sociedad venezolana tan sensible como los jóvenes, quienes han tenido tanta significación y protagonismo en eso de enfrentar al régimen puede dar margen para descalificar lo que desde este lado consideramos un aporte eminentemente constructivo, pero además para contribuir a abrir los ojos en términos de la evaluación de los resultados de lo que fue la huelga de hambre, una propuesta política que tomó una vanguardia venezolana para exigir al régimen una serie de requerimientos en materia de derechos humanos. Veamos.

En estos últimos veinte años ha habido la experiencia de subestimar a Hugo Chávez. Desde sus inicios en la conspiración hacia lo interno de los cuarteles, los altos jefes militares y políticos desestimaron el potencial de la conjura y se han conseguido de frente con cualquier cantidad de realidades que no habían estimado dentro del abanico de sus posibilidades.

El desdén por las informaciones útiles y oportunas de los años 80 que describían la magnitud de la conspiración política y militar que se avecinaba, desembocó en el 4 de febrero de 1.992. La historia de ese complot y la participación de los verdaderos personajes políticos, grandes empresarios, editores de medios, figuras del sector económico y militares de alto rango con todas sus interioridades, hasta este momento no han terminado de contarse.

El desprecio en el trato a la liberación de los principales jefes militares del 4 de febrero de 1.992, los argumentos banales exteriorizados para justificar la libertad del Teniente Coronel Hugo Chávez en marzo de 1.994, llevaron a su victoria electoral en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1.998.

Desde su llegada a la primera magistratura hasta nuestros actuales días, han transcurridos 12 años y aun sentimos (Lo digo en primera persona del plural porque es casi general el sentimiento) la incapacidad de Hugo Chávez para sostenerse al frente del régimen y la ligereza en el proceso de toma de decisiones aguas adentro de la revolución.

Craso error. Dicho esto vamos a analizar lo de la huelga de hambre.

La huelga se inicia en plena crisis de los levantamientos populares en el medio oriente. El desenlace de la crisis política en Túnez y Egipto; y la ebullición que ha venido levantándose en los desórdenes de calle en Libia que han puesto de salida al hermano Muammar Al Gaddafi, más el creciente descontento social que se ha manifestado en las protestas laborales de este último mes obligó al régimen a poner la atención a la huelga de los jóvenes.

Los jóvenes tenían como bandera una serie de requerimientos que se resumen así:

1. Visita al país del Sr José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos.

2. Visita al país de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos

3. Libertad para los presos políticos

4. Regreso al país de los exiliados políticos

5. Cese de la persecución y el hostigamiento a la disidencia

Para el gobierno, era prioritario desmontar la huelga y arrimar hacia la sardina de sus propósitos los mayores dividendos políticos. De eso se encargaría la enorme maquinaria de propaganda revolucionaria y la unidad de acción política y estratégica nucleada en torno al líder.

En primer lugar envió un negociador con carácter oficial, el Ministro del Poder Popular para las Relaciones interiores y Justicia, Tareck Al Aissami quien ablandó las posiciones para un eventual preacuerdo y finalmente le cedió la iniciativa al Canciller Nicolás Maduro quien adelantó la oferta definitiva del gobierno en la cual no estaba planteada la visita del secretario general de la OEA.

Al final los estudiantes levantaron la huelga de hambre después de una ofensiva comunicacional desarrollada por la avasallante maquinaria del gobierno en todos los frentes.

¿Qué lograron los jóvenes? ¿Cuál fue el resultado de los huelguistas después de 23 días de exigencia? Veamos.

1. El Diputado electo a la Asamblea Nacional Biagio Piieri logro una medida de libertad en un proceso judicial. La exigencia de la huelga le abrió al régimen el camino para salirse del enredo político y legal en que había convertido el juicio.

2. La posibilidad de la libertad para el General de División (GN) Felipe Rodríguez, el Ingeniero Silvio Mérida y el Capitán (Ej.) Otto Gebauer, quienes ya califican para beneficios procesales dentro de sus causas.

Lo demás no puede considerarse como logros, porque realmente no han pasado, hasta el momento de la redacción de este escrito, del nivel de promesas y ya todos conocemos como ha sido el gobierno en materia de concreción de ofertas.

¿Qué logro el régimen?

1. Interlocutores en los jóvenes de Juventud Activa Venezuela Unida (JAVU), desde los lejanos tiempos de los sucesos del 11 de abril de 2.002 el régimen no se sentaba a negociar políticamente.

2. Un baño de democracia, de dialogo, de negociación con la oposición política para desmentir los voceros que venden la idea de una dictadura cerrada a toda posibilidad democrática.

