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jueves, 26 de noviembre de 2009

LAS DECISIONES Y EL DISCURSO – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Junio de 1.991

Fue un discurso que no preparó el doctor Regulo Rojas Medina, el eterno escriba del quinto piso de la Comandancia General del Ejercito, mucho menos lo transcribió la secretaria oficial, la señora Mery Molero. Por esta ocasión la formalidad épica, acostumbrada para esas ocasiones y los agradecimientos por la gestión realizada, se quedaron atrás y fríos. Había demasiado resentimiento y una gran arrechera personal hacia el Comandante en Jefe. Los últimos acontecimientos se habían vuelto demasiado tirantes y exageradamente peligrosos. El escándalo de las municiones de artillería y sus estrechas vinculaciones con el entorno presidencial habían puesto el cargo en riesgo.

Tanta inseguridad y vaivenes que cuando se transpuso el límite permitido en el respeto del cargo y caminaba por el peligroso filo de la navaja del chantaje político y la intimidación corporativa, al Presidente de la República no le quedó más remedio que remplazar al todopoderoso jefe del Ejército. De allí cada palabra telegrafiada en el discurso que garrapateaba en la hoja tipo carta para llevarla a la computadora, él personalmente sin ningún tipo de intermediario. Quería despabilar la sorpresa para los predios miraflorinos, para estrujar un secreto que era a todas las voces, incluida la de él.

La corte del palacio se conchupaba en la negociaciones de los grandes contratos que derivaron de la incursión del navío colombiano en las aguas del Golfo de Venezuela. Eso y su duelo a cielo abierto con el poderoso Jefe de la Inteligencia Militar lo habían puesto en la desgracia de los favores del Presidente. Después de todo, algunas cosas no habían salido de acuerdo a los planes. Y los planes eran medrar a la sombra de la guerra con Colombia y a la luz de la conspiración en los cuarteles.

Fue un discurso donde el método era la rabia y el propio alegato una arenga para las tropas que estaba dejando de comandar. Tantos años después, cada impulso en las expresiones que se recogían en las diez cuartillas, cuidadosamente redactadas, pudieran aparejarse a la soflama antes del cruce de la Línea de Partida (LP). Los fuegos preparatorios de la artillería habían iniciado su escalada de estragos. Una primera cuartilla se desbocó emocionada.

"Este es mi último discurso oficial como militar en servicio y dada la situación nacional quiero centrarlo alrededor de tres temas fundamentales. Dos de los temas son reafirmaciones de los ideales y valores que me fueron inculcados en mi hogar y durante mi formación en la Academia Militar de Venezuela: El amor por la libertad y la necesidad de un comportamiento ético que le de un basamento moral a nuestra existencia. El tercer tema es un llamado a la mayoría honesta y decente de nuestros compatriotas a enrolarse en la cruzada contra el morbo de la corrupción que amenaza con destruir en forma lenta, pero sin pausa, nuestras bases morales y nuestra libertad. Finalmente haré una reflexión sobre la responsabilidad ética de los militares en los casos en los cuáles deben enfrentarse a los dilemas morales en los cuales hay un choque espiritual entre el deber de la obediencia y la voz de la conciencia"

 

Cada idea se amasaba con la intención de dirigirla hacia un solo personaje. La sobriedad característica en la generalidad de los gochos de San Cristóbal abría paso para cada frase hiriente desde el punto de vista político. Cada oración era cuidadosamente escogida para que atravesara como un lanzazo verbal impulsado desde la tribuna del patio de honor de la Academia Militar de Venezuela, hasta los predios del Palacio de Miraflores.

En otras circunstancias, era probable que al finalizar la peroración castrense y arregladas las formalidades de la entrega del mando; una comisión de la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) hubiese esperado al alto jefe militar en la misma tribuna y lo hubiera traslado detenido por orden presidencial a las instalaciones de la Policía Militar. Pero eso, no era posible. Algo había fracturado la autoridad desde los más altos niveles. Faltó coraje para las decisiones; o más allá de la temeridad de una determinación extrema la ausencia fue de vuelo de halcón. En una suerte de chantaje reciproco, la formula era dejar que el tiempo se encargara de enterrar las duras palabras protocolares del ex Comandante General a cambio de su silencio. El tiempo se encargó de dictaminar que fue un lamentable error no designar la comisión que se encargara de llevar arrestado al general y solicitar la correspondiente averiguación sumarial a la Corte Marcial.

Los demonios de la coacción y la maquinación quedaron sueltos en los pasillos de las reparticiones militares. La debilidad del Comandante en Jefe en su autoridad, quedó manifestada en un acto de insubordinaciones telegrafiadas y el camino para el golpe quedó expedito, era cuestión de inercia.

"Esta temática podría parecer impropia en un discurso militar, pero como hombre de armas educado la integridad nacional y como fiel creyente de la idea del libertador según la cuál LA FUERZA MORAL ES LA VERDADERA FUERZA DEL EJERCITO, considero que es inaplazable tratarla porque la conjunción de los tres temas constituyen el centro de gravedad de la hipótesis de guerra que se ha materializado en el país en los últimos tiempos"

Libertad, corrupción, honor, dignidad eran las palabras que resoplaban con mayor intensidad en la redacción del manuscrito, antes de ser aprisionado por la impresora para las enésimas correcciones, trazadas antes de darle el finiquito al discurso. No hubo las prevenciones para la duda, ni las alcabalas para la indecisión. Había que canalizar su calentera como solo los gochos, orientaban sus arrecheras entre ellos. Para eso era la esgrima verbal. Al fin y al cabo el destinatario era otro gocho. Solo que este era el Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales; y aquel era el Comandante General del Ejército.

"En la actualidad el principal enemigo de la libertad es la corrupción, ese monstruo hijo de un cruce satánico entre la injusticia y la inmoralidad. Esa hidra de incontables cabezas, como el narcotráfico, el peculado, la inseguridad personal, etc. propaga el mortífero virus del SIDA moral que daña irreparablemente el sistema de inmunidad ético de la patria. Ese flagelo se ha convertido en poco tiempo en el enemigo público número uno, constituyéndose en la amenaza más grave que se cierne sobre nuestro país. Ese engendro es el verdadero elemento subversivo, que a través de la destrucción de nuestros valores morales pretende desestabilizar el sistema democrático y robarnos nuestra libertad. Esa plaga ha ido adquiriendo tal fuerza y capacidad agresiva, que no vacilo en opinar que en Venezuela, se está incubando una Guerra Civil entre la minoría corrupta cuya degradación moral es evidente, pero que cuenta con enormes recursos, y la mayoría decente que sufre día a día los impactos corrosivos de los golpes arteros que le asesta esta bestia degenerada"

Mientras redactaba, rayaba, corregía, arrugaba y rompía; y volvía a agarrar otra hoja de papel recordaba nítidamente los detalles de la manera como el Comandante en Jefe había decidido relevarlo del mando. El discurso lo empezó a rayar en el propio despacho del Presidente y en cada palabra, cada frase, cada oración se encerraba una clave que solo ellos dos sabían descifrar.

Parecía que escribía un discurso con un destinatario que iba a tener al frente de la tribuna de oradores, sin el público de los laterales, sin las marciales agrupaciones de parada y desfile del acto protocolar, sin los invitados especiales para la ocasión y sin las autoridades civiles y militares del momento. Solo para ese destinatario oficial y su edecán de servicio presidiendo el acto; el Ministro de la Defensa ataviado con su blanco uniforme de marino y su turbación, también ayuna de decisiones.

Otra cuartilla se arrugaba y acertaba en la oscuridad de la papelera, porque no contenía en amplitud la rabia del contubernio.

La reunión en el Palacio, la presencia del general Ochoa, testigo de excepción de la información, el tono inusualmente áspero del Presidente para comunicar la decisión, el silencio espeso en que derivó la audiencia posteriormente, la exigencia del Comandante en Jefe para que la ceremonia se realizara con la perentoriedad del otro día, se reflejaron en la cara del jefe militar que adquirió un color rojo encendido al finalizar la audiencia.

Si los organismos de seguridad del estado hubieran funcionado por el vuelo presidencial, una vez franqueado el umbral del despacho del Primer Magistrado Nacional, una comisión de la Policía Militar lo hubiera esperado en la Sala de Edecanes y trasladado hasta Fuerte Tiuna a la orden de un tribunal militar. El escándalo hubiera dormido dos días en los titulares de la prensa nacional y la componenda hubiera salido por los montes y desfiladeros, corriendo con sus banderas color de miedo, al decir de Juan Vicente González.

No ocurrió así y de allí salió el general envalentonado con su disgusto andino a redactar su encendida peroración ante los oficiales generales y almirantes, los oficiales superiores y subalternos, los suboficiales, la tropas profesionales y alistadas, los cadetes, los músicos militares, los empleados y obreros civiles; y todo el numerosísimo grupo de invitados del Patio de Honor de la Academia Militar de Venezuela. Una insubordinación de diez cuartillas con el vocativo de la prevención protocolar.

Era una pelea entre gochos y el escenario de la confrontación verbal estaba adornado con el fondo de las columnatas y al final el grupo escultórico de La vigilia del soldado, avistaba que no había peligro en la arenga. No había condiciones para la presencia de una comisión de la Disip, la DIM o la Policía Militar con instrucciones de un arresto. Estos organismos se dedicaron a oír, grabar y a mantenerse a la expectativa sin ningún tipo de instrucciones coercitivas o de parafernalia operativa; hasta allí.

Nadie tomó decisiones. Al menos el gocho del palacio de Misia Jacinta que tenía la pelota en su terreno de juego, no la devolvió. Un grave error que pago con su cargo de Presidente de la República, ocho meses más tarde.

"El enemigo está ante nuestras puertas y debemos movilizar las reservas morales de la patria para enfrentarlo. La corrupción está entre nosotros mismos y nos amenaza a todos, llegando incluso a ser un peligro para la propia seguridad del estado. ¡La corrupción está avanzando y debemos detenerla! Si no lo hacemos a tiempo, ella destruirá al país y nos llevará de regreso a la opresión, haciéndolos perder el más precioso legado que nos dejó el Padre de la Patria: La libertad"

La seguridad del estado es una temática exageradamente compleja en el proceso de toma de decisiones. Los años previos al año de 1.991, los organismos de seguridad del estado fueron gravemente desnaturalizados en sus funciones y postrados organizacionalmente. La guerra desatada entre el grupo de generales y almirantes que pugnaban por las posiciones de poder dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales pusieron al servicio de los más oscuros intereses la orientación del esfuerzo de búsqueda de información y la búsqueda propiamente de revelaciones útiles, oportunas y confiables para generar inteligencia estratégica y reforzar la seguridad del estado.

El Presidente de la Republica era un ciego y un sordo en materia conspirativa reducido a la dependencia de su olfato político que lo encapuchaba en su soberbia andina, cuando recibía algún informe por las vías oficiosas "General, a mi no se me alza nadie, esos son inventos de algunos generales"

La Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM), la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) y las agencias de inteligencia de las fuerzas orientaron sus prioridades a procesar de manera tendenciosa las informaciones y a producir inteligencia estratégica viciada y pervertida. En algunas oportunidades por intereses subalternos, en otras por las oscuras motivaciones mercantilistas y en último caso por la postración a que habían sido reducidas por los rendimientos de la conspiración que se arrastraba en los más altos niveles de gobierno.

El Presidente recibía información nula e inútil de los organismos de seguridad del estado y cuando recibía inteligencia pertinente, esta la desvirtuaba el ministro o el comandante de fuerza, según los efectos que esta provocaba dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales o el componente correspondiente.

La bruma informativa que envolvía al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales sobre la situación interna de la institución armada, desde los cercanos días de la campaña electoral se iniciaba por su desinterés o su olvido en darle un finiquito a la extraña movilización de tanques Dragón 300 del Batallón Ayala, desde Fuerte Tiuna hasta las inmediaciones del Ministerio de Relaciones Interiores en la esquina de Carmelitas de la Avenida Urdaneta.

En ese escenario era viable la posibilidad de una decisión errada o simplemente un limbo decisional que condujo a los hechos del 4 de febrero de 1.992. Simplemente el Comandante en Jefe no tomó la decisión adecuada, después de una seguidilla de omisiones y olvidos en materia de política militar.

