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miércoles, 13 de agosto de 2014

...O MUERTE !

Fig. 1.- La revolución bolivariana ha querido darle vida a la patria nueva, induciendo una cultura de la muerte en la nueva sociedad del hombre nuevo.

Para Argenis de Jesús Leon Contreras, otro zaraceño asesinado en la cultura bolivariana de la muerte.


En un país donde la vida no vale nada, que nos evoca a la tragedia de una ranchera llorosa al filo de una rocola quejosa, escribir sobre el problema de la inseguridad en Venezuela se ha vuelto tan cotidiano como oír a Jose Alfredo Jimenez cantando... «La vida no vale nada».
 

Hace poco en un programa de radio, exteriorizábamos que un país donde se anima desde las más altas esferas de poder un olímpico desprecio por la vida y se vende una increíble indiferencia por la muerte, ese es el indicativo más evidente de un país compuesto por una sociedad enferma.
 

Recientemente en la popular parroquia El Valle, los vecinos capturaron un violador a punto de desgraciar a una menor e inocente de 7 años, lo amarraron y allí, frente a todos, la turba enardecida lo ejecutó después de descuartizarlo. Inmediatamente lo quemaron y lanzaron los despojos, aun humeantes, para escarmiento de propios y extraños que transitaban apáticos e insensibles; a la avenida intercomunal de El Valle.
 

Eso es un autentico desprecio por la vida y una categórica indiferencia ante la muerte.

 
Independientemente de las motivaciones para hacer justicia a la manera de Fuenteovejuna, como en este caso, la vida está dejando de ser un valor primario dentro del grupo de referentes que siempre atesoró el venezolano y se ha convertido en el camino expedito para llevar la muerte siempre como compañera de viaje… como víctimas o como victimarios.
 

Somos una sociedad enferma en camino hacia nuestra propia destrucción como individuos, como familia, como sociedad y al final como nación y dentro de nuestra convalecencia muy poco hacemos para tomar la medicina correcta. El diagnostico lo conocemos.

 
Desgraciadamente, los niveles de morbilidad han sido inducidos propagandísticamente por el régimen en el poder, con la idea de sacar ventajas políticas y réditos electorales en su objetivo de perpetuación al frente de los destinos de Venezuela.
 

Lo que inicialmente fue un lema movilizante para las concentraciones del régimen, se convirtió al final, en el día a día de la sociedad venezolana. Tratando de construir la patria nueva que se ha mercadeado en el socialismo, nos encontramos siempre, en cualquier recodo del camino revolucionario, a la muerte. Así ha sido a lo largo de estos últimos 15 años.
 

El hombre nuevo, moldeado en los modos y maneras del socialismo del siglo XXI ha crecido con la muerte más allá de un grito revolucionario y un lema del activismo y lo ha convertido en su carta de presentación en la construcción de la nueva sociedad venezolana.
 

El culto a la muerte es el himno revolucionario que se canta desde Miraflores en todas las alocuciones de radio y televisión desde los tiempos de Hugo Chávez, y la mitificación del liderazgo en un muerto al que le truenan salvas de artillería los 5 de cada mes y se le hace peregrinación en cada fecha patria hacia el Cuartel de La Montaña es el ABC en la revolución bolivariana; pero además vivimos en una permanente guerra política, económica, social, cultural con un enemigo imaginario al que hay que destruir y ya ustedes saben que toda guerra es el camino hacia la muerte.

La vida no vale nada en Venezuela. Hemos pasado en estadísticas a tener 79 homicidios por cada 100 mil venezolanos y bajo este esquema político nada indica que esos números macabros vayan a mejorarse.
 

El gobierno ha lanzado con toda la parafernalia roja rojita 21 planes de seguridad que se han quedado en eso, en la pantalla de la presentación en power point y en lo declarativo del ministro de turno. Cuadrantes de seguridad, patrullajes inteligentes y patrias seguras se han estrellado contra una manera de vivir y relacionarnos en la sociedad que se incubó oficialmente en la mente de las clases D y E - las más proclives hacia el delito -  el 2 de febrero de 1999 en plena Avenida Los Próceres. En esa ocasión el nuevo presidente de la republica de Venezuela y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales en plena exaltación discursiva se volteó hacia el alto mando militar, altas autoridades civiles y militares, y la nutrida representación diplomática invitada para preguntar si había alguien que no fuese capaz de robar para darle de comer a un hijo.
 

De aquellos polvos discursivos de Hugo Chávez son estos lodos del delito exponenciado, la inseguridad desbordada y la muerte en cada recodo de la patria nueva que se mueve en la mano que aprieta el puñal o el dedo que aprieta el gatillo del Smith and Wesson del especial que se tercia el hombre nuevo como Pedro Navaja.
 

Desgraciadamente es verdad, en estos tiempos revolucionarios, no vale nada la vida, la vida no vale nada.