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jueves, 27 de agosto de 2015

¿POR QUÉ COLOMBIA?

Fig. 1.- La creación de un conflicto con Colombia en la antesala de las elecciones parlamentarias del 6D, es una jugada maestra del régimen para recuperar sus números.
El decreto del estado de excepción en cinco municipios del estado Táchira, dictado por el Presidente Nicolás Maduro, me sorprendió inicialmente. Una escalada del conflicto en la frontera occidental que caldeara los ánimos con Colombia me parecía lejano, sobre todo teniendo cercano un proceso electoral y teniendo abierto un frente con Guyana. Me equivoqué. Por un incidente menor relativamente, el régimen de la revolución bolivariana se replegó de la frontera suroriental con Guyana y abrió fuegos en la occidental con Colombia.

¿Por qué Colombia?

El régimen tiene los números de las encuestas, pendiente arriba faltando cuatro meses para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015. La más conservadora de las encuestadoras la pone por debajo de la oposición en porcentajes cercanos al 16 % en los resultados. Eso y la posibilidad de que esos números se extiendan por la dramática situación económica del país, los niveles del desabastecimiento, la caída en picada de los precios del petróleo, la agresiva devaluación del bolívar, la espiral inflacionaria y la inseguridad, obligaban a tomar medidas heroicas y decisiones que pudieran nuclear la emoción del venezolano en torno al régimen.

Allí surge la posibilidad de abrazarse a la bandera nacional y revivir el tema del enemigo externo para unir a todos los venezolanos en la causa común del nacionalismo.

Es donde surge el tema de la histórica reivindicación del territorio Esequibo y se desempolva un tema que durante la gestión del fallecido Hugo Chávez tomó niveles de concesiones traidoras y entreguistas. Se levanta toda la polvareda mediática nacional e internacional, hasta que la reacción de Guyana obliga al régimen a sacar sus cuentas políticas, económicas, sociales y militares. De allí al repliegue y a movilizarse para Colombia solo medió una corneta de campaña entonada desde La Habana.

El enemigo externo en revolución es el imperio. Estados Unidos ha sido para la revolución bolivariana, la encarnación de todos los males y todos los morbos políticos, económicos, sociales y militares de su desarrollo. La única manera de articular bien una campaña electoral directa hacia el imperio era desde Colombia, en tanto que desde Guyana era difícil asumir el papel de agredido, de víctima, de violentado.

Luego estaba el tema de Fidel Castro, el padre putativo de la revolución bolivariana. Desde siempre, el líder cubano ha fijado posición al lado de Guyana y sus intereses; y ha colocado a Venezuela en el reclamo del Esequibo como una extensión del colonialismo del primer mundo que históricamente ha combatido en el discurso y la acción. Ese discurso oficial en la campaña electoral iba a ser difícil de articular y digerir por sus seguidores. El país grande que se quiere comer al pequeño era espinoso llevarlo a una pancarta en plena campaña electoral con un conflicto abierto para “quitarle” a Guyana 2/3 partes de “su territorio”.

Después estaba el tema del imperialismo. Entre el imperialismo del Reino Unido (presente) y de los Estados Unidos (ausente) la fijación roja rojita no pudo construir rotundamente la vinculación que le llegara a las emociones de los chavistas blandos y duros en el tema del reclamo. Nunca se pudo articular directamente a Estados Unidos en la estructura del mensaje. Siempre estuvo atravesada la Exxon y el petróleo, y eso era nombrar la soga de los intereses venezolanos en la casa del ahorcado económicamente.
   
La solidaridad unánime de todos los países anglófonos del Caribe, las estrepitosas derrotas de las giras de la canciller Delcy Rodriguez ante los países del Caricom incidieron en el movimiento retrogrado. Total, no pudimos pasar de la isla de Anacoco que era como decir una reivindicación para la cuarta república y sus fuerzas armadas. Nada que ver.

En la Venezuela actual pocos conocen el nombre del presidente de Guyana y el origen del reclamo del territorio Esequibo es irrisorio popularmente. El laudo arbitral de 1.899 y el acuerdo de Ginebra son una bruma ante el común, el alzamiento del Rupununi, a pesar de la cercanía histórica es de una gran ignorancia. Es imposible convertir esos episodios en mensajes electorales exitosos.

Por último y decisivo, el tema de la Fuerza Armada Nacional. Nada como un tema territorial y de soberanía para unir y nuclear al componente armado en una motivación de nacionalismo y con la alta probabilidad de recuperar sus históricos niveles de simpatía ante la sociedad civil. Esa es una situación inconveniente para la revolución, en una coyuntura político-electoral que esta poniendo al régimen a las puertas de su salida constitucional. Un general victorioso y un almirante triunfador son – al regreso de sus campañas militares – jarrones chinos.

El frente con Colombia es distinto. Ofrece la mayor cantidad de réditos políticos, económicos, sociales y militares. Veamos.

La realidad de vincular a los Estados Unidos con esta situación es distinta. La sola presencia del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, el paramilitarismo, las transnacionales, etc. es diferente y más directa.

Estos temas, así como el contrabando de la gasolina y los alimentos, hacen de la extracción de estas necesidades una bandera mediática fácil de encajarse en un mensaje para los camaradas de las clases D y E quienes son el fuerte del chavismo duro y blando, necesarios para arrimar en la difícil subida de la cuesta de los números de las encuestadoras.

Desde la frontera del suroriente del país (Guyana) pasamos de victimarios en el reclamo del Esequibo a víctimas del paramilitarismo y el bachaqueo en el suroccidente (Colombia). De agresores y matones del colonialismo ante un país pequeño de negritos pelabolas, pasamos a martirizados y heridos por el imperialismo y sus representantes en Uribe, los paramilitares y los bachaqueros, mientras atravesamos por una difícil situación económica.

Ese discurso era más digerible, más electoral  y lo mejor, mantenía dispersa y atomizada a la Fuerza Armada Nacional sin ningún liderazgo visible y generando más rechazo ante la sociedad civil. Y lo mejor para el régimen, al mantener en la palestra pública el tema del narcotráfico, no se diseñaban generales ni almirantes heroicos y homéricos, y si villanos de la categoría de Pablo Escobar y capos de la intensidad del Chapo Guzmán quienes se construían con charreteras y caponas ante la opinión pública, entre generales y almirantes de toda laya castrense, incapaces de construir autorictas dentro del Fuerte Tiuna.

Ni la reacción ante la incursión de una Caldas, ni la recuperación de la isla de Anacoco…las encuestas, las encuestas.

Esa es la guerra de Nicolás atizada por Fidel.

¿Vamos a un conflicto convencional con Colombia? No lo creo. No pasaremos del micrófono.