"La corrupción es la droga de la democracia. Ella es terriblemente adictiva y cada día los corruptos requieren más poder para no sentir las convulsiones del delirium tremens moral. Para satisfacer su avidez sin límite, los corruptos ya no se limitan a buscar dinero y riquezas fáciles, desangrando el país, sino que también se han lanzado a la búsqueda del poder político y a infiltrar las instituciones fundamentales del estado.

Este hecho que ya no se puede ocultar, ha originado una reacción contraria en un grupo creciente de militares y civiles que están convencidos que la democracia actual esta carcomida por la corrupción y consideran que la única forma de corregir esta situación es a través de una acción de fuerza que a sangre y fuego purgue a los corruptos y reivindique a la nación. Este grupo considera que el honor de la patria solo puede renacer, regenerándolo con la sangre de los que lo han mancillado y que para lograr ese objetivo es indispensable barrer con la democracia y establecer un régimen autoritario. Si eso ocurre caeríamos en los brazos del despotismo y perderíamos la libertad, que es el único dique que impide que se desborden las aguas tenebrosas de la tiranía"

El proceso de formación y capacitación de los oficiales desde las escuelas correspondientes, se orienta a una continua y sistemática toma de decisiones. Este desarrollo continua en las escuelas de capacitación y de armas y servicio; hasta que se refina en las escuelas de estado mayor, donde el auxilio de los estados mayores ayuda a hacer apreciaciones, a recomendar, a supervisar, a proporcionar información, a tomar decisiones y a supervisar el cumplimiento de estas. Esta dinámica se obvió sobremanera con una intención taimada y contribuyó a generar una bruma informativa pesada e intrincada, a todo nivel de decisión; especialmente en Miraflores.

La trama que desembocaría ocho meses después, solo la detenía una decisión. Alguno de los oficiales generales y almirantes al recordar su paso por alguna de las escuelas de estado mayor, si hubiese recordado el planteamiento básico de las pruebas académicas hubiera aclarado el dilema de cumplir con su obligación constitucional o taimadamente dejar correr el rio revuelto de la intriga

¿Cuál es su decisión? ¿Cuáles son sus acciones y cuáles son sus órdenes? Ese es el patrón básico para un militar en un proceso de toma de decisiones de naturaleza administrativa o en el campo de batalla. En último caso al elevarle la recomendación al Comandante en Jefe, hubiera contribuido a salvar lo que quedaba de republica. Mientras tanto, la arrechera se convertía en tinta en el discurso.

"El análisis anterior me lleva a plantear algunas interrogantes:

¿Es justificable sacrificar la libertad para derrotar la corrupción?

¿Quién nos asegura que un gobierno de fuerza no se corromperá con el correr del tiempo y lleguemos de nuevo a una situación similar a la actual? Con el agravante de que sin la libertad no podremos demostrar públicamente nuestra inconformidad.

¿No estaremos ante un falso dilema que nos obliga a escoger entre una democracia corrupta o una dictadura honesta?

¿No hay otras alternativas?

Las respuestas a estas preguntas son de una altísima prioridad nacional como lo son las acciones concretas que deben tomarse ante la actual crisis."

 

El primer año de gestión, en Los Pinos había un ambiente de extrema sensibilidad política. Las aulas de la Escuela Superior del Ejército "Libertador Simón Bolívar" era un hervidero pasivo de conspiración. Un grupo lo hacían quienes se estaban formando con el Curso Básico de Estado Mayor y otro de quienes ya estaban en la fase del superior.

Algunos estudiaban y se abstraían de la dura realidad profesional. Otros simplemente maquinaban políticamente y se diluían en discusiones de actualidad económica y social aprovechando la dureza de las exposiciones contra el sistema político del General Muller Rojas en Estrategia y el general José Luis Prieto en Inteligencia Estratégica.

La corrupción militar era uno de los temas principales de la agenda. El núcleo fundamental de la conjura se concentraba en el Curso Superior de Comando y Estado Mayor numero 32. Desde allí, a ocupar los cargos en el comando de las unidades tácticas del Ejército más sensibles, era solo cuestión de la decisión del Comandante General del Ejército y la ratificación del Ministro. Las unidades ya estaban seleccionadas y se habían aceitado en eso de la salvaguarda del honor militar y la reivindicación de la patria.

Eso de que "Por disposición del Ciudadano Presidente de la República y Resolución del Ministerio de la Defensa" era una zarandaja formalista; desde las aulas de Los Pinos se proyectaba la maniobra más allá de las posiciones iniciales del enemigo, hasta el objetivo final de los cargos en los primeros comandos de las unidades. Lo que mediaba eran las situaciones de conducción. Eso que llaman apreciaciones de la situación de conducción. Para eso estaba Muller Rojas ablandando las posiciones en sus horas académicas de Lidell Hart, prefigurando fintas, haciendo maniobras de diversión y cabildeando en el quinto piso del Ejército. La estrategia de la aproximación indirecta no podía funcionar mejor.

Las unidades militares seleccionadas eran los batallones de paracaidistas. Lo que se imponía era una operación especial con una alta capacidad de movilidad y un gran poder para la sorpresa más allá de la retaguardia. Las unidades de paracaidistas eran las ideales. Ya tenían el orgullo del combate a flor de piel en las dos misiones que se le había seleccionado previamente. Cumplieron una misión humanitaria en Namibia como reserva dentro del país y luego fueron por cuatro meses a Centroamérica a supervisar la desmovilización en esa larga guerra civil. Eso ya formaba parte de sus haberes militares y la experiencia de combate. Solo faltaba subirse al ring de la política, los argumentos de la participación se asumían desde el rudo contacto con la contra y con el sandinismo en la experiencia humanitaria de Nicaragua.

Durante la actuación en Namibia, las Naciones Unidas asignaron a Venezuela la misión de mantenerse en reserva para trasladarse a la Zona de Operaciones en un plazo de siete días en caso de ser necesario. A partir de ese momento el Batallón Venezolano se encontraba en segunda reserva después de Togo y antes de Yugoslavia, por lo tanto, la Unidad se quedó esperando ordenes en caso de que hubiera sido necesaria la utilización de las reservas, para solventar algún contratiempo surgido, reemplazar alguna Unidad que hubiera satisfecho ya el Mandato de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) o para cumplir con cualquier otro aspecto, de haberse necesitado.

Finalmente el Batallón de Paracaidista Antonio Nicolás Briceño no fue requerido por la ONU y no tuvo necesidad de salir del país; pero la unidad fue organizada, equipada y adiestrada para cumplir su misión y estuvo presta para salir hacia Namibia. Todo era emoción en el Comando, la Plana Mayor de Coordinación, la Plana Mayor Especial y las unidades de maniobra del batallón.

La Unidad Especial Venezuela – como había sido bautizada de manera especial - no fue desactivada y había recibido misiones de entrenamiento como tal.

En Febrero de 1990 la Unidad Especial de Seguridad Venezuela realizaba maniobras en El Pao, Estado Cojedes, cuando nuevamente las Naciones Unidas le asignaron una nueva misión: "Ayudar  en el proceso voluntario de desarme de la Resistencia Nicaragüense (RN) mediante las actividades de recolección, registro, destrucción, transporte, almacenamiento y custodia y participar en la disposición final de las armas, municiones, equipo y uniformes que entreguen voluntariamente las miembros de dicha Resistencia".

En las aulas del Curso 32 de la Escuela Superior del Ejército en ese momento bajo la dirección del General de Brigada Alberto Esqueda Torres, se batieron palmas. Los lauros de una unidad que regresara victoriosa de contribuir a la paz, eran los más fecundos frutos para montarse en el proceso de paz de la Republica de Venezuela. La única manera de traer la paz a Venezuela, era iniciar una cruzada contra la corrupción en el sector militar, que se llevara por delante al sector político.

Se inició el análisis de la misión y de la información disponible en atención al despliegue operacional previsto en Centroamérica: Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

El 10 de Abril de 1990, la Base Aérea El Libertador en el Estado Aragua fue testigo de la partida de las primeras tropas venezolanas en misión de paz, bajo la bandera de Las Naciones Unidades. Muy pronto, esas mismas tropas, regresarían a abrazar la bandera de una nación unida en torno a la libertad y la paz.

El 22 de Abril empezaron a partir de Venezuela el resto de las tropas. La 1era. Compañía de Paracaidista salió ese día, el 24 de Abril la 4ta. Compañía con parte del Cuartel General y el 26 de Abril concluyó la llegada del personal, con el arribo de la 3era. Compañía y la parte faltante del Cuartel General.

A diferencia de las dos primeras oleadas, que viajaron en los C-130H de la FAV, las dos finales viajaron en primera clase de la aerolínea Canadiense NationAir. 

El 27 de Abril, más de 700 soldados venezolanos amanecieron usando boina azul y perteneciendo a las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas, cuatro meses más tarde retornarían para cambiar la boina azul por la tradicional boina roja de los paracaidistas. La historia empezaba a contarse.

A la Unidad Especial de Seguridad Venezuela se le asignaron ocho Zonas de Seguridad a lo largo y ancho de la geografía Nicaragüense donde se desarmaría a los rebeldes. Junto a los soldados venezolanos, también se encontraba personal civil de la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación (CIAV), integrantes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Proceso de Desmovilización en territorio Nicaragüense empezó oficialmente el 8 de Mayo.

La desmovilización llevada por la UESV a un miembro de la Resistencia Nicaragüense consistía en lo siguiente: El rebelde voluntariamente se despojaba de su equipo, arneses, etc., para que un soldado venezolano lo revisara y así evitar que pasara munición al área de desmovilización. En este punto se entregaba toda arma y munición disponible. A continuación el ex rebelde era sometido a exámenes médicos para que después los miembros del Grupo de Observadores de la ONU le tomaran sus datos personales, familiares, nivel de instrucción, y las actividades que espera realizar en el futuro.

Igualmente el personal de la ONU tomaba datos sobre el equipo de combate entregado, datos del armamento, serial, calibre, etc. Ya despojado de toda su indumentaria, el desmovilizado era vestido con ropa civil para finalmente tomarle una fotografía  y entregarle un carnet de identificación. Mientras todo esto sucedía, los soldados venezolanos entrenados en equipos de oxigeno y acetileno, literalmente cortaban los fusiles (u otra arma) en tres partes e inutilizaban los cargadores con una mandarria. Finalmente los restos eran llevados a un crematorio para su total destrucción.

Todo este proceso se repitió sin novedad con los miles de miembros de la Resistencia, hasta contabilizar 22.373 hombres y mujeres. Se recolectaron para su destrucción 15.144 armas de pequeño y mediano calibre, 4 ametralladoras pesadas, 137 morteros, 1.828 lanzagranadas, 1.333 granadas, 146 minas, y 119 misiles.

El 5 de Julio finalizó oficialmente la desmovilización, aunque la UESV desde varios días había concluido su tarea.

Antes del regreso de la primera oleada, ese mismo 19 de Junio, en el patio del Cuartel General de Blindados en Managua, se realizaron dos actos de relevancia histórica, la entrega de condecoraciones Mérito Distinguido de la ONU a todo el personal participante y la entrega de condecoraciones del Gobierno Nicaragüense al personal de la UESV que cumplió los requisitos establecidos por la reglamentación.

Después de los actos, las primeras tropas empezaron a regresar a suelo patrio, donde fueron recibidas por el Comandante General del Ejército. Toda esa memoria pasaba por el viejo soldado mientras subrayaba fragmentos, rompía cuartillas y lanzaba pedazos de papel bond borroneado, a la papelera ya rebosante de basura del discurso que no terminaba de hacer el recuento de su tránsito como Comandante General del Ejército.

El 24 de Junio y 5 de Julio se celebraron los acostumbrados desfiles militares del Día del Ejército y Día de la Independencia respectivamente, y la  Unidad Especial de Seguridad Venezuela desfiló ante su orgulloso pueblo venezolano, luciendo sus boinas azules y  condecoraciones.

El 7 de Julio los integrantes de la Unidad fueron ascendidos y condecorados por el Gobierno Nacional, para finalmente el 18 de Julio de 1990, por Resolución No. E-1467 es desactivada la Unidad luego de participar en las Operaciones de Restablecimiento de la paz en Centroamérica a las órdenes de las Naciones Unidas.

