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MILITARES Y PODER

Los militares son animales de poder. Formados, capacitados e inducidos para el poder; nacen, crecen, se desarrollan y mueren para el poder. No puede ser de otra manera ante el desenvolvimiento de una institución que respira a través del poder y se nutre diariamente del poder.
Con los militares se manejan varios estereotipos, la gran mayoría errados y aumentados exponencialmente en la pifia durante este gobierno bolivariano. Algunos como el conocimiento de la geografía, el derecho y la historia, la verticalidad, el manejo del honor, la lealtad y el coraje; son temas que se blanden oportunamente para tratar de rebatir argumentos políticos de una coyuntura, pero no como un estilo de vida institucional. Con el que nunca se han equivocado es con la vocación y la formación de poder del militar.

Un aspirante a militar, desde el momento en que entra a su instituto de formación siente la atmósfera de poder desde el mismo momento en que pone su pie civil en la prevención. El jefe de la guardia de prevención le lanza las miradas de alguien que es el jefe del cuartel por razón del servicio, el cola de banco que lo recibe, el centinela que marcialmente lo escruta al llegar, el oficial de inspección, el oficial de día, el jefe de servicio hasta que llega al departamento de admisión; todos, incluso hasta los civiles que hacen vida administrativa en la repartición militar ven con cara de poder al civil que aspira a hacer vida militar a partir de ese momento.

La ceremonia de bienvenida al cuartel es algo que va más allá de lo formal. Se trata de desnudar toda manifestación de resistencia, de voluntad y confrontación al poder del superior. No vale la pena narrar la que me correspondió a mí, pero Mario Vargas Llosa y "La ciudad y los perros" pudieran aparejarse al protocolo de recepción de los nuevos de su excelente obra, con el guión organizado por los integrantes de la promoción que me recibió. Todavía atesoro recuerdos de esa jornada, sin ningún trauma; simples memorias de algo a lo que no le conseguí sentido ni argumento; cuando brevemente le solicité a un superior, la razón de ese espectáculo, su respuesta me selló cualquier retruque de nuevo… ¡Firme! fue lo que ladró un brigadier de malas pulgas, mientras yo saltaba la rana con la maleta levantada, sin entender nada. A partir de allí comprendí que esa expresión era una palabra mágica dentro de la institución armada.

El primer semestre en la formación del militar para estimularle la vocación de poder, se inicia conociendo todos los vericuetos de aquella expresión, que a veces se transmutaba en ¡oído! o ¡atención!; pero también descifras el poder de refugiarte verbalmente contra el atropello del superior, cuando le desenvainas abiertamente un ¡Entendido!

Luego pasas a segundo año y empiezas a disfrutar de un poder limitado y confinado. Tienes subalternos, cadetes menos antiguos y comienzas a manosear con la irresponsabilidad de tus años juveniles las expresiones de firme, oído y atención hacia contemporáneos que entran a la institución armada con la misma ignorancia que te empujó a ti y descubres otra frase cuartelera que escuda tu irresponsabilidad adolescente e irrespeto inmaduro para sellar cualquier exigencia de un subalterno. ¡Mala leche! Todo razonamiento abierto y cualquier lógica desnuda, se estrella contra el ¡Mala leche nuevo, esa vaina no es así!

¡Firme! ¡Entendido! ¡Mala leche! Tres expresiones que sirven de arquitectura a la mesa en la que se sostiene la institución armada durante todo el proceso de tránsito de un profesional militar, desde que se prepara en los institutos de formación hasta que empieza a larvar para pasar a la situación de retiro, por tiempo de servicio cumplido.

Las historias oscuras de la Fuerza Armada Nacional residen sobremanera en esos tres resabios organizacionales; solo cuando un superior, arrinconado por la tempestad de argumentos que se estrellan contra la ilógica de sus ordenes y lo irracional de sus actuaciones es confrontado por un subalterno, ya al borde del colapso personal y de la insubordinación militar; aquel apela a la cuarta pata de la mesa ¡Usted pare!

Si usted quiere, querido amigo, querida amiga, comprender la compleja estructura mental de un militar en su proceso de formación y capacitación para el poder; pero fundamentalmente para evaluarlo en su desenvolvimiento y rendimiento como hombre público, tiene que medirlo en los registros de ¡Firme! ¡Mala Leche! ¡Entendido! Y ¡Usted pare! Es una excelente manera de valorar los resultados de este gobierno militar que nos azota, pero también de comprender porque los militares formados y capacitados para el poder, fracasan en la mayoría de los casos cuando están en el…poder.

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