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domingo, 16 de marzo de 2014

VIDA Y MUERTE EN REVOLUCION

Fig. 1.- El historial de muerte que atesora el régimen, lo monta sobre las tumbas de la república que quiso construir.

En un programa de radio reciente, manifestábamos nuestra preocupación, porque en el venezolano se había asentado poco a poco , una cultura del desprecio por la vida y la indiferencia ante la muerte.

La inquietud surgió ante un caso de Fuenteovejuna desarrollado por los habitantes de la popular parroquia El Valle, recientemente. Un violador, capturado por los vecinos fue ejecutado por una turba enardecida y al final su cadáver, despedazadado y sangrante fue quemado con la exaltación grupal de un rito justiciero de la calle.

Más tarde, los restos fueron arrojados a la avenida intercomunal para escarmiento de los violadores y con el mensaje oculto para los abusadores de la sociedad. Ante los despojos chamuscados del delincuente, abandonados al público y aun humeantes, los vecinos caminaban indiferentes e insensibles a su rutina diaria. Era una expresión del ciudadano común al desprecio por la vida y su indiferencia ante la muerte.

¿Por qué el comentario?

En un enfrentamiento en las calles de Valencia, y mientras atacaba las protestas de la sociedad civil, cayó abatido por un disparo, el capitán de la Guardia Nacional Bolivariana Ranzor Bracho Bravo. El régimen, encabezado por el presidente Nicolás Maduro inmediatamente acusó a la oposición por la responsabilidad del hecho, elevó a niveles de héroe de la revolución al capitán Bracho, lo condecoró con la Orden Libertadores de Venezuela y los ascendió post morten al grado de mayor en los funerales de estado realizados en el gran hall de la Academia Militar de la Guardia Nacional.

Toda muerte merece el respeto y la consideración para quienes el dolor le es inherente. Ese es un territorio que encaja en las comarcas personales, políticas, laborales y grupales de los sentimientos de cada quien. Pero ante un hecho que debe conectarse con otros que forman parte de un concepto del régimen, es inevitable hacer una conclusión.

Sobre el planteamiento anterior es conveniente establecer como recordatorio que el Capitán Bracho fue imputado y detenido por la justicia de este régimen que ahora lo condecora en el féretro, lo asciende a una nueva jerarquía militar y lo eleva a los altares revolucionarios; por la muerte de Eva Carrizo. Coincidencialmente en un mes de marzo hace 10 años, mientras comandaba como teniente una unidad militar en Machiques estado Zulia, para enfrentar una protesta opositora.

El capitán Bracho y sus dos desgraciadas experiencias con la muerte, la primera como victimario y la segunda como víctima, se incorpora como un capitulo en uno de los tantos tomos del régimen de la revolución bolivariana, en su empeño de perpetuarse en el poder e imponer el socialismo del siglo XXI por encima de cualquier aspiración en contrario.

Pero además, al capitán Ransor Bracho lo colocan en una trinidad que colinda con el concepto político del régimen rojo rojito de inducir un profundo desprecio por la vida de todos los venezolanos y la exposición de una indiferencia ante la muerte de cualquier ciudadano, en tanto y en cuanto esta le reporte dividendos políticos que apunten hacia la garantía de permanencia en el poder.

El “caballero” Joao de Gouveia y los pistoleros del puente del Llaguno completan ese triunvirato revolucionario.

El “caballero” Joao de Gouveia, un poco para refrescar la memoria reciente, fue un pistolero que el 6 de diciembre de 2002, en pleno proceso del paro nacional convocado por esos días, irrumpió en la Plaza Altamira y asesinó con un arma de guerra a Jaime Federico Giraud Rodríguez, a Keyla Guerra y a Josefina Inciarte e hirió a 13 personas más en un oscuro incidente que el régimen encabezado por Hugo Chávez en esa ocasión, se encargó de ensombrecer más para beneficio político.

Y el caso de los pistoleros del puente del Llaguno es más dramático. Los hechos del 11 de abril de 2002 ratificaron globalmente lo que fue público, notorio y comunicacional con el accionar de las pistolas del trio de activistas del régimen, convocados junto con otros y como integrantes de los Círculos Bolivarianos para defender el Palacio de Miraflores y sus alrededores, de la marcha convocada en esa oportunidad.

Por este caso, el régimen detuvo hace diez años al Comisario Iván Simonovis y a otro grupo de venezolanos y mantiene a este aún en prisión, en tanto que quienes son identificados, más allá de la opinión pública, como los verdaderos autores materiales de la muerte de 19 víctimas de aquella ocasión, los elevaron a los tabernáculos del socialismo del siglo XXI y los agasajaron distinguiéndolos como héroes.

Este es un régimen que llegó montado con las muertes del 4 de febrero de 1992, que tiene como tutor político, económico, social y militar a otro que también llegó montado en una revolución cruenta y que se consolidó con los fusilamientos de muchos cubanos; pero que además ha tratado de exportarse alentando movimientos armados por todo el sub continente, de la mano de la violencia y la muerte.

El primer lema que se montó revolucionariamente con la llegada de Hugo Chávez al poder, fue el de “Patria, socialismo o muerte”. El mismo presidente Chávez con el vigor político que le vendía a sus partidarios, lo blandió hasta que su enfermedad lo puso en el umbral de la muerte.

Eso, es un sistema que alienta la indiferencia ante la muerte y el desprecio por la vida.

La patria que está construyendo el régimen ahora encabezado por Nicolás Maduro se asienta sobre las bases de la violencia, la destrucción y la muerte. De allí su exaltación y distinción con emblemas personales como el Capitán Bracho, el “caballero” Gouveia, los pistoleros del puente del Llaguno y ahora los colectivos armados para la defensa de la revolución, denominados pantagruélicamente Unidades de Batalla Bolívar-Chávez, exaltados por el alto gobierno como participantes de “una conducta ejemplar” ante la represión de las protestas que ha arrojado muerte y destrucción.

Las protestas constitucionales y pacificas que se están desarrollando en Venezuela en este momento, son la expresión legitima de un sector mayoritario de la sociedad civil, que apuesta a la vida, el orden y el futuro ante el cierre de todo tipo de canales de comunicación con el régimen.

Una de las banderas que se levantan para mantenerse en la calle protestando es la ausencia de respuestas del régimen en 15 años de ejercicio, para combatir la inseguridad, que ha producido impunemente más de 79 muertes por cada 100.000 venezolanos. Uno de los más altos índices de la región.

Eso, es la indiferencia ante la muerte.

El régimen ha demostrado en 15 años de gobierno, su ausencia de escrúpulos para garantizar el derecho constitucional a la vida, cuando esta se interpone en su visión de perpetuarse en el poder. A la hora 28 muertos, centenares de heridos, miles de detenidos y muchos hogares allanados, así lo confirman.

La presencia represiva en la calle de las unidades de la Guardia Nacional apoyadas por las fuerzas de choque de las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez, organizadas, equipadas y adiestradas en material de guerra violando el artículo 328 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, es un desprecio por la vida.

Desde los días del violador ejecutado en la calle por la gente de El Valle y la exposición del cadáver humeante en la intercomunal, ante la indiferencia de la gente, un régimen violador persistente de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, moribundo y agónico, se expone nacional e internacionalmente a pasar por encima de la vida de los venezolanos y a levantarse sobre la muerte de otros.

¿Podrá sobrevivir el régimen a la vida de #LaCalle y a la muerte de #LaRepresion ? o veremos pronto su cadáver fumante y tostado expuesto ante la opinión pública nacional e internacional.