Fueron cuatros meses de intensa dedicación y esfuerzo cabal de los miembros de la Unidad Especial de Seguridad Venezuela, que dejaron  bien alto a nivel internacional al Glorioso Ejercito Venezolano, Forjador de Libertades

En ese momento, la primera unidad militar venezolana, era la Unidad Especial de Seguridad Venezuela. El distintivo de cada uno de los integrantes de esta unidad, era el del soldado que regresaba victorioso del Campo de Batalla y de haber llevado más allá de las fronteras venezolanas, el estandarte de haber contribuido con la paz.

Esta misión era lo más cercano a la identificación con el Ejército Libertador que había cruzado sus fronteras para llevar la libertad y la paz a otros países. Esa Unidad Especial de Seguridad Venezuela era el Batallón de Paracaidistas Antonio Nicolás Briceño.

La misma circunstancia de compartir la experiencia de la guerra con los desmovilizados centroamericanos, los hacia una unidad elite dentro del Ejército. La Unidad Especial Venezuela, formada en prioridad por paracaidistas y especialistas de todo orden dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales se nucleó en torno al Batallón de Paracaidistas "Antonio Nicolás Briceño". Con la desactivación de la unidad especial, sus integrantes fueron reasignados dentro de la Brigada de Paracaidista en sus unidades tácticas.

La mayoría de los profesionales y las tropas permanecieron en la unidad núcleo del "Briceño", el resto fueron reasignados al Batallón de Paracaidistas "José Leonardo Chirinos" y el Batallón de Apoyo "Ramón García de Sena".

En el mes de julio de 1991, había que iniciar un proceso de relevos en los cargos del primer comando. Esas unidades debían de mantener su línea de elite, dentro de la estructura de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Una unidad elite merecía el comando de un oficial perteneciente a una elite dentro del Ejército.

Nada de eso era bueno colocarlo en el discurso.

 

Ooooooooooooooooooooooooooooooo

 

Algunos de los oficiales de la facultad imponían su autoridad académica a través de la versión de la seguridad… ¡Ante la duda, rojo! Se trataba de no dejar espacio para la incertidumbre en el combate, de arrinconar la niebla de la indecisión ante la duda; era preferible tomar una decisión para perjudicar a un inocente que no tomarla y dejar afuera a un culpable. Eso se inoculaba en la sangre corporativa desde los viejos tiempos de las escuelas de armas y servicios y las escuelas de estado mayor. En algunos niveles había claridad en la situación, certeza en la realidad política de la organización y una posición definida en cuanto a mantener dentro de los cauces institucionales y democráticos al Ejército.

En los meses previos a las actividades festivas de diciembre de 1.990, elevan a la consideración del Comandante General del Ejército, una solicitud de apelación de los resultados de una Prueba Integral Individual (PII) del Curso Superior de Comando y Estado Mayor numero 32. Se trataba de la prueba final de Brigada de Infantería en Operaciones Defensivas. El instructor, un Teniente Coronel de Blindados, Pedro Vicente Lezama Pérez; había considerado reprobar a un grupo significativo de señores oficiales alumnos entre los cuales estaban los mayores Jesús López Ramírez, Rodolfo Mendoza Urbina, Luciano Bacalao Von Schambert y Hugo Rafael Chávez Frías entre otros.

En honor a la verdad, un alumno reprobado en el nivel del Curso Superior de Comando y Estado Mayor en un requerimiento de la materia Brigada de Infantería en Operaciones Defensivas se revestía de una gran carga de subjetividad; era equivocarse en el proceso de toma de decisiones para una situación en particular que diseña el instructor en el examen. Aquello de ¿Cuál es su decisión? ¿Cuáles son sus acciones? ¿Cuáles son sus órdenes?

Más importante que eso era la justificación por los factores de la decisión, la misión, el enemigo, el terreno y los medios. Y en eso es que hay que argumentar en el uso de las unidades, razonar en el desplazamiento a través de la observación y los campos de tiro, justificar en cuanto a la composición y la fuerza del enemigo; o demostrar que la decisión es viable en la conjugación de todos esos factores. En todo caso, la decisión del instructor para impugnar el razonamiento del alumno tiene una gran carga de subjetividad.

La mejor manera de probar el desacierto es en el campo de batalla o en el juego de guerra.

Los niveles de apelación subieron hasta que la Dirección de la Escuela lo eleva al Comandante General y la decisión es abrir la oportunidad de una nueva prueba que es calificada como reprobada nuevamente, hasta que por decisión ejecutiva la materia se aprueba y el Señor Oficial Alumno, el Mayor Hugo Rafael Chávez Frías continua manteniendo su alta, en el Curso Superior de Comando y Estado Mayor numero 32.

Una decisión al más alto nivel del Ejército que se demostró en el tiempo, reprobable; en la que privaron mas los afectos y la contigüidad amistosa de otro de los afectados y la irresponsabilidad de la Dirección de la Escuela Superior del Ejército de no cumplir con el mandato del Consejo Académico de aplicar el Reglamento Interno del instituto.

Una decisión del Mayor Hugo Chávez en una prueba final de una materia académica, calificada con rojo por el instructor el Teniente Coronel Pedro Vicente Lezama Pérez; también sirvió para calificar con rojo la indecisión del General de Brigada Alberto Emerich Esqueda Torres de no aplicar el reglamento interno; la indecisión del Comandante de las Escuelas del Ejército y la indecisión conclusiva del Comandante General del Ejército. El tiempo le puso rojo a cada uno de ellos; pero eso no era necesario reseñarlo en el discurso; eso no formaba parte del inventario de emociones que debía recibir el Comandante en Jefe.

Entonces, con tantas indecisiones, bien valía la pena hacer un esfuerzo por retornar a los cauces constitucionales el Ejército y esa tarea la debían de abordar los mandos intermedios y los cuadros operativos.

Muy distinta a la situación de los altos mandos de la fuerza. En estos privaba el poder y el dinero. La inversión que resultaba de los dineros de la republica en el Plan Global de Adquisiciones que derivó de la crisis de 1.987 con el ingreso de la Corbeta colombiana ARC Caldas al Golfo de Venezuela, abría la posibilidad de dejar de lado los principios y valores inculcados en el hogar y durante las pasantías por la Academia Militar de Venezuela.

Era demasiado dinero en juego y luego, estaban los cargos de poder militar en lo inmediato. El Ministerio de la Defensa, los comandos de fuerzas, la Contraloría General de las Fuerzas Armadas Nacionales, la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar, Dirección General Sectorial de Administración; mientras se lograra controlar los cargos sensibles desde la cúpula de cada uno de ellos, el mandado estaba garantizado dentro de la organización militar. Las banderillas clavadas en los costillares de los políticos se podían armar en los "quintos pisos" más importantes del Fuerte Tiuna, en el Ejército y el Ministerio de la Defensa.

La guerra con Colombia convertida en la Hipótesis Verde se transmutaba en los billetes verdes de los proyectos de adquisiciones y los procesos de licitaciones de las compras. Allí era donde se libraban los verdaderos combates; las primeras bajas eran la dignidad, el honor, los principios y los valores.

El fantasma de la conspiración abría los cauces para que las decisiones políticas en Miraflores y el Congreso Nacional hicieran expeditos los créditos adicionales y los presupuestos en la OCEPRE.

El enemigo externo (Colombia) ampliaba el panorama de la oferta y la demanda para las compras militares; y el enemigo interno (El Golpe) bajaba por gravedad los dineros de las comisiones.

La Hipótesis Verde era una realidad de los verdes billetes de los dólares. Otra hoja borroneada que iba a la papelera.

"Convertir la democracia en un sinónimo de corrupción y a la libertad en sinónimo de desorden, es el milagro al revés que los modernos alquimistas del mal han producido en nuestra tierra. Ante esta situación cunde la frustración entre muchos de nuestros compatriotas y algunos tienden a creer con desaliento que los malos ganaron y no se puede hacer nada. Esa posibilidad es errada. La única posibilidad de triunfo de los corruptos es precisamente esa, que los honestos no hagan nada. Sin embargo, todavía se puede hacer mucho. La guerra santa contra la corrupción solo está comenzando y será larga. La paz todavía no se vislumbra. Nuestra guerra es por la libertad y la decencia. Con libertad habrá desorden algunas veces, pero sin ella habrá siempre opresión.

Ante esta situación… ¿Qué debemos hacer los militares?"

¡Orlando García no ha vendido ni una navajita a las Fuerzas Armadas! Cuando el Presidente Pérez exteriorizó esta declaración a los medios de comunicación social, en el quinto piso del Ejército se frotaron las manos. Delante de la bien tallada mesa de vidrio de la oficina del Comandante General los estatutos de la Corporación Margold recogían el nombre de Orlando García en compañía de Gardenia Martínez como principales accionistas de la compañía que había estafado al Ejército en la venta de un lote de municiones de artillería de calibre 105 mm.

Orlando García era el Jefe de la Escolta Civil del Presidente Pérez y era imposible que este no supiera los pasos de su subordinado. En todo caso era difícil que las otras agencias de seguridad del estado y los canales oficiales desde donde le llegaba la información al Jefe del Estado no le hubieran proporcionado esa información al Comandante en Jefe.

El punto era que en el Ejército tenían los elementos de convicción suficientes para abrir una averiguación sumarial que llevaría a la cárcel a Gardenia Martínez, a Orlando García y la cadena de complicidades internas dentro de la institución; de allí a establecer otras vinculaciones con el mundo político solo había un paso. Llevar a la cárcel a Orlando García era exponer al Presidente de la República a un escándalo que pusiera en peligro la estabilidad del gobierno, que ya era mucho decir con los otros escándalos militares de naturaleza conspirativa que habían quedado sin finiquito. El gobierno de Pérez estaba débil. Este discurso y sus resultados fueron una palmaria manifestación de su postración política.

"Es para nosotros de sobra conocido que debemos ser obedientes y no deliberantes, como lo dicta la Constitución y las leyes venezolanas. Pero esto no supone que debemos obedecer órdenes inmorales, ilegales e ilegitimas, ni tampoco que debemos permanecer mudos cuando la patria está en peligro. Los militares debemos dar la señal de alarma para que todos los venezolanos decentes entremos en zafarrancho de combate para enfrentar el monstruo de la corrupción.

Parafraseando a Clemenceau, podemos decir que así como la guerra es algo demasiado importante para dejársela solo a los generales, la conducción del estado es demasiado importante para dejársela solo a los políticos."

Si el Coronel Leopoldo González Aragot, el leal Consultor Jurídico del Ejército, hubiera tenido la ocasión de revisarle el discurso al Comandante General le hubiera sugerido que le cambiara el tono, que lo hiciera más sutil y potable desde el punto de vista institucional, incluso le hubiera saltado con una de sus salidas ocurrentes y era probable que alguna anécdota presidencial le hubiera servido para atajar las diez cuartillas de bilis personal que se volcaba en la proclama insubordinada. ¡Betancourt no se hubiera calado esta inquietante alocución y Caldera te pone preso! Y era verdad. Pero el jefe militar estaba dando un paso sobremanera calculado en cada uno de los episodios.

"La característica que distingue a la organización militar es su capacidad de hacer la guerra en defensa de los intereses vitales de la patria. En este momento estamos en guerra contra la corrupción, en defensa de nuestros valores morales. Es por eso que ahora, cuando estamos siendo atacados por las huestes de la corrupción, los militares como siempre debemos estar en la primera línea de combate porque nos requiere la republica y porque el costo de no actuar sería demasiado grande para una institución tan importante como las Fuerzas Armadas Nacionales.

Esta guerra para algunos parecería no ser de carácter militar, ya que en lugar de armas convencionales debemos usar armas morales para nuestra defensa. Pero nosotros los hombres de uniforme no podemos evadir este combate, al que debemos asistir en cumplimiento del servicio moral obligatorio"

Pérez había dejado de tomar decisiones objetivas en el sector militar. Su apatía para obligar a una conclusión sería y confiable en el caso de la movilización de los tanques Dragón 300, en su etapa de la campaña electoral había cruzado la realidad de sus obligaciones presidenciales y se encontraba aún en un limbo de decisiones.

