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sábado, 15 de febrero de 2014

LUIS XIV DE CUCUTA

Fig. 1.- Pareciera que las desacertadas decisiones de Nicolás Maduro le pudieran guillotinar la permanencia al frente del régimen instalado en Venezuela.

Tenemos nuestro Luis XIV. En efecto, resulta que Nicolás anunció abiertamente su vena absolutista dentro de su vocación hacia la dictadura en el actual régimen centralista. ¿En algún momento querrá que lo coronen?

El 12 de Febrero pasado, el Presidente Maduro apelando a “una decisión de estado” ordenó sacar del aire al canal colombiano de noticias NTN24.

Y es que el régimen encabezado por Nicolás Maduro en Venezuela, está enfrentando una ola de protestas que han sido contrarrestadas por los cuerpos de seguridad del estado y las bandas armadas por el mismo régimen, con la misma pasión de los CDR cubanos y el entusiasmo de los Tonton Macoute.

La  medida de Maduro a través de Conatel, la fachada legal en el gobierno para mantener el cerco informativo a los medios de comunicación independientes  y  justificada en “una decisión de estado” no deja lugar a dudas del carácter absolutista del régimen, en una carrera desenfrenada hacia la pretensión de no sujetarse a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina, es decir del arbitrio de Raúl o Fidel.

L'Etat, c'est moi ("el Estado soy yo") nos declaró relativamente en cadena de radio y televisión Nicolás Maduro, el mismo 12 de febrero de 2014, día de la juventud y bicentenario de la Batalla de La Victoria, mientras uno de sus camaradas de los colectivos, protegidos por el estado rojo rojito que tratan de montar sobre su revolución bolivariana, disparaba sin escrúpulos y a mansalva con el odio incubado desde el micrófono.

Ese camarada ha debido arengarse, estimulado quien sabe con qué pócima o tolvanera nasal, mientras apretaba el gatillo de su pistolón revolucionario, con algo parecido a Luis XIV…”el armado soy yo”.

El próximo paso debería ser la coronación de Nicolás. En alguno momento debe pasar por la mente revolucionaria de la Primera Combatiente, el fausto de una coronación para ponerle algo en su cabeza eremita de planteamientos y desocupada ideológicamente, al monarca cucuteño.

Estos momentos de conmoción y de violencia en las calles propiciada por la revolución y sus colectivos armados, me recuerdan los días previos al 23 de enero de 1958 cuando el general Llovera Páez, entonces Ministro del régimen perejimenista al ver el futuro descalabro de la dictadura le recomendó a Pérez Jiménezvámonos general que pescuezo no retoña”.

Los eventos políticos venezolanos se han ido acelerando estas últimas semanas y hay muchas cosas en el ambiente que se han ido acumulando en la emoción del común, que pueden desencadenar decisiones por encima del estado y en contigüidad con la nación.

El fin del reinado de Luis XIV, el rey sol,  se caracterizó por la decadencia del régimen (Léase el chavismo y su socialismo del siglo XXI) y de la corte (Boliburgueses, bolichicos y enchufados, etc.), el declive de la hegemonía francesa (Aquí puede leer tranquilamente revolución cubana y socialismo) en el continente, el fracaso de su política colonial (La exportación de la revolución bolivariana)  y el inquietante malestar social surgido de las hambrunas (Comentarios sobran). Cualquier parecido con las pretensiones del Socialismo del siglo XXI y la era del gigante galáctico, no es pura casualidad.

Pero además, ante la gravedad de esas caracterizaciones y otras como la inseguridad, la corrupción, el desabastecimiento, la entrega de la soberanía a otro estado y la división de la nación, el destino de este Luis XIV chimbo puede mutar.  

De ser así, muy bien Nicolás puede pasar de Luis XIV a Luis XVI de un solo matracazo.