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domingo, 21 de octubre de 2012

LOS EROTIZADOS DE CHAVEZ

Los hombres que erotizo Chavez
¡Perdimos!… fue el único comentario que me surgió el domingo 7 de octubre a las 8 de la noche. Después de 14 años de experiencias electorales con la Revolución Bolivariana ya uno ha aprendido a leer de las conductas de nuestros líderes en ese momento en que se cierran las urnas, las mesas y los centros, y entramos en la espera de los resultados del primer boletín por el CNE.

Las risitas forzadas, los comentarios de doble sentido forzados por la prohibición de adelantar resultados proyectan la sensación de victoria o de la derrota, según sea el caso. Cuando el liderazgo se desaparece de las cámaras, también desaparece el optimismo en las masas y el animo se entierra a niveles del subsuelo. De allí al anuncio oficial solo median la desesperanza y en un brinquito se entra en la desconfianza.
Así ha sido durante 14 años. Cuando los niveles de la desconfianza alcanzan cotas respetables, estos se llevan por delante el liderazgo que nos representa. Sobre todo si este, en lugar de asumir su responsabilidad por la derrota dispara por mampuesto y desde la cintura contra quienes exigen cuentas y no precisamente las del Gran Capitán. De eso hay un rosario de historias.

Primero fue el chasco con Arias Cárdenas, luego la debacle del Referendo Revocatorio con Enrique Mendoza, las elecciones de diciembre de 2.006 y Manuel Rosales; hasta este evento del 7 de octubre de 2.012 y la estrepitosa derrota de Henrique Capriles Radonski. Eso sin incluir en el inventario político el 11 de abril de 2.002, la Plaza Altamira, el Paro de diciembre de 2.002, la abstención del año 2.005 y otras realidades de estos 14 años.

En todos esos episodios ha habido ausencia de explicaciones. Un mea culpa de los lideres y sus fracasos ha sido el aldabón ausente que ha caracterizado cada jornada.

Desde 1.998 la oposición ha pasado por el liderazgo de Henrique Salas Röhmer (Elecciones del 6 de diciembre de 1.998), Francisco Arias Cárdenas (Elecciones del 30 de julio de 2.00) , la triada de Carlos Ortega, Pedro Carmona y Héctor Ramírez Pérez (11 de abril de 2.002), Enrique Medina Gómez (Plaza Altamira), Enrique Mendoza (Referendo Revocatorio del 15 de agosto de 2.004), Manuel Rosales (Elecciones del 3 de diciembre de 2.006) y ahora Henrique Capriles Radonski.

En todos estos lideres coyunturales y sus fiascos políticos en general, no ha habido explicaciones, no se ha asumido responsabilidades y cuando han dado alguna explicación dejan en el aire todo genero de dudas.
El liderazgo entraña riesgos que pasan por la cárcel y el cementerio. Cuando se acepta dirigir un grupo en coyunturas como la de estos últimos 14 años, la libertad y la vida se ponen en juego.

¿De que valió el exilio de Manuel Rosales? ¿Qué sentido tiene ir al exilio a esperar que el relevo en Venezuela haga el trabajo que no hicimos? ¿Cuál es la relación del costo político del inmenso esfuerzo físico de Henrique Capriles durante la campaña electoral y el beneficio para la oposición de lanzarse como candidato a la gobernación de Miranda? ¿Premio consolación? ¿Y si pierde?

Nelson Mandela salió de 27 años en la cárcel a ser presidente de Sudáfrica y encabezó un proceso de reconciliación de su país, aun sangrante por el siniestro régimen del Apartheid.

¿Por qué la oposición debe aceptar esta conducta de los lideres?

Uno lee y relee el excelente libro de Luis José Uzcategui y Eleonora Bruzual “Los hombres que erotizó Fidel” (Editorial Los Libros de El Nacional, Colección Fuera de serie) y le es inevitable asociar lo que se dice en sus magnificas crónicas con lo que esta ocurriendo en el país.

Ante cada evento electoral y su natural consecuencia en la derrota, es sospechosamente increíble los argumentos que se exteriorizan desde la oposición para justificar lo injustificable. En ese ritornelo cuestionable tenemos más de veinte años.

Lo que se inició desde los lejanos años de la década de los ochenta con la subestimación al entonces Mayor Hugo Chávez por los mandos militares de aquella ocasión, pasó por el desdén de un Presidente de la Republica (Carlos Andrés Pérez) a los señalamientos tibios y los informes sesgados de los jefes militares de aquel entonces al golpe del 4 de febrero de 1.992, y por la yunta que conveniente y ventajosamente estableció un ex presidente (Rafael Caldera) con ambiciones de repetir en Miraflores, a contravía de su propia creación política y de los postulados constitucionales del texto que él mismo refrendó en 1.961.

Eso, sin olvidar la crema de la crema de la intelectualidad acunada en los cenáculos académicos y políticos conocida como Los Notables que sirvieron de trampolín para la llegada al poder del Teniente Coronel Hugo Chávez.

¿En donde reside ese desaforamiento sensorial de algunas elites para desvincularse de la realidad y obligarse a pensar, reflexionar y concluir de manera errática y en círculos?

¿Hasta donde las conductas de estas natas políticas, académicas, intelectuales, sociales, económicas y culturales han sido arrastradas por una chavezmania que los limita en la racionalización?

Y por ultimo ¿De que manera el erotismo ideológico de algún sector de la oposición ha mutado en un amor político que los empuja a cohabitar con el marido que les pega y argumentar de manera primaria? Sobre todo en eso de asumir sus responsabilidades.

Siento que nuestras elites políticas en eso de enfrentar las responsabilidades derivadas del liderazgo han sido erotizadas y hasta idiotizadas por Hugo Chávez hasta una contigüidad escamada de otras deleznables.

No tuvimos responsables por haber permitido el 4F, los náufragos que remaron por la salida de Pérez todavía disfrutan de sus glorias políticas, económicas, sociales, militares y culturales; la medida de gracia para la salida de Hugo Chávez de la prisión de Yare, cada tanto tiempo tiene un raciocinio distinto, la derrota de 1.998 fue un carnaval de desaciertos y las pifias de estos 14 años, ya han sido desarrolladas anteriormente.

Pregunto ¿No será tiempo de asumir una culpita?

Luis José Uzcategui y Eleonora Bruzual deberían de escribir “Los hombres que idiotizó Chávez