Para el presidente era preferible dejar ese hecho de ese tamaño. Ese era un problema de las intrigas internas de los generales en su pelea por los cargos. El coco de la conspiración, usualmente expuesto por los mandos castrenses para arrinconar a los políticos del Congreso Nacional a la aprobación expedita de los créditos adicionales para cancelar las compras militares, siempre tenía en la vanguardia este tipo de banderillas.

Se le informaba al Comandante en Jefe de una conspiración y al mismo tiempo se le presentaba un punto de cuenta donde se hacía una solicitud para apresurar los créditos adicionales que estaban represados en las compras militares. El Comandante en Jefe para frenar la conjura, aprobaba el planteamiento con el convencimiento íntimo del chantaje; de allí a disponer de los dólares urgidos, en el cortísimo plazo para sofocar la rebelión, saltaba la diligencia a los senadores y diputados de las comisiones de defensa del parlamento.

Ese era un juego en el que participaban parlamentarios, generales, almirantes y allegados al entorno presidencial. La corrupción abría fuegos permanentemente dentro de las filas de la republica y la vanguardia aparente eran los valores y los principios macerados en el hogar y ratificados dentro de la Academia Militar de Venezuela, según el decir del Comandante General saliente.

"Por nuestra formación, los militares tendemos a separarnos del resto de la sociedad y esto no es bueno. Las Fuerzas Armadas Nacionales constituyen una organización destinada al servicio público y por lo tanto no podemos aislarnos, porque al hacerlo nunca sabremos qué es lo que la sociedad espera de nosotros. Pero si es peligroso que los militares nos aislemos mudos en nuestro mundo cerrado de obediencia, también es peligroso abrirse demasiado. El peligro fundamental que tiene el no aislarse, es que podríamos convertirnos en deliberantes e involucrarnos en la política partidista. Esto último no es una consecuencia obligada de una decisión, de salir de ese aislamiento, ni se debe tener temor por este hecho. Los militares somos una parte legitima e importante de la sociedad y por lo tanto una institución que tiene algo que decir y que debe ser oída, sin que ello constituya una amenaza a la sociedad civil y a las instituciones democráticas"

El Ministro de la Defensa permanecía impasible y serio. La formalidad del acto diluyó las duras palabras de su compañero del Alto Mando Militar en una relación oficial que se había convertido en traumática hasta en las presentaciones de las cuentas durante las audiencias.

El Comandante del Ejército en ocasiones le entregaba la cuenta ordinaria al Director de Secretaria o a los ayudantes personales para las firmas correspondientes y luego de haber sido rubricadas por el Vicelmirante se retornaban por el mismo camino. Ambos se evitaban más allá de las formalidades.

El general del Ejército consideraba que se había obviado su antigüedad en el camino del Ministerio de la Defensa y se había priorizado la relación de confianza entre el marino desde sus tiempos de edecán y el Presidente en su primer periodo de gobierno. La relación oficial entre ambos jefes se canalizaba entre los ayudante protocolares, normalmente en la casa ministerial del Fuerte Tiuna.

El ayudante del Ejército esperaba el retorno del ministro, normalmente a mediados de la noche, hacia espacio para que el hombre de mar saludara a su perro, con el cuál correteaba en la amplia antesala de la dominante estructura de la casa para drenar el estrés del cargo y luego recibía el abultado portafolio de las firmas urgentes. Así se manejó la relación administrativa Ejercito-Ministerio de la Defensa en el largo año conspirativo del año militar que corrió entre junio de 1.990 y junio de 1.991.

"Situaciones como las actuales producen conflictos entre la obligación que tenemos los militares de obedecer instintivamente las órdenes superiores y la necesidad de ejercer alguna medida de pensamiento crítico y reflexivo ante dilemas de carácter ético. Esto es especialmente doloroso cuando nuestra conciencia gime. Cuando esa voz interna nos orienta en los momentos difíciles hacia un deber ser distinto a la obediencia automática. Esos dilemas morales se reducen cuando debemos decidir entre obedecer a los dictados de nuestra conciencia o cumplir con lo establecido en las leyes y reglamentos. Todos sabemos que tomar una posición ética, siguiendo la voz de la conciencia puede tener malas consecuencias, pero las consecuencias de no adoptar esa posición pueden ser peores."

El reemplazo de las autoridades militares se acostumbraba hacerlo posterior a las actividades oficiales de la conmemoración del aniversario de la Batalla de Carabobo y Día del Ejército. El Comandante en Jefe había decidido relevar en el mando al Comandante General. La polémica desatada entre el Director de Inteligencia Militar, el General Fuenmayor y el General Peñaloza se le había escapado de las manos al Jefe del Estado. El giro inesperado de la comparecencia de este en la Comisión de Política Interior del Congreso de la República había sacado el problema de la Margold a otro nivel.

La sorpresa en la hábil jugada política del gocho de Fuerte Tiuna dislocó al gocho de Miraflores. Jurado Toro recibió lo suyo por la tramitación aparentemente inofensiva de la comparecencia. Una cuenta ordinaria tramitada entre ayudantes, había filtrado la solicitud entre el abultado portafolio de firmas. Fue obligado a retractarse en la autorización que se le había expedido a Peñaloza para presentarse en el Congreso. El Inspector del Ejército diligenció hasta lo imposible para localizar al zamarro andino de San Cristóbal que se había desaparecido conveniente y misteriosamente de sus oficinas y su casa de habitación, para ventilar ante los diputados la posible conexión en la corrupción de las compras militares a través del Jefe de la Escolta Civil, Orlando García y el Presidente.

Era el dilema ético al que se aludía en el discurso de entrega. Los sabuesos de la Dirección de Inteligencia Militar fueron burlados en la estrecha vigilancia que habían impuesto a los pasos del Comandante General y al otro día este ingresó al Congreso Nacional a cumplir con su obligación constitucional, a pesar de los esfuerzos del diputado Henry Ramos Allup de servir de mensajero del Presidente Pérez y frenar la asistencia. Nada impidió la comparecencia.

"Al anterior dilema ético se une otro de diferente naturaleza pero de mayor importancia, la necesidad de actuar de forma tal que la organización militar proteja efectivamente a la sociedad civil, sin hacerle daño irreparable a las instituciones democráticas. En otras palabras, ¿Cómo actuar en ciertas

Entre tanto roguemos a Dios que nuestros líderes recapaciten y despierten a esta democracia adormecida y peligrosamente aborrecida por muchos. Si ellos no desdeñan los complejos para su corrección y no toman las medidas para purificarla a corto plazo, la democracia se perderá. Si no se inicia pronto un renacimiento moral, en Venezuela puede ocurrir cualquier cosa.

En estos momentos difíciles, los militares debemos estar prestos a cumplir con nuestro deber, guiados siempre por las palabras sabias del libertador, que al respecto dijo:

Mi único amor siempre ha sido el de la patria, mi única ambición la libertad.

Señores"

De allí salió el discurso para Fuerte Tiuna.

El destino político del Presidente de la Republica y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas había sido sellado con el Libertador. Simón Bolívar había servido de antesala en el polémico discurso y también de broche. Ambas sentencias morales encerraban un profundo proceso de reflexión y de inquietud que ya venía corriendo libremente en el Ejército con la complicidad expresa de un grupo de generales y otro notable sector de individualidades de los medios, de la cultura, de la economía y de la política.

Eran inteligencias al servicio de un proceso subversivo que contribuyó a erosionar más la institución presidencial. De allí al golpe mediaba un paso. El discurso del alto jefe militar calibró la capacidad de respuesta de Pérez y esta se concentró en pasiones más que en razones. La inacción del Comandante en Jefe ante un acto de abierto desafío a la autoridad dejó en evidencia el ascendiente de Pérez en el medio militar. A partir de allí su autoridad dependía de la confianza.

Los jirones del mando, entregados a los compromisos afectivos de sus antiguos edecanes no bastaban para frenar la abierta conjura que rodaba libremente en el medio militar. Faltó al gocho de Rubio aplicarle al gocho de San Cristóbal, lo que aplicaba en sus buenos tiempos del gomezato otro gocho, pero de La Mulera.

En 1.913, otro gocho de Mérida se embarcó en una conjura contra el General Juan Vicente Gómez. Ambos eran compadres, el gocho de La Mulera era padrino de Carlos Delgado Chalbaud, malogrado durante el triunvirato de Pérez Jiménez y Llovera Páez en el histórico magnicidio de 1.950. El General Delgado con la sospecha de que su compadre ya estaba al tanto de la conspiración le solicitó una audiencia a Gómez y fue a conversar con él para aclarar sus asuntos. Al finalizar la conversación, lo estaba esperando en la antesala una comisión de La Sagrada y fue a dar con sus huesos a la tenebrosa cárcel de la Rotunda, donde permaneció con grilletes en los tobillos por 14 años y sin poder escribir un discurso de despedida.

La historia a veces se repite, con actores distintos que olvidan sus parlamentos y sus roles.

 

 

 

 

miércoles, 18 de noviembre de 2009

UN CUENTO CHINO – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Junio de 1.989

Como "un cuento chino" calificó el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el doctor Jaime Lusinchi, el resultado de las investigaciones conducidas para establecer las interioridades de la salida de un escuadrón de tanques Dragón - 300 el 26 de octubre de 1.988, desde su sede en Fuerte Tiuna hasta la esquina de Carmelitas en el Ministerio de Relaciones Interiores, con la justificación de ir a proporcionar seguridad al Presidente encargado de la República, el doctor Simón Alberto Consalvi.

Tampoco el candidato presidencial de Acción Democrática, el señor Carlos Andrés Pérez, quedó convencido del resultado de las pesquisas y se prometió investigar posteriormente del hecho. El punto es que las explicaciones que dieron los altos jefes militares y los organismos responsables de conducir las investigaciones no generaron confianza. A pesar de ello y de limitar la culpa en el Mayor segundo comandante del Batallón de Tanques Ayala y otras decisiones de naturaleza administrativa en la unidad táctica, la investigación no se profundizó. Todo quedó en simples conjeturas que en definitiva, al final, lograron un cometido posterior.

La lógica institucional indicaba que en julio de 1.989 el ministro de la defensa natural, lo sería el General de División del Ejército José María Troconis Peraza. Nada indicaba lo contrario ni colocaba algún margen de desviación para que el nuevo Presidente de la República resultante de las elecciones del mes de diciembre de 1.988 entre los dos aspirantes más fuertes; el Señor Carlos Andrés Pérez, ex presidente de la república por Acción Democrática y el doctor Eduardo Fernández del partido Copei, quien venía de derrotar en una elección interna al doctor Rafael Caldera en su propia organización política; tomara una decisión distinta para reemplazar al General de División del Ejército Italo del Valle Alliegro, quien pasaba a la situación de retiro por tiempo de servicio cumplido.

El General Troconis era un general victorioso, además de sus propias condiciones personales venía precedido de una experiencia profesional única, que le exteriorizaba una autoridad indiscutible dentro del Ejército, las otras fuerzas hermanas y en el mundo político. Era un oficial que había reforzado su propia trayectoria profesional con su desenvolvimiento impecable al frente del Teatro de Operaciones del Occidente, durante la crisis de la Corbeta colombiana ARC Caldas en los días comprendidos entre el 9 y el 18 de agosto de 1.987.

Fueron nueve días de la más severa crisis militar entre ambos países, desde los días de los Camberra en los islotes de Los Monjes durante la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Siendo Jefe del Grupo de Planificación Operacional (GPO) el General de División Esteban Custodio Rojas Guitian y habiendo entregando recientemente ese cargo el también General de División Peñaloza Zambrano quien estaba apenas recibiendo funciones en la Quinta División de Infantería de Selva y el natural Comandante de esa operación; el Presidente Lusinchi en su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales los obvió a ambos y designó al Inspector General del Ejército, para que asumiera la responsabilidad de movilizar al componente armado criollo para activar la Hipótesis Verde.

El General de División Troconis Peraza asumió como Comandante del Teatro de Operaciones del Occidente y el General de División Rojas Guitian como su Jefe del Estado Mayor Conjunto. Ambos infantes, docentes de las escuelas de armas y servicios en materias militares como Operaciones, Inteligencia, Apreciación de la Situación, Estado Mayor y con una experiencia sobremanera en el comando de tropas.

