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jueves, 9 de octubre de 2014

CALIFATO A LA VENEZOLANA



Fig. 1.- El ensañamiento y la crueldad del asesinato del diputado Robert Serra hacen una diferencia sutil de las decapitaciones que ha venido divulgando a traves de las redes sociales el Estado Islámico.

 

El brutal asesinato del diputado del PSUV Robert Serra hace una inevitable inferencia del poder y la influencia de las organizaciones paramilitares que han proliferado en estos últimos tiempos bajo el aliento oficial de la Revolución Bolivariana, la absoluta complacencia de la Fuerza Armada Nacional (FAN) y la tibia reacción de la Sociedad Civil.

El diputado asesinado mantenía una estrecha vinculación con los colectivos más representativos asentados principalmente en el 23 de enero y en general en toda Caracas. Era una de las voces más tronantes en eso de la organización de “los civiles” para defender la revolución bolivariana del asedio opositor en cualquier terreno.

Los colectivos rojos rojitos han tomado un poco mas de notoriedad en este año 2014, sobre todo a partir de los eventos de calle iniciados a partir del 12 de febrero de 2014 con la movilización y el activismo convocado por un sector de la oposición con el estandarte de #LaSalida.

Los colectivos formaron parte de la brutal respuesta represiva del régimen encabezado por Nicolas Maduro. Pero además, cuando el régimen se vio obligado a hacer un llamado al dialogo arrinconado a nivel internacional por el terrible saldo de muertos, heridos, detenidos y perseguidos como consecuencia de la violencia oficial encabezada por las unidades de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Guardia del Pueblo que hacían de vanguardia operativa a los colectivos rojos rojitos, su debilidad se expresó en el poder de estos.

La presencia del líder de los tupamaros, Jose Pinto en Miraflores en el dialogo televisado a nivel nacional con el otro sector de la oposición, fue una demostración formal del soporte intimidatorio asentado con los colectivos y la dependencia del régimen de estos.

Desde aquellas banderas enarboladas por la oposición contra los Círculos Bolivarianos en los lejanos días de los sucesos del 2002, que finalizaron con la breve salida del poder de Hugo Chávez, hasta su disolución y desaparición con las dinámicas coyunturas políticas que se han desarrollado que los pusieron a mutar y a reaparecer como milicias, reserva, Fuerza Bolivariana de Liberación (FBL), colectivos, Unidades de Batalla Bolivar-Chavez (UBBCH) y otra variopinta de organizaciones con la misión específica de asumir la última línea de defensa de la revolución, cuando la FAN en yunta con la Sociedad Civil le mueva la alfombra constitucional de sus responsabilidades.

No hay nada nuevo bajo el sol en la categorización de estas organizaciones. Y hay suficientes referencias globales en estas iniciativas. En el origen, el desarrollo y la caída de estas unidades hay bastante de las responsabilidades de los estados como una forma de intimidación a la oposición y para asumir encargos internos y externos oficiosos, nada legítimos y poco escrupulosos.

Es la más exacta categorización de que donde la violencia oficial del estado desaparece incuba a milicias, grupos primitivos familiares, económicos y políticos armados, y bandas criminales como nuevos y peligrosos elementos de la sociedad para control y provocación de la misma. En exacto calco del funcionamiento de una “famiglia” mafiosa.

La gran capacidad para organizar, seducir y lograr financiación para la causa, son las claves de los movimientos terroristas y paramilitares como nuestros colectivos venezolanos. Cuando estas etapas son asumidas por el estado el camino queda abierto para iniciativas distintas a las originales para las cuales fueron creados estos grupos. El apoyo va desde la instrucción en combate hasta la entrega de armamento y la libertad para operar de manera autónoma, en tanto no se constituyan en una alternativa de poder.

El mejor referente global y más actual de estos grupos lo constituye Al Qaeda financiado por USA y otros gobiernos para la guerra que se libraba en Afganistán contra las tropas de la Unión Soviética en plena guerra fría durante los años 80. El monstruo no solo sigue estando ahí, sino que ha mutado con Al Qaeda y sus franquicias regionales plenamente operativas en buena parte del medio oriente, sin olvidar al actual Estado Islámico que es una mutación organizacional del Al Qaeda de aquel entonces.

Su estructura organizativa basada en células de militantes y redes de contactos clandestinos, muy parecida al modus operandi de los cárteles de narcotraficantes, le ha dado una muy amplia movilidad de acción y una gran dificultad para desarticularla.

Las unidades paramilitares son bandas brutales con muchas raíces locales que imponen su voluntad mediante la violencia y la intimidación. Las únicas que pueden eliminarlos son las fuerzas oficiales de cada estado, es decir la Fuerza Armada Nacional.

En el caso de las investigaciones del caso del diputado Serra el régimen se ha manejado muy torpe. Las imputaciones anunciadas por el presidente Nicolas Maduro hacia un sector de la oposición, las del inefable presidente de la AN hacía nombres específicos dentro del parlamento y en general la típica orientación de otros voceros del régimen para señalar hacia el imperialismo, el capitalismo, Obama, Uribe, la burguesía, Lopez, Saleth, etc. no consiguen para nada distraer la opinión pública de lo que se dibuja como los verdaderos responsables del crimen y la naturaleza del móvil que se orienta hacia lo político y paramilitar.

Un retrato hablado que describe a los colectivos, no como autores materiales ni intelectuales, y si como ejes de la investigación para descifrar toda la madeja de intrigas, conspiraciones, poder, influencias en torno al destino de la revolución bolivariana.

Las organizaciones paramilitares organizadas, equipadas y adiestradas por la revolución para su defensa, en algún momento empezarán a requerir más autonomía y a convertirse en las verdaderas opciones de poder dentro de la revolución.

Cuando estas organizaciones se desarrollan y empiezan a generar poder como para ocupar un espacio dentro y fuera de las fuerzas del estado, empiezan a comportarse como un estado dentro del estado.

Los colectivos que funcionan en el 23 de enero tienen un funcionamiento autonómico parcial, controlado parcialmente por algunos líderes revolucionarios, entre ellos estaba el joven diputado asesinado Robert Serra.

La pregunta es ¿En qué momento los colectivos decretarán su califato a la venezolana?