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lunes, 4 de abril de 2011

CHEO, EL MILICIANO



Hace poco mientras me desplazaba por una de las calles de mi pueblo, me conseguí de frente, dirigiendo el tráfico vehicular de una larga cola, ocasionada por un acto de calle para la promoción de la nueva ocurrencia revolucionaria del régimen de la Misión Agro Venezuela, a Cheo Torres; un paisano contemporáneo de escuela y generación.

Cheo interrumpió sus estudios para irse con sus sueños rebeldes y sus esperanzas de cambio a la guerrilla que se asentó y campeó en la Zaraza de los años de la década de los 70.

Con el uniforme de la Milicia Nacional Bolivariana, Cheo forma parte de ese mazacote organizacional barruntado en partido político que se ha convertido en estos tiempos de Revolución Bolivariana y Socialismo del siglo XXI, lo que en otra oportunidad fue una de las instituciones con mayor credibilidad en la opinión pública, las Fuerzas Armadas Nacionales.

Con “el patriota” verde oliva en el filo a punto de cortar, la media bota de campaña pulida hasta los cercos, la cristina en la visera horizontalizada, el canoso bigote certeramente afeitado en las comisuras y de acuerdo al reglamento, el corte de pelo banda blanca y la impecabilidad en el atuendo, era probable que Cheo Torres llevara en los bolsillos del planchado uniforme sus dos pañuelos, el peine y el cortaúñas de los lejanos tiempos del cadete que se formaba en los institutos de formación profesional de las viejas e institucionales Fuerzas Armadas Nacionales (FF.AA.NN) de la tan vituperada cuarta república.

No lo reconocí en las primeras de cambio hasta que me empujó con el saludo casi protocolario y formal cercano a la cortesía militar, con que se presentó.

.- ¡Mi Coronel, buen día¡ ¡Avance rápido que la cola se alarga¡ Me urgió respetuoso con el saludo militar mientras asumía una pose fingida de solemnidad castrense para tratar de imponer autoridad en la revuelta del tráfico de la Calle Las Flores en el cruce con El Carmen, mientras el alcalde local se lanzaba con un discurso cercano, de defensa a la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI y entre los temas que dragoneaba estaba el combate a la corrupción y la guerra - rodilla en tierra - para impedir el regreso del puntofijismo, mientras en la misma reunión, el General de Brigada Director del Círculo Militar, muy diligente y más político que militar, se afanaba en entregar planillas del registro en la Misión Agro Venezuela y otras informaciones del INTI.

Cheo Torres se alistó en la guerrilla rural que ya estaba boqueando por la fuerza de la institución armada a mediados del año 1.973, en la misma época que yo ingresaba a la Academia Militar de Venezuela. Cuando yo egresé como oficial, ya Cheo llevaba en su historial varias emboscadas contra patrullas del Ejército y quien sabe cuántos muertos.

Cuando la mayor parte del estado mayor guerrillero bajó de las montañas del límite entre Guárico y Anzoátegui, y se pacificó, Cheo se quedó en los montes cercanos a Zaraza merodeando y ejerciendo su violencia más acá de lo político e ideológico y revolucionario, y en la contigüidad del hampa y haciendo lo único que había aprendido en la primavera de sus años, el delito. Empezó a cobrar vacuna, a secuestrar y a ejercer la función de cuatrero abiertamente amparado en la condición de una guerrilla realenga y renegada que trataba de sobrevivir más económica que políticamente. Cheo era con todo el filo de la expresión… un delincuente común.

Hasta que ocurrió el 4 de febrero de 1.992 y Cheo Torres, mi amigo de la infancia, consiguió nuevamente un significado más perfilado de su violencia y se enamoró políticamente de un militar que apareció brevemente por televisión, ordenándole a sus secuaces en todo el país rendir las armas de la felonía “por ahora”.

Fue en esa oportunidad, en una de mis visitas al lar nativo que Cheo Torres me contó de su experiencia guerrillera, de su incorporación a la columna guerrillera, de los sueños en la flor de su juventud, de la formación política en el terreno y del duro desierto atravesado en el delito común para sobrevivir en la montaña, después de desperdigarse la columna, acosado por los organismos de seguridad del estado.

Desde esa oportunidad de los años 90, es que tuve conocimiento que Cheo Torres estaba en la acera de enfrente de los patrullajes militares que hacía en mis correderos de muchacho, cuando al frente de un pelotón de cazadores pasaba largas temporadas entre Zaraza, El Chaparro, Onoto, Santa María y Pariaguan.

Desde ese momento Cheo Torres del golpe de estado del 4F, enterró sus viejos fusiles de la milicia realenga y cimarrona, se reintegró a la vida política legal y empezó a trabajar para el entonces candidato a la Presidencia de la Republica, el Teniente Coronel Hugo Chávez.

.- ¡Qué bueno verlo, Mi Coronel! Cheo se esforzaba en aparentar una formación castrense que había sido empujada en los fines de semana de las concentraciones de la reserva ahora devenida en milicia legalmente. Mientras lo hacía, recordaba que yo le reconvenía su pasado en el delito y la derrota militar a las bandas armadas de las que formaba parte en las montañas del Guárico y Anzoátegui.

.- Mi Coronel…¿Y ahora quien derrotó a quién? La pregunta me la tiró con toda la mala intención Cheo Torres, cuando los carros de la larga cola, ya empezaban a atropellar con el corneteo, pero me dio tiempo a ripostarle mientras avanzaba con la mayor lentitud posible, para enfatizarle la respuesta.

.- Los derrotados son los entreguistas y oportunistas como ese general que está entregando planillas para oficializar las expropiaciones de fincas y la invasión de propiedades en plena producción, haciendo méritos ante el traidor de Miraflores y su revolución de pacotilla.

.- ¡No volverán, mi coronel! Fue lo último que le alcancé a oír mientras agarraba la velocidad de desplazamiento normal en la calle.

La historia de Cheo, el miliciano; es la versión oficial en pequeño, que se quiere vender de la realidad de la Fuerza Armada Nacional en estos tiempos revolucionarios.

El 2 de diciembre de 2.012, en las elecciones para Presidente de la Republica, Gobernadores y Alcaldes, las versiones de Cheo, el miliciano; organizadas, equipadas y adiestradas en torno a la Milicia Nacional Bolivariana en la ejecución del Plan República trataran de impedir la reafirmación de su derrota militar.