Mas allá de las suposiciones establecidas en la planificación del documento de referencia en cuestión – El Plan de Operaciones Páez – la incursión del navío colombiano era una abierta provocación a Venezuela y configuraba un casus belli. La nación estaba obligada a exteriorizar una respuesta en sintonía con la agresión militar colombiana.

La coyuntura obligaba a entregar la responsabilidad de la planificación y la conducción de las operaciones militares en el Teatro de Operaciones del Occidente a un comandante de tropas con la suficiente solvencia profesional y una trayectoria de autoridad que se impusiera hacia las fuerzas hermanas en la secuencia de las acciones del Comandante y su Estado Mayor y sobre todo, en la toma de decisiones. El jefe de la coyuntura era el general Troconis. La decisión del Comandante en Jefe fue impecable en la designación.

Los nueve días de la incursión de la ARC Caldas en el Golfo de Venezuela permitieron al componente armado justificar el rearme convencional que se había desarrollado desde la desactivación de la Hipótesis subversiva con la política de pacificación, para atender en prioridad al elemento de presión de que se había mantenido latente desde la Hipótesis de Caraballeda en el año 1.987.

Tanques, fragatas y aviones supersónicos, unas Fuerzas Armadas Nacionales nucleadas en torno al cumplimiento de su misión constitucional y una excelente conducción militar de los venezolanos durante la crisis, obligaron al Presidente colombiano Virgilio Barco el día lunes 17 de agosto de 1.997 a las 23:45 horas a dirigirse a la nación en un mensaje grabado.

"Compatriotas:

Los gobiernos de Colombia y Venezuela han recibido fervientes exhortaciones del Secretario General de la Organización de Estados Americanos Joao Baena Soarez y del Presidente de Argentina Raúl Alfonsin, a fin de que ambos países adopten medidas para aliviar la tensión existente entre Colombia y Venezuela. Atendiendo a los llamados urgentes formulados por el Secretario General de la OEA y del Presidente de la Republica Argentina, el Gobierno de Colombia, fiel a los principios de la solución pacifica de las controversias, y consecuente con su tradicional voluntad latinoamericana, ha ordenado las medidas pertinentes para contribuir a la normalización de la situación creada y confía en que el gobierno venezolano hará lo propio. El gobierno colombiano debe reiterar, como lo ha hecho en mensaje entregado al embajador de Venezuela en Bogotá, su posición respecto a los derechos que le asisten el Golfo de Venezuela.

Muchas gracias"

Una hora más tarde, ya estábamos en la madrugada del 18 de agosto, la corbeta colombianas ARC "Independiente " que había relevado en la tarea de provocación a la ARC "Caldas" se desplazaba aguas arriba hacia el norte, fuera del mar territorial venezolano. Mientras eso ocurría, todas las unidades venezolanas de tierra, mar y aire movilizadas para enfrentar la crisis, continuaban en alerta máxima, dispuestas a cumplir con sus responsabilidades institucionales.

Ese mismo día a las 21:30, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales se dirigió al país en cadena de radio y televisión, a todos los venezolanos, el Presidente Lusinchi dijo entre otras cosas:

"Como bien sabe el pueblo venezolano, durante los últimos días hemos vivido una situación de serias tensiones, como consecuencia del incidente que ha tenido lugar en el Golfo de Venezuela.

Una Unidad de la Marina de Guerra de Colombia penetró en el territorio marítimo de Venezuela e intentó ejercer actos de autoridad en el mismo, desatendiendo las invitaciones que le hicieran nuestras unidades navales para que saliera del área.

La incursión de la nave colombiana se produjo en un área sobre la cual Venezuela tiene títulos jurídicos e históricos irrefutables, y sobre la cual hemos ejercido efectiva y plenamente soberanía desde tiempos inmemoriales. Una zona sobre la cual la Armada venezolana ha venido realizando un patrullaje sistemático y permanente, manteniendo nuestro control electivo y garantizando nuestra seguridad.

La actitud del gobierno venezolano ante esta situación ha sido la que inequívocamente han asumido nuestros gobiernos democráticos: firmeza inquebrantable en la defensa de la soberanía e integridad territorial del país y de los derechos e intereses vitales de la República. Al mismo tiempo, prudencia y ponderación en el tratamiento del incidente para no caer en provocaciones y evitar que la legítima reacción venezolana produjera hechos irreparables.

Rechazamos acciones y actitudes que pongan en peligro la paz y que no pueden sino comprometer, por largo tiempo, el conjunto de las relaciones entre dos países con muchos intereses comunes, como Venezuela y Colombia. Puedo informar que, afortunadamente, en las últimas horas la nave incursora colombiana que aún permanecía en nuestro territorio marítimo, lo ha abandonado. Es una decisión prudente."

El discurso del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales manifestaba una gran resolución cívica, un alto nivel de compromiso con su responsabilidad histórica y tenía el respaldo institucional de todos los sectores del país. La institución armada estaba nucleada en torno a las decisiones del Alto Mando Militar y sus compañeros de armas destacados en las unidades desplegadas para enfrentar la hipótesis de conflicto. La figura del Presidente Lusinchi como Comandante en Jefe trascendió mas allá de la política domestica y le generó en todos los cuadros de la organización militar, un gran respeto institucional y una autoridad moral.

Mientras las unidades militares venezolanas iniciaban el repliegue a sus asientos de guarnición, la carrera profesional del General de División José María Troconis Peraza, iniciaba una segura marcha de aproximación hacia los más altos cargos dentro de la estructura organizacional.

Nada había en el horizonte, que pudiera detener el retorno victorioso de un general desde el campo de batalla. El mes de junio de 1.988 recibió el más alto cargo de comando en su fuerza de origen y su compañero de promoción el también General de División Juan José Bastardo Velásquez lo acompañaría en la Inspectoría General del Ejército y Segundo Comandante. Si la proyección institucional no fallaba, el próximo año el General Italo Alliegro pasaría al retiro y el General Troconis Peraza lo remplazaría en el Ministerio de la Defensa; y a este lo sucedería el General Bastardo Velásquez.

Entre Alliegro y Troconis era preferible sentar en el Quinto Piso del Ministerio de la Defensa al Héroe de la Caldas y el Golfo de Venezuela.

Los almuerzos dominicales del General Alliegro con el patriarca de Acción Democrática, el doctor Gonzalo Barrios se quedaron fríos. El bastón de mando de Fuerte Tiuna aguardaba sin prisa, al Jefe del Ejército.

Era la lógica corporativa… hasta que ocurrió la noche de los tanques.

El 26 de octubre de 1.988 a las 7 de la noche un escuadrón de tanques Dragón - 300 salió desde la sede de la unidad con una misión aparente; proporcionarle seguridad al Doctor Simón Alberto Consalvi, Ministro de Relaciones Interiores y Presidente encargado de la República. El doctor Lusinchi se encontraba de gira en el exterior y el Comandante General del Ejército también estaba fuera del país. Curiosamente, el Primer Comandante del Batallón de Tanques estaba también ausente de la ciudad de Caracas.

La unidad fue dividida en dos columnas para cumplir la misión, que fue recibida telefónicamente, por el Mayor José Domingo Soler Zambrano, aparentemente del Inspector General y Segundo Comandante del Ejército, el General de División Juan José Bastardo Velásquez.

Una columna salió directamente hacia la residencia presidencial La Viñeta, en inmediaciones del Circulo Militar, comandada por el Mayor Soler y con el Capitán Eufrasio Sisiruca Chirinos. La otra al mando del Capitán José Manuel Echeverría Márquez salió vía alcabala numero 3 de Fuerte Tiuna, tomó la autopista Caracas-La Guaira, cruzó los túneles El Cementerio y El Paraíso hasta desembocar en la Avenida Sucre, desde donde se encaminó a la Avenida Urdaneta a la altura de la esquina de Carmelitas donde emplazó tácticamente sus unidades para cubrir en la tarea de seguridad al Ministerio de Relaciones Interiores. Un asombrado doctor Consalvi recibió por la vía del edecán de guardia la noticia de la presencia sorpresiva de los tanques.

Desde la misma sede del ministerio, el Presidente encargado llamó a un no menos sorprendido Ministro de la Defensa, quien de inmediato tomó las decisiones para replegar las unidades de tanques hacia Fuerte Tiuna, la detención del Mayor Soler y los capitanes Sisiruca y Echeverría en el Regimiento de Policía Militar y el inicio de las averiguaciones correspondientes.

Las investigaciones formales de este hecho irregular fueron conducidas inicialmente por la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) bajo la responsabilidad del Vicealmirante Germán Gustavo Rodríguez Citraro, quien ya había recibido instrucciones del doctor Consalvi en una reunión que se realizó con el Alto Mando Militar en la residencia presidencial de La Viñeta. El Presidente de la Republica, el Doctor Jaime Lusinchi tenía un resumen bien apresurado de los acontecimientos de esa tarde. Carlos Andrés Pérez, en plena campaña electoral, también recibe una información bien escueta del General Herminio Fuenmayor. Dos horas de información recogida de manera apresurada, no imponía ninguna conclusión seria de esos acontecimientos.

Un día de encargados en las más altas responsabilidades operativas de la república, pone a activar un engranaje bien peligroso, que aún; veinte años después no tuvo una conclusión oficial en las investigaciones. El doctor Consalvi estaba encargado de la presidencia de la república, el más alto cargo militar del país – Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales -no es delegable en su autoridad; el Comandante General del Ejercito estaba en comisión del servicio fuera del país y estaba encargado del Ejército, el General Bastardo Velásquez; el primer comandante del Batallón Ayala Teniente Coronel Pablo Querales Rivero estaba en el interior de la república, y estaba encargado del batallón el Mayor Soler Zambrano.

La Republica, el Ejército y el Batallón de Tanques Ayala tenían encargados al frente de sus responsabilidades. Las ausencias en los titulares del poder político del país, del poder militar del país y del poder de fuego del Ejército en Caracas fueron coincidencias extremas, que sumadas a una conspiración bien enhebrada y sobremanera articulada, valía la pena hacer un intento notable.

El edificio sede de la Comandancia General del Ejército, es una construcción moderna en obra limpia de seis plantas. El último piso mas la mezanina hacen de su dispositivo administrativo, una eficiente red de emisión de disposiciones interinstitucional. La cercanía con el edificio sede del Ministerio de la Defensa le da un valor agregado en el sistema de coordinaciones con las oficinas administrativas del Fuerte Tiuna y las unidades operativas asentadas, que corresponden a la Guarnición Militar de Caracas. La unidad de mando operativo surgía desde la sede del Comando General del Ejército y hacía a su titular, el jefe militar más poderoso del país.

Fuerte Tiuna es el Centro de Gravedad de Caracas y siendo esta, la sede del poder político; es esta instalación militar el centro de gravedad del país. De la misma manera, siendo el Batallón de Tanques Ayala, la unidad militar con el mayor poder de fuego y la más alta capacidad de movilización en el Fuerte; era esta unidad, el eje alrededor del cual orbitaba todo género de decisiones para influir política y militarmente en la capital de la republica. Lo sigue siendo.

Un buen plan más allá de lo que se evidenció en las informaciones que se filtraron a la opinión pública, hubiera desembocado en la detención del doctor Consalvi, la neutralización de los puntos críticos más importantes de la capital y la ocupación de varios medios de comunicación social. Lo demás era para desarrollar la situación y mantener informado al comando de la operación. El poder político del país se hubiera alcanzado sin disparar un solo tiro y hubiera dejado en el sitio a todo el liderazgo de la nación. La misma asepsia operacional, la sorpresa en la movilización, los resultados operativos y la incertidumbre de los involucrados en todos los niveles; señalaba bastante margen para la duda. Todo indicó en el tiempo, que ese no era el objetivo inmediato de la movilización blindada con los tanques Dragón - 300 en esa noche de octubre.

La misión de desplazar un escuadrón de tanques, ese 26 de octubre de 1.988 se cumplió al cien por ciento. En términos de la relación de los costos y los beneficios, el efecto de la demostración se apegó al concepto operacional y a los resultados esperados. Apenas una baja fuera de combate; el Mayor José Domingo Soler Zambrano fue sometido a la jurisdicción de la justicia militar, estuvo encarcelado varios meses y al final fue pasado a la situación de retiro. Un precio aceptable, si tomamos en consideración los objetivos políticos y militares de naturaleza estratégica que derivaron en el tiempo, del paseo de dos horas de los vehículos Dragón - 300.