3. Dividir al sector estudiantil y juvenil avenido en protagonistas de estas iniciativas políticas. Las diferencias entre los integrantes de la organización que origino la huelga de hambre y el sector estudiantil se han exteriorizado a través de la web 2.0 (Twitter y Facebook la recogen con bastante expresión)

4. Distanciar el resto de los presos políticos que permanece detenido. Cuando el ministro Tareck señala tendenciosamente “los estudiantes reconocieron peticiones inconstitucionales” en una clara alusión de los casos de los comisarios del 11 de abril de 2.002, del diputado José (Mazuco) Sánchez y de los hermanos Guevara; abre una brecha emocional bien profunda entre estos presos políticos y sus familiares, y los jóvenes de la huelga de hambre.

5. Dividir a los exiliados políticos y sus causas, las cuales no fueron nombradas en ningún momento.

6. Reivindicar el funcionamiento de las instituciones al servicio de la Revolución Bolivariana. Cuando el ministro señala “el rol del funcionamiento de la autonomía de los poderes del estado” para negar la posibilidad de la revisión de otros casos está vendiendo al mundo la idea del respeto a la división de los poderes.

7. Cuando Tareck Al Aissami aplaude la actitud y la conducta responsable de Loren Saleth y Julio Rivas los desmoviliza y deslegitima en la posibilidad de futuras acciones de esta naturaleza. Las semillas de la discordia, el protagonismo y la discrepancia van incubadas hacia lo interno del movimiento juvenil y estudiantil con este reconocimiento oficial.

8. El gobierno desmonta la posibilidad de una iniciativa posterior de esta naturaleza. La experiencia de la huelga de hambre de Franklin Brito y su desenlace fue un golpe noble que contribuyó a consolidar la imagen de un régimen bárbaro, insensible y cruel.

9. Contribuir a debilitar el movimiento juvenil y estudiantil, la vanguardia de cualquier movilización que pueda contribuir a una derrota similar a la propiciada el 2 de diciembre de 2.007 en la propuesta de reforma constitucional.

10. Por último, el gobierno sabe la inconveniencia política de una movilización en este momento. Las ofertas hechas a los dirigentes de JAVU probablemente no van a pasar de eso, promesas que se irán diluyendo en el tiempo mientras el régimen gana el suficiente tiempo para maniobrar política y electoralmente con miras a los compromisos del año 2.011 y la batalla definitiva de diciembre del 2.012. Mientras tanto, puede darse el lujo de ceder un terreno abonado con muchas ofertas y ofrendas en el altar de la ingenuidad y el candor.

En la acera de enfrente a Hugo Chávez no hemos querido entender, que cada vez que se presenta una crisis en la Venezuela roja rojita de la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI, la maquinaria para gerenciar la contingencia pasa por salas situacionales a nivel de todos los organismos de seguridad del estado, donde se engranan todo género de especialidades; politólogos, sociólogos, economistas, sicólogos, encuestadores, publicistas, periodistas, militares, internacionalistas, etc. donde permanentemente se hacen apreciaciones de la situación en tiempo real para arribar a conclusiones y recomendaciones viables en la tarea más importante del régimen: Alargar la permanencia en el poder al Teniente Coronel Hugo Chávez.

Cuando se subestima esa realidad, se cometen errores. Cuando el Ministro Tareck Al Aissami se encaminó a negociar con los chamos de JAVU, llevaba una tarea bien precisa y ajustada a los lineamientos de la Sala Situacional de Miraflores, que es lo mismo que decir, los lineamientos de Fidel Castro. Si del otro lado no hay definición de propósitos, una clara línea política y una estrategia finamente diseñada, eso se va a estrellar contra la vectorizacion estratégica del régimen que está clara en su fuerza y su dirección.

A lo largo de los 52 años de revolución castro comunista han muerto en huelgas de hambre 12 cubanos que seleccionaron esta herramienta de lucha no violenta, para reivindicar el cumplimiento de derechos humanos fundamentales. Orlando Zapata Tamayo es la viva imagen de esa ofrenda. En Venezuela la entrega heroica de Franklin Brito desnudó al régimen en su crueldad e insensibilidad, pero la revolución continuó adelante.

Fidel Castro tiene 52 años enfrentado a la primera potencia del mundo y ha sobrevivido políticamente a los diseños estratégicos del imperio. Cuando nosotros subestimamos en este momento a Hugo Chávez, estamos subestimando a Fidel Castro.

¿Valió la pena el esfuerzo heroico de la huelga de hambre?

La relación del costo y el beneficio dice que no, es demasiado el riesgo y magros los resultados. Los jóvenes y el movimiento estudiantil son nuestra bala de plata y deben engranar en iniciativas políticas que levanten las banderas de la unidad antes, durante y después.

El camino de vidrios rotos mereció la pena atravesarlo, el futuro del país es lo que está en juego.