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domingo, 14 de septiembre de 2014

HABLANDO DE LEALTADES

Fig. 1.- Un ex comandante en jefe de las viejas Fuerzas Armadas Nacionales decía socarronamente que los militares son leales hasta que traicionan.


En 1.999, el 22 de febrero para ser exactos entregué lo que fue mi último cargo operativo en las Fuerzas Armadas Nacionales, durante el sarao que se acostumbra para celebrar la entrega y recepción del cargo se me acercó un compañero de armas bien allegado al recién juramentado Presidente Chávez y me dice, “te manda a decir Hugo que ¿Cómo está la lealtad?”. Sin ningún tipo de extrañeza – ya sabía por dónde venían los tiros – le respondí “Dile al presidente, que la mía con mis arquetipos, mi juramento y la constitución sigue intacta”. Sentí que la conversación estaba boqueando sin morir en ese momento. Estaba seguro que la respuesta iba a llegar directa a su destinatario.

El 12 de abril de 2002, aproximadamente a las 3 am, el presidente Chávez salió del ascensor en el quinto piso de la Comandancia General del Ejército, en dirección a la Sala de Reuniones del Estado Mayor General. Los oficiales que estábamos presentes hicimos un callejón para permitir el acceso de Hugo, quien se desplazaba saludando cordialmente, uno por uno, a todos los presente. Cuando se paró frente a mí, la única pregunta que me hizo, sin saludarme  y sin ningún tipo de efusividad fue “Guevara Fernández ¿Cómo está la lealtad? La respuesta que le disparé, con toda la seriedad del mundo la tenía anudada en la lengua…“la mía con mis arquetipos, mi juramento y la constitución sigue intacta”.

Ese mismo año, el 2 de noviembre, mientras permanecía detenido en un calabozo de la Cárcel Militar de Ramo Verde, me fue a visitar un alto cargo de la revolución bolivariana y después de los saludos de rigor, bien entrada la conversación me disparó la pregunta que yo esperaba “de parte del señor presidente ¿Cómo está la lealtad ahora?” Mi respuesta no lo sorprendió “la lealtad con mis arquetipos, mi juramento y la constitución sigue intacta”. Allí si murió la conversación que habíamos iniciado el 22 de febrero de 1999.

En materia de lealtades, algunos jefes se sienten dueños absolutos de los modelos y la encarnación personal de la constitución, las instituciones, las organizaciones, los partidos, las leyes, las empresas, los equipos, las visiones y las misiones, etc. sin entrar a considerar la naturaleza personal, los sueños, los arquetipos y los ideales de los demás. En la esencia de adjudicarse los personalismos más extremos la soberbia los envanece profesionalmente, los cubre del engreimiento personal más detestable y cuando asumen un cargo, el endiosamiento político y corporativo le ofusca el raciocinio y le obscurece la realidad en la incorporación más estúpida de un Júpiter tronante. Son la idiotización más sublime de un jefe, nada que ver con un líder. Algo de eso está pasando en Venezuela.

Eso ocurrió con Chávez, con muchos de los militares integrantes de su equipo revolucionario, pero lo más grave es que eso mismo ha permeado hacia muchos de los llamados líderes de la oposición que no proceden de las filas castrenses y se ha dispersado en muchos sectores de la disidencia y la administración privada donde se han engranado militares retirados, en una categórica ratificación del texto de Norman F. DixonSobre la psicología de la incompetencia militar”.

La lealtad personal se mutualiza  cuando hay identificación en ambas partes con lo que se hace y en los postulados personales de los actores. Mientras no sea así, nadie tiene porque estar exigiendo lealtades ni calificar traiciones donde no ha habido correspondencia en el tratamiento ni identificación reciproca con las tareas. Eso es válido para todo tipo de relaciones.

Cuando termine esta borrachera revolucionaria, hay que cavar hondo en los procesos de formación profesional de la actual Fuerza Armada Nacional, hasta llegar a la raíz del modelo, que tiene mucho también de los vicios de la antigua institución armada. Eso debe pasar por estructurar bien los pensa y los contenidos académicos para reforzar en el conocimiento profesional y en la actitud personal de los nuevos oficiales el tema de la lealtad. Sería una buena manera de garantizar la consecuencia de las ideas personales, el cumplimiento del juramento militar y la vigencia permanente de la constitución.


Sigo consecuente con mis arquetipos personales, con mi juramento de militar y con la constitución.