¿Paris bien vale una misa?

Los medios de comunicación recogieron tímidamente la movilización de tanques apenas el 28 de octubre. El diario vespertino El Mundo de la Cadena Capriles, lo recogió en su portada en un taco pequeño y resumido. A la información se le había dado un tratamiento exageradamente confidencial.

El primer interrogatorio al Mayor Soler Zambrano lo hace el jefe de la DIM con la presencia del General de División Manuel Heinz Azpurua, Jefe del Comando Estratégico del Ejército; el General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, Jefe del Estado Mayor General del Ejército; el General de Brigada Herminio Fuenmayor Pereira, Agregado Militar de Venezuela en Bélgica; el General de Brigada Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, Director de Planificación y Presupuesto del Ministerio de la Defensa y el Coronel Humberto Castillo Oliveros, Comandante del Regimiento de Policía Militar.

Eso que llaman la preservación de la escena del crimen y la no contaminación del indiciado en la técnica policial de interrogatorios, se lo llevaron por delante la presencia de tantos jefes militares en la primera información que aportó el Mayor Soler.

Unas conclusiones surgidas de la manera más atropellada, de la información aportada por un asustado mayor de blindados frente a tantos generales que quisieron ser testigos de primera mano de la declaración; que quiso cumplir con su deber de la manera más eficiente posible, para preservar la seguridad del presidente de la república y se consigue de pronto que está en el medio de una conspiración que va mas allá la misión encomendada; es obvio que daba base para montar una deducción cercana a la tramoya. La calificación inicial de "cuento chino" que le atribuyó el Presidente Lusinchi estaba justificada.

El jueves 27 de octubre se realizó en el Ministerio de la Defensa una Junta Superior de las Fuerzas Armadas Nacionales, a menos de 24 horas de la movilización, el Vicealmirante Rodríguez Citraro hizo una exposición que no convenció al Ministro Alliegro; este transmitió su parecer al Presidente Lusinchi y la responsabilidad de la investigación fue transferida al Jefe del Comando Estratégico del Ejército, el General Heinz Azpurua.

La tesis del "cuento chino" vendida en las preliminares al Comandante en Jefe por los altos mandos militares no fue asimilada por el Presidente. Igualmente, las informaciones que le llegaban por vías indirectas e informales al Órgano Regular deben haber contribuido a consolidar una componenda que no terminaba de encajar en la versión oficial.

Tres días después de la movilización de los tanques, se desarrolla La Masacre de El Amparo como es llamado el suceso acontecido en Venezuela el 29 de octubre de 1988 en el cual mueren 14 pescadores en los alrededores de la localidad de El Amparo, municipio Páez del estado Apure fronterizo con Colombia por parte de miembros del Comando Específico "José Antonio Páez (CEJAP).

Los efectivos justificaron la acción alegando que los supuestos campesinos eran en realidad guerrilleros colombianos que posiblemente estarían preparando acciones en el territorio venezolano. El caso provocó conmoción en el público venezolano, generando manifestaciones de rechazo. Otro escándalo militar que originaba una investigación de naturaleza judicial y que podría traer connotaciones de naturaleza electoral al gobierno saliente.

La Justicia Militar recibió la solicitud de la orden de apertura de una averiguación sumarial por los hechos de Fuerte Tiuna y el Batallón Ayala. Había muchas evidencias de la presencia de hechos de naturaleza punible y el Coronel Ramón Moreno Natera fue el juez militar responsable de conducir las averiguaciones pertinentes. Sorpresivamente, en los días posteriores, la investigación fue suspendida por instrucciones del Ministro Alliegro y eso contribuyó a abrir los espacios para la duda.

La masacre de El Amparo pasó a un primer plano en la opinión pública y la noche de los tanque se encangrejó como cualquier caso policial de las Lomas de Urdaneta. La cuarentena conveniente del caso enterró la posibilidad de torcerle el rumbo a la historia y desviar el futuro político y militar del país. La prisión del Mayor Soler desapareció de los titulares de la prensa y el escándalo de los 14 pescadores pasaba a ocupar los primeros planos de los rotativos.

La investigación fue completamente cerrada, sin embargo en los mentideros del Fuerte Tiuna se abrió un gran margen para la especulación dentro de los cuadros distintos al cuerpo de generales y almirantes, integrantes del Alto Mando Militar. Las grandes preguntas eran ¿A quién beneficiaba el cierre de la investigación? ¿Se confirmó el origen de la llamada? ¿Por qué el Presidente Lusinchi no relevó en el cargo al Director de Inteligencia Militar? ¿Porque la investigación no se profundizó? ¿Por qué no se establecieron los referentes anteriores de la conspiración que estaba en marcha? ¿Hubo intervención del poder político? La lenidad observada en la aplicación de los correctivos a todo nivel, como producto de este espinoso hecho militar, comprometió las decisiones de la política militar de la nueva administración de Pérez.

Un hecho tan grave como fue la movilización de los tanques desembocó únicamente en la detención judicial del Mayor Soler Zambrano; los otros posibles involucrados, recibieron el beneficio de la duda. Un mar de especulaciones se encrespó dentro del Fuerte Tiuna y las sospechas se orientaron hacia el grupo de oficiales con la calificación de NOTABLES que ya estaban ocupando cargos sensibles dentro de la organización armada.

El Presidente Lusinchi que había demostrado coraje y fortaleza en la decisión de hundir la corbeta ARC Independiente en las aguas del Golfo de Venezuela en los días críticos del mes de agosto de 1.987, prefirió tragarse el "cuento chino" de la versión oficial en el caso de los tanques; antes que tomar una decisión terminal que involucrara a generales y almirantes.

Antes que hundir las posibilidades de una conjura que ya tenía bastante tiempo gestándose, le cargó esa decisión al Presidente electo. Eran días previos a las elecciones y no era conveniente alborotar el mundo militar. Esa decisión era preferible transferírsela al nuevo Comandante en Jefe.

 

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La posibilidad de la victoria electoral del doctor Fernández, tenía el fardo de los gobiernos socialcristianos dentro de las Fuerzas Armadas. La gran mayoría de los jefes militares con potencialidades para los más altos cargos, tenía cifrada sus esperanzas en un triunfo de Carlos Andrés Pérez.

El General Herminio Fuenmayor, compañero de promoción del General de División Peñaloza Zambrano, hacía las veces de Cónsul de la institución armada dentro del Comando de Campaña del ex presidente y por esa vía el candidato adeco tenía estructurada en borrador lo que sería su Alto Mando Militar y conocía al detalle las interioridades de las Fuerzas Armadas Nacionales.

En diciembre de 1.988, el candidato presidencial por Acción Democrática derrotaba en las elecciones al candidato de Copei el doctor Eduardo Fernández. Ese día al conocerse los resultados que adelantó el Consejo Supremo Electoral, en la esquina sur del quinto piso de la Comandancia General del Ejército se brindó especialmente para la ocasión.

Había comenzado la hora de las maniobras políticas y las intrigas de salón en el quinto piso del Comando General del Ejército. La batalla entre el norte y el sur había iniciado sus fuegos de ablandamiento desde sus dos esquinas.

Los sucesos del mes de febrero e inicios de marzo de 1.989 con los levantamientos populares conocidos como "el caracazo", obligaron a hacer una torcedura en la línea institucional que se proyectaba para los altos cargos y provocaron ciertos reajustes dentro de las decisiones de la restructuración administrativa del Alto Mando Militar. La línea política se aferró a los resultados presentados por las Fuerzas Armadas Nacionales para el control del orden público. Los mandos operativos del Ejército y la Guardia Nacional reivindicaron el uso de la violencia oficial del estado. El General Alliegro era otro General triunfante con otro tipo de implicaciones de naturaleza política. Un Ministro de la Defensa con una cancha tan expedita y abierta ante los medios de comunicación y con una química institucional mas allá de los cuarteles era una peligrosa referencia, después de tener calientica la experiencia militar de la ARC Caldas en el año 1.987.

Era el momento de Maquiavelo. Era el momento de unir la noche de los tanques con los días de febrero. Había que eclipsar la gloria de los troperos y montoneros, para darle paso a los cascos de puya y técnicos. Un general victorioso del año 1.987 y otro general victorioso del año 1.989 podrían obligar a una ratificación en los cargos y eso no era conveniente a los fines de la estrategia final.

El cuento chino que se le vendió al Presidente Lusinchi en los días posteriores al 26 de octubre de 1.988 había calificado en una versión más refinada y más aceptable por el nuevo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales. El Presidente entrante decidió amarrarse a la confianza de antiguos colaboradores militares y bajar la exposición mediática del sector militar. Los uniformados debían de regresar a sus cuarteles y dejar sus glorias del año 1.987 con la ARC Caldas y de 1.989 con el caracazo a buen resguardo político. La salida de los tanques no tenía aún un finiquito investigativo y ese cabo suelto no era conveniente dejarlo sin amarrar; por otra parte los hechos de El Amparo seguían asediando al nuevo gobierno. Ante la duda de esas conclusiones era preferible protegerse con sus compadres.

Bien caro lo habría de pagar el Presidente Pérez de no haber investigado a fondo esos hechos. Otra hubiera sido la historia.

 

Junio de 1.989, mes de ascensos, transferencias, graduaciones y retiros en la institución armada era la antesala para la fiesta del 5 de julio, día de las Fuerzas Armadas Nacionales y un nuevo aniversario de la declaración de la independencia.

El nuevo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, el Sr. Carlos Andrés Pérez designa como nuevo Ministro de la Defensa, al General de División de la Aviación Filmo López Uzcategui su antiguo edecán de la primera presidencia; nombra en la Armada al Vicealmirante Héctor Ricardo Jurado Toro (otro ex edecán), en la Aviación al General de División Cándido Farías Rodríguez y en la Guardia Nacional al General de División Manuel Ibedaca Romero.

En el Ejército, el General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, el IAEDENISTA del Curso Superior de la Defensa Nacional numero 13, es designado su Comandante General.

La lógica institucional no había funcionado y había defenestrado a tres troperos victoriosos y cubiertos de gloria, producto de los complots que se desencadenaron durante el largo año militar de julio de 1.988 a julio de 1.989.

El General Alliegro fue pasado a retiro por tiempo de servicio cumplido; el General Troconis Peraza fue designado Jefe del Estado Mayor Conjunto, cargo que no aceptó y solicitó su pase a la situación de retiro; el General Bastardo Velásquez salió de la línea de mando del Ejército y fue designado Jefe de Estado Mayor Conjunto después del retiro de Troconis.

En la larga guerra entre técnicos y troperos dentro del Ejército; aquellos se anotaban un tanto a su favor con una sola baja fuera de combate, el Mayor José Domingo Soler Zambrano y su ingenuo paseo vespertino del 26 de octubre de 1.988 con su escuadrón de tanques Dragón - 300 del Batallón Ayala.

El cuento chino había versionado hacia la viveza criolla.

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El Conquistador placas 5-3 asignado a la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército enfiló desde el estacionamiento de la Comandancia General del Ejército hacia la carretera la sayalero vía la alcabala numero 6 de Fuerte Tiuna. Cruzó Cumbres de Curumo, Colinas de Santa Mónica y tomó el rumbo hacia la calle Caroní de Colinas de Bello Monte. La calle ciega que cerraba la Quinta Los Extraños del recién designado Comandante General del Ejército se hacía difícil con la hilera de vehículos estacionados en la calle, lo que dificultaba virar al largo vehículo oficial. Mientras el señor Manaure, conductor, hacia las maniobras para disponer el carro de salida; el mayor ayudante oficial tocaba el timbre para anunciar la presencia de la comisión. Diez minutos mediaron para la aparición del alto jefe militar acompañado de su señora, entraron al vehículo después de los saludos de cortesía y el vehículo retomó la ruta de regreso al Fuerte Tiuna. Era el 16 de junio de 1.989.

El sol pegó de frente en la serpenteante carretera de retorno y la conversación entre la pareja que hacía el nuevo jefe militar del Ejército y su conyugue, iniciaba un ligero dialogo en un perfecto inglés para reserva y confidencialidad. Realmente para cubrirse de los oídos del ayudante y el conductor.

