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domingo, 8 de mayo de 2011

VIDA, PASION Y MUERTE

Vida

Hay funcionarios públicos que se promueven a través de lo que hacen. Su desarrollo en la imagen de incompetente e inútil que se forma el colectivo, se monta sobre un absoluto desconocimiento de su responsabilidad para incumplirla y un gran desparpajo en el desprecio a la verguenza.

Eso es corrupción. La ignorancia en las responsabilidades asignadas para el cargo es una suerte de corrupción. De allí a la renuncia existe un salto bien corto; pero eso es demasiado en el manejo de la moral de estos funcionarios revolucionarios. Mientras peor cumplen sus responsabilidades, más se afincan al cargo y más se regodean de su propia corrupción.

Eso es consecuencia de una inversión en los valores públicos que han permeado desde los asientos personales. Elegimos funcionarios ayunos en valores, descalzos completamente de moral y sin ningún sentido de la ética. Las consecuencias las asume el pueblo en las ejecutorias que nunca llegan, en las obras inconclusas y en los contratos amañados que se van directo a plenar los bolsillos de los burócratas, el gañote de esos corruptos rojos rojitos y el estómago a reventar de carne de la gorda y güisqui del bueno (18 años) en rincones rumberos de alto costo.

Elegimos funcionarios para que se den la buena vida en restaurantes de lujo, como consecuencia de la pasión de las decisiones en las políticas públicas, mientras se expone a la muerte al pueblo, al soberano, al ciudadano de a pie.

Un buen ejemplo de esta antesala a la crónica, es la decisión de asignar 250.000 bolívares fuertes para mejoras a la sede de la Alcaldía del Municipio Pedro Zaraza, un dictamen completamente empujado por el entusiasmo del billete fácil y a cielo abierto, y con el ñemeo del negocio de un “vivo”. Eso no necesita de muchas luces para establecer una ausencia de prioridades. La fogosidad de esta decisión es el quiquiriguiqui.

¿A dónde irán a parar los saldos abundantes de este contrato?...En un buen churrasco, con abundantes papas fritas y un diluvio de tajadas, regado el trozo de carne por un buen güisqui de 18 o más años. Ese maratón de francachelas es habitual en los mejores locales del municipio y otras áreas turísticas de Venezuela, que sirven de desaguadero epicúreo y sibarita, a la diferencia buchona de los contratos que asignan para la ejecución de obras sin ningún tipo de prioridad en el municipio.

Mientras tanto…¿Qué reciben los zaraceños?

Una visita habitual al Cementerio Municipal, a cualquiera de los tres; sirve para concluir que así como la cultura de la muerte se induce desde las altas esferas a través del grito “Patria, Socialismo o Muerte”, el ¡Venceremos¡ se anida en la selva tropical y los parajes enmontados que se levantan hacia lo interno de esos recintos de la muerte, en un claro desafío a la competencia del funcionario responsable y a la vida de los deudos que habitualmente van a visitar las tumbas de sus familiares.

Así como hay una indiferencia ante la muerte, en estos últimos tiempos; la buena vida, la vidota, eso que está en la cercanía de linderos de lo placentero y lo mundano es lo característico de los boliburgueses y robolucionarios zaraceños.

Y no hay ningún tipo de pasión para calificarlos.