.-Santeliz called you to wish luck and excuse. His absence it's possible (Llamó el General para Santeliz para desearte suerte y excusarse. No sabe si va a estar en el acto)

.- Ok. Don't worry. He will go. You know him. What another thing said? (Aja. No importa. Ese se aparece. Ya tú sabes como es él. ¿Qué más dijo?)

.-You would have to remenber what the ex president said when you were colonel at IAEDEN to general Olavarria ¡Be carefull with The Notables. He smiled enough. He would speak soon with you (Que te acordaras cuando recibieras el estandarte, lo que dijo el ex presidente al general Olavarría cuando éramos coroneles en el IAEDEN. ¡Mucho cuidado con Los Notables general! y ha soltado una gran carcajada. Que luego hablaban)

.- He is a great man and know to do (Santeliz es un caso. Ese sabe lo que hace)

El vehículo oficial del Jefe del Estado Mayor General del Ejército ya estaba estacionando en las inmediaciones de la prevención de la Academia Militar de Venezuela, al mismo tiempo que detrás llegaba toda la parafernalia de las moscas motorizadas, los vehículos de avance y el 5-1 del Comandante General saliente, el General de División José María Troconis Peraza; al frente, el lema de antesala del Alma Mater del Ejército, franqueaba desafiante la ceremonia de transmisión del poder en el componente armado más poderoso de las Fuerzas Armadas Nacionales…"La Academia Militar de Venezuela, forma hombres dignos y útiles a la patria".

Al finalizar la ceremonia, toda la parafernalia del vehículo protocolar 5-1, moscas motorizadas, vehículos de avance, cocteleras, ayudantes, comités de relaciones publica, asomados y saludadores, fue transferida al nuevo jefe del Ejército; mientras un discreto y solitario General Troconis Peraza se retiraba acompañado de su ayudante atravesando el Gran Hall sin el asalto de los adulantes.

Era la historia del poder y lo sigue siendo. El cuento chino había presentado resultados.

 

 

sábado, 14 de noviembre de 2009

CAPITULO – SEDE DEL IAEDEN LOS CHORROS – HISTORIAS DEL 4 DE FEBRERO DE 1.992

Mayo de 1.984

La filtración del tema de una de las tesis de grado de la promoción correspondiente al año 1.984 del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IAEDEN) dirigió la atención de la opinión pública, hacia adentro de sus aulas. Los medios de comunicación de la época orientaron su atención hacía la visión y la misión del centro académico activado por disposición del Presidente de la República el 9 de diciembre de 1.970.

La necesidad nacional de hacer estudios e investigaciones en el campo académico, que implementaran y metodizaran los conceptos fundamentales de la seguridad y la defensa nacional, para lograr la oportunidad de profundizar los conocimientos en las variadas y complejas disciplinas de la estrategia general; entendida esta como la participación dinámica e integrada de los campos políticos, económicos, sociales y militares; abrió el camino para que el Doctor Rafael Caldera en su condición de Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales, creara una comisión el 1ro. de abril de 1.969 para que le presentara un proyecto para la creación de una Academia de los Altos Estudios de la Estrategia Nacional.

Desde esa ocasión, el doctor Caldera mantuvo una cátedra permanente en el instituto, destinada a abordar la soberanía, la nación, el estado, el ius sanguinis, el ius solis, la nacionalidad y otros temas que complementaran el conocimiento de la nación y su seguridad.

"Elementos de análisis de una teoría de seguridad para la democracia venezolana" fue el trabajo de grado del Coronel Antonio José Varela en el Curso Superior de Seguridad y Defensa numero 13; los medios de comunicación tuvieron acceso a sus interioridades y antes de ser aprobada académicamente ya había opinión formada en el mundo político y académico sobre el planteamiento. Un tema que ya venía trabajándose en otros países latinoamericanos, con obra pública para la discusión de autores militares como el General de Brigada del Ejército de Perú Edgardo Mercado Jarrín y el Coronel del Ejército de Ecuador Alfonso Lituma Arizaga y el Coronel argentino Carlos Martínez; los tres con una vasta bibliografía en asuntos de la relacionados con la seguridad de la nación y referidos abiertamente en las cátedras del instituto.

Con el atractivo de la tesis del Coronel Varela, ese año las exposiciones de los trabajos de los oficiales alumnos en el IAEDEN se convirtieron en un gancho a la opinión pública por la vía de los medios de comunicación social. José Vicente Rangel, Luis Esteban Rey, Germán Lairet, Pompeyo Márquez y otras personalidades de la vida nacional llamaron la atención sobre el tema en diversos foros activados. Las bibliografías que recogieron polémicas similares del año 1.976 se reactivaron y fueron motivo de consulta en las cátedras del IAEDEN. El voto militar y la participación de los militares en la política fueron temas que se desempolvaron y agarraron vigencia.

El tema de la seguridad nacional fue asociado inevitablemente al de la Doctrina de la Seguridad Nacional que arrastró los golpes de estado en varios países del Cono Sur como Paraguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Uruguay. De allí a tratar de establecer una vinculación con el caso venezolano fue un solo paso.

Un año había transcurrido desde el viernes negro. Los aprietos económicos de los venezolanos se empezaban a sentir en las limitaciones para viajar al exterior, en la adquisición de los artículos de la cesta básica y en la disposición de los dólares para el tabaratismo de Miami.

Los colombianos habían empezado a reactivar el tema del diferendo, convenientemente dejado de lado por el gobierno del presidente Herrera en el año 1.980, por la ola levantada durante la exposición en la Academia Militar de Venezuela de la Hipótesis de Caraballeda. El ruido de sables empezó a filtrarse hacia la sociedad desde los cuarteles.

La gestión del Doctor Luis Herrera Campins, el último Presidente de la República postulado por el partido Copei había entrado en el franco declive del último año de ejercicio y eso había afectado la campaña electoral del doctor Caldera frente al candidato adeco Jaime Lusinchi. En ese momento las críticas por aumentar la deuda y el costo de la vida de los venezolanos eran una bandera de la campaña electoral que se desarrolló. Eso, y los tropiezos de su gobierno durante la conocida reunión con los oficiales de la Guarnición Militar de Caracas el 28 de octubre de 1.980 para exponer la Hipótesis de Caraballeda le reflejó hacia la institución armada una imagen negativa al Comandante en Jefe y erosionó sobremanera su ascendiente ante la oficialidad.

Los militares eran una institución particularmente sensible en los asuntos de la soberanía, la defensa de la institucionalidad militar y de la custodia de la integridad territorial.

La institución armada tenía una experiencia corporativa desagradable con gobiernos socialcristianos. Los incidentes ocurridos con el General de División (Ej.) Martin García Villasmil en el Ministerio de la Defensa y el General de División (Ej.) Pablo Antonio Flores Álvarez en la Comandancia General del Ejército, durante la presidencia del doctor Caldera aún se mantenían vivos.

Los casos de los Generales Martín García Villasmil y Pablo Flores Álvarez quienes entablaron públicos conflictos con el Comandante en Jefe fueron emblemáticos. El primero por emitir opiniones contrarias al Presidente y el segundo porque se declaró en rebelión. En ambos casos las posiciones asumidas fueron consecuencia del desacuerdo que cada uno expresaba con respecto a la intromisión de los políticos en cuestiones estrictamente militares, práctica que en años posteriores se convertirá en ley.

Las Fuerzas Armadas Nacionales se sentían más cómodas en la relación institucional con los gobiernos adecos. La yunta con Acción Democrática en el golpe de estado del 18 de octubre de 1.945, la afiliación en el combate a la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez y el combate a la violencia de la extrema izquierda en los duros años de los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni en los inicios de la democracia; generaron en las Fuerzas Armadas Nacionales una identidad corporativa de naturaleza democrática con el partido Acción Democrática.

No fue así con el gobierno del Presidente Rafael Caldera. La política de pacificación del país, abrió el camino para que los enemigos de la democracia de los primeros años, se reinsertaran en la sociedad y por la vía pacifica se manejaran en alternativas políticas. El camino de las armas y de la insurrección se estaba empezando a sellar; pero en los cuarteles aún se respiraba el dolor de los muertos caídos en las arteras emboscadas de la guerrilla, los quejidos de los heridos en los asaltos subversivos aún campaneaban en los oídos de los oficiales, las heridas de guerra de los combates todavía laceraban en el alma de los tenientes, capitanes y mayores.

La artera emboscada del tren El Encanto mantenía vivo el espíritu de cuerpo en la Guardia Nacional, los asaltos traicioneros a unidades de transporte del Ejército en Los Humocaros en el estado Lara, en la Sierra de San Luis en el estado Falcón y en el oriente del país con los oficiales y soldados muertos arrastraban una enorme carga conmovedora dentro de esas fuerzas. Las cuotas de la Armada y la Aviación en las bajas tenían una significativa incidencia hacia los profesionales, las tropas y el personal civil. La política de pacificación no se le vendió política ni organizacionalmente a la institución armada.

Con ese dolor vivo y el recuerdo de los caídos en el alma y el corazón de los militares; la política de pacificación del Presidente Caldera no llegó más allá del roble y del samán del Monumento a los caídos en el Campo del Honor, del patio del ejercicios de la Academia Militar de Venezuela.

Mientras la política de pacificación del Presidente Caldera tendía la mano cordial de la republica a los alzados en armas, las unidades de cazadores recorrían toda la geografía de Venezuela, cumpliendo su misión constitucional y ofreciendo su cuota de bajas.

El ultimo Teatro de Operaciones fue desactivado en el año 1.974, a pesar de ello aún se mantenían algunos focos subversivos, especialmente en la región oriental del país.

La política de pacificación dentro de la institución armada, no fue completamente asimilada por los jefes militares y comandantes de unidades. La doctrina, la organización y el equipamiento de las unidades antisubversivas se mantenían con la línea del combate vivo y el campo de batalla en caliente.

La posición institucional y desprendida del General de División (Ej.) Arnaldo Castro Hurtado, quien solicitó su pase a la situación de retiro en mayo de 1.979, estando en funciones en la Comandancia General del Ejército, por los desacuerdos con la política de pacificación del Presidente Herrera, dirigida hacia un grupo de guerrilleros recluidos en el Cuartel San Carlos, fue otro incidente que levantó el espíritu de cuerpo y la solidaridad institucional aguas adentro.

El envío de asesores militares a El Salvador durante los primeros años de la década del 80, a fin de contribuir en el entrenamiento de combate de las tropas del ejército salvadoreño, generó una "Elite Militar" dentro del Ejército. Algunos de los jefes militares que alentaron la posibilidad de una insurrección militar posteriormente, estuvieron de comisión por esos parajes.

Entre 1.981 y 1.982 se desarrolló un hecho político militar en el régimen sandinista de Nicaragua que a través de "un complot fallido organizado en la Embajada de Venezuela en Managua". Con participación de la Agregaduría Militar "se atentó contra el gobierno", este hecho fue ampliamente difundido por la prensa nacional, especialmente el Diario de Caracas que obtuvo información privilegiada y confidencial. Los oficiales del Ejército adscritos a esa misión fueron retornados al país de una manera misteriosa. Curiosamente, uno de los asesores de esa ocasión lo fue el General de Brigada José Luis Prieto de triste recordatorio en su paso por el Ministerio de la Defensa, durante la Revolución Bolivariana.

El año anterior se había conmemorado en el país el Bicentenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar. Los institutos de formación militar, en honor a este hecho habían bautizado todas las promociones egresadas de la Academia Militar de Venezuela, de la Escuela Naval de Venezuela, de la Escuela de Aviación Militar y de la Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación con la distinción de este magnifico fausto conmemorativo.

Desde el año 1.981 se había desarrollado en las Fuerzas Armadas Nacionales un bolivarianismo exacerbado. Especialmente en el Ejército, el culto a Simón Bolívar se llevó a límites extremos. Se activaron los Centros Bolivarianos, se hacían competencias de obras de teatro a nivel de compañías, batallones, brigadas y divisiones. Después del saludo de los oficiales en las formaciones de lista y parte, en la lectura de la orden del día se incluía un pensamiento de Simón Bolívar que demandaba una respuesta automática de "¡Padre de cinco naciones!"

Los cinco años de gobierno del doctor Herrera Campins fueron de un activismo militar distintos. Las adquisiciones de los sistemas de armas con tecnología punta como los F-16 en 1.982, las fragatas clase Lupo italianas construidas por la Cantieri Navali Riuniti la y la llegada del sistema de lanzacohetes múltiples IMI LAR de artillería autopropulsada de 160 mm, obviamente le proporcionaron ventajas a Venezuela en el equilibrio estratégico con Colombia. El proceso de adquisiciones militares de esa oportunidad, generó graves denuncias de corrupción que incidieron en la moral institucional de aquel entonces.

El doctor Herrera finalizó su mandato con un bajo nivel de popularidad lo cual llevó a los adecos nuevamente al poder. Jaime Lusinchi derrotó abrumadoramente al doctor Caldera en las elecciones de diciembre de 1.983 y gobernó para el período 1984-89.

Con ese ambiente político y militar de fondo el Doctor Rafael Caldera hizo su entrada a la sede del IAEDEN en la antesala de la Urbanización Los Chorros para su acostumbrada conferencia. El Curso Superior de la Defensa Nacional número 13 ya estaba en el auditorio.

En el recibidor del instituto estaba de uniforme beige impecable el director de la institución, el General de División del Ejército José Antonio Olavarría Jiménez acompañado del sub Director el Contralmirante Mario Chacón Arellano. Era finales de mayo de 1.984.

Las dos horas de conferencia del Doctor Caldera se remitieron a abordar de una manera impecable el concepto de la nación, el estado, la republica, el concepto de la nacionalidad determinantemente explicado con las asociaciones al ius sanguinis y el ius solis; con esos criterios suficientemente desarrollados, el ex presidente entró de lleno a complementar el criterio de la nación-estado y la vigencia del estado de derecho en Venezuela.

Fueron ciento veinte minutos en los que la dirección, el decanato, la facultad y los 67 miembros del Curso Superior de Defensa Nacional número 13 siguiendo con la atención que exigía, un conferencista de tanta solvencia académica e intelectual; se adentraron en la densidad de los conceptos originarios de Venezuela como nación, como estado y como república.

Después de la conferencia, era normal la socialización y el intercambio de la planta del instituto con el ilustre conferencista. En un aparte de los amplios pasillos de la quinta Marifini de la calle Cachimbo de Los Chorros el general Olavarría compartía con el ex presidente Caldera sobre algunas interioridades institucionales.

.- Estamos tratando de seguir la línea de traer al instituto los oficiales cursantes con el mayor potencial dentro de la organización. No estamos formando una elite, pero creemos que dentro de la oficialidad, los mejores ubicados en el orden de mérito, deben de venir al instituto, señor presidente.

.- Ojalá que esa misma línea se cumpla con el perfil de los ciudadanos que comparten con los oficiales. Es una manera perfecta de que haya una simbiosis entre el elemento militar y el civil, para la identificación de los problemas de seguridad y defensa nacionales.

.- ¡Por supuesto, señor presidente! Desde el Iaeden deben surgir los líderes del país, que reclama una coyuntura como la actual. En las aulas del instituto se deben formar las figuras más notables del campo civil y militar.

.- Lo peligroso de formar notables, general, es cuando esas inteligencias se ponen al servicio de otros intereses distintos y ajenos al interés de la democracia y la nacionalidad. Recuerde lo que dijo el Libertador Simón Bolívar, el talento sin probidad es un azote.

.- En el campo militar estamos formando líderes para el futuro, presidente. Lideres para la democracia y la libertad con sujeción al poder civil. El Plan Andrés Bello que está vigente en los institutos de formación militar contempla la formación de líderes para el estado de derecho. El objetivo es formar militares para la democracia, lideres notables y con competencias. De este grupo de coroneles y capitanes de navío deben salir los directores de los institutos de formación profesional. Queremos que oficiales notables formen a oficiales notables. Solo la excelencia forma excelencias, presidente. Sin el ánimo de generar una elite en las fuerzas armadas nacionales – que no es malo – la intención radica en producir militares notables en su campo profesional y una vez retirados que se integren a la vida civil con el mismo margen de notables. El caso del General Rafael Alfonzo Ravard es significativo.

.- Es una teoría bien interesante que puede tener resultados interesantes. De todas formas, general, mucho cuidado con los notables. A veces las ambiciones políticas, pueden sobreponerse a los principios y a los valores democráticos. Tenga cuidado con esos notables, general.

.- En todo caso, presidente, parte de estas líneas gruesas han sido ampliamente desarrolladas al senador Aguilar, yo sugiero que me permita abundárselas en una futura oportunidad.

La conversación del ex presidente Caldera y el general Olavarría fue interrumpida por el Contralmirante subdirector y una delegación de oficiales y civiles cursantes cuidadosamente seleccionada durante todo el año de gestión, entre los cuales estaban el Coronel (Av.) Juan Tadeo Arraiz González, Coronel (GN) Luis Natividad Rivero Sibila, Capitán de Navío (ARV) Germán Gustavo Rodríguez Citraro, Coronel (Ej.) Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, Coronel (Ej.) Carlos Julio Peñaloza Zambrano, Coronel (Ej.) Carlos Rodolfo Santiago Ramírez, Coronel (Ej.) Juan Antonio Torres Serrano, Coronel (Av.) Eduardo Adeleno Mola Jiménez, Economista Julio Brillembourg Bravo y el Doctor Rubén Eduardo Creixems Savignon. Venían a entregarle al brillante conferencista el recuerdo institucional que se acostumbra para esas ocasiones, luego de lo cuál se reanudo la conversación con la participación de todos.

Del grupo de cursantes militares el Doctor Caldera recordaba conocer al Coronel Santiago Ramírez y el Coronel Santeliz Ruiz de los días previos a su campaña electoral del año 1.968. Pedro Pablo Aguilar se los había presentado en su casa en una reunión para pulsar la actitud de las Fuerzas Armadas Nacionales sobre el reconocimiento de su eventual triunfo electoral. Un grupo de tenientes y capitanes del viejo Cuartel Urdaneta estuvieron presentes en esa reunión.

El Coronel Santeliz, el Coronel Santiago y el Doctor Creixems conversaron animadamente con el doctor Caldera, en un aparte que convenientemente dispuso el general Olavarría dentro de la reunión.

Ese grupo de civiles y militares, constituía una elite de cursantes escrupulosamente evaluada desde la dirección del instituto y conscientemente monitoreada desde el punto de vista militar y político. Se trataba de profesionales con altas calificaciones en sus sectores de origen, con proyecciones y perspectivas claramente definidas en sus respectivas organizaciones.

Los militares cursantes se encarnaban en los futuros comandantes de sus fuerzas y ministros. Los civiles cursantes se constituían en la plataforma para canalizar convenientemente ante el poder político futuro, la materialización de esas designaciones ante un potencial Comandante en Jefe. Las demás maniobras se desenvolverían con el desarrollo de la situación.

Ya el doctor Caldera había deslizado la posibilidad de continuar en la carrera presidencial. La aplastante derrota ante Jaime Lusinchi en diciembre de 1.983 lo colocaba en la cuesta de batirse internamente dentro de su partido para optar a una nueva candidatura para ello debía batirse contra sus delfines politicos. La grave crisis política del país y el declive del bipartidismo, lo obligaba a mirar hacia otras alternativas políticas y otras opciones organizacionales distintas a su partido, que soportaran una nueva postulación suya. Uno de los apoyos que debía amarrar institucionalmente, era el correspondiente a las Fuerzas Armadas Nacionales.

El Presidente Caldera sabía del remanente negativo de la política de pacificación aguas adentro de las Fuerzas Armadas Nacionales. Tendría que remar contra la corriente de las opiniones adversas de las generaciones de capitanes y tenientes de su gobierno, ahora como coroneles y generales. Un buen alabardero en esa tarea lo podía encarnar Pedro Pablo. Su experiencia en la antesala de la Comisión de Defensa del Senado, lo hacía un verdadero General en Jefe. Las pasiones de los militares se encausan hacia la razón cuando ponen a replegarse los escrúpulos por el sol del generalato y almirantazgo. En la batalla por los ascensos, las primeras bajas son los principios y los valores.

El objetivo de superar los incidentes del General Pablo Flores, del General Martin García Villasmil, del General Castro Hurtado, de la Hipótesis de Caraballeda y la intervención militar en Centroamérica, durante gobiernos socialcristianos eran atribuibles a la figura emblemática del socialcristianismo en Venezuela y Rafael Caldera era el hombre del socialcristianismo. Era la hora de tender puentes hacia los uniformados, un buen ingeniero a la hora de construir los puentes hacia ese sector lo podía encarnar Pedro Pablo; su paso por la Comisión de Defensa del Senado de la Republica le daba cierta autoridad y suficientes caminos expeditos hacia Fuerte Tiuna.

Al finalizar el Curso Superior de la Defensa Nacional número 13, el nuevo General de Brigada del Ejército, Carlos Julio Peñaloza Zambrano fue a recibir la dirección de la Academia Militar de Venezuela. El Plan Andrés Bello en su revisión del año 1.981 bajo la gestión del entonces general Olavarría, tenía garantizada la continuidad en el proceso de ir más allá de formar "…hombres dignos y útiles a la patria". La nueva meta era de formar número uno en todas las promociones, los Renny Ottolina de uniforme; la ubicación del general Peñaloza en la dirección de la Academia Militar de Venezuela se abonaba en la realidad de continuar modelando por la vía del liderazgo situacional, a los dirigentes militares del nuevo milenio.

En junio de ese mismo año, después de entregar la Dirección del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, el General de División José Antonio Olavarría Jiménez fue designado Comandante General del Ejército.

Ya los anclajes para el mundo político estaban lanzados. Acción Democrática y Copei en su realidad del bipartidismo que estaba controlando el país, tenían sus días contados. Solo había que construir el mecanismo para cercarlos y aniquilarlos en la raíz. La mirada se puso en el soporte conceptual que le daba oxigeno político a la relación entre ambas organizaciones.

El Pacto de Punto Fijo se convirtió en el Centro de Gravedad a neutralizar en el plan de campaña diseñado para alcanzar el poder. Se necesitaba colocar dentro de la estructura de esa relación, una figura política con la suficiente autoridad y el peso especifico, que permeara hacia todos los sectores. El perfil atendía mas a una suerte de Saturno que devorara a su hijo político y la única figura viva de los signatarios originales y con la suficiente ambición de poder para devorar el Pacto de Punto Fijo era el Doctor Rafael Caldera.

El 10 de agosto de 1990 un grupo de Notables Venezolanos publicó una carta dirigida "Al ciudadano Carlos Andrés Pérez, Presidente de la República; a los ciudadanos senadores y diputados al Congreso Nacional; a los partidos políticos representados en el Congreso". En ella afirmaban, entre otras cosas que "Venezuela atraviesa una difícil y peligrosa situación política, económica y social. Los mecanismos y las orientaciones por medio de las cuales se ha desarrollado la acción de Estado y la vida nacional en todas sus manifestaciones, por lo menos desde 1958, ya no corresponden ni a las necesidades de desarrollo económico y social, ni a la realidad económica y política del país, ni mucho menos, a las líneas y objetivos fundamentales de la gran reorientación política y económica que, de manera tan poderosa, está ocurriendo en el mundo de hoy." Entre los firmantes de esa histórica carta estaban entre otros Arturo Luis Berti, Alfredo Boulton, Miguel Ángel Burelli Rivas, María Teresa Castillo, Jacinto Convit, Tulio Chiossone, José Román Duque Sánchez, Arnoldo Gabaldón, Ignacio Iribarren, Eloy Lares Martínez, Ernesto Mayz Vallenilla, Domingo F. Maza Zavala, José Melich Orsini, Hernán Méndez Castellanos, Pastor Oropeza, Pedro A. Palma, Rafael Pizani, Carlos Guillermo Rangel, José Vicente Rangel, Rafael Alfonzo Ravard, Elías Rodríguez Azpúrua, Isbelia Sequera Segnini, José Santos Urriola, Arturo Uslar Pietri, Martín Vegas.

Notables a nivel político en la república, notables a nivel estratégico militar dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales y notables a nivel táctico operativo dentro de las unidades y reparticiones militares; solo faltaba ubicar un concepto que sirviera de elemento nucleador y de eje alrededor del cuál no hubiera desacuerdos ni disidencias retoricas.

¡Simón Bolívar cumplió con ese objetivo!