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sábado, 27 de noviembre de 2010

¿INSTITUCIONALISTAS O MERCENARIOS?

Los 2 comandantes en La Habana en 1.994

Hace años, en un famoso informe publicado por la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) que publicó el diario Tal Cual, el régimen chavista había clasificado a los militares en tres grupos claramente diferenciados. Chavistas, Antichavistas e institucionalistas.

Era la época de los novenarios de la Constitución de 1961, la cuál había pasado de moribunda a extinta. Los deudos políticos aún se negaban a aceptar la realidad de la desaparición y recordaban con gran pesar, mas sus virtudes que sus defectos, ante los logros aparentes de la recién nacida.

Los eventos políticos desarrollados desde aquella ocasión, hasta esta oportunidad han diluido y segregado a los antichavistas de la institución armada, quedando únicamente dos facciones claramente diferenciadas, y conviviendo solidaria y armónicamente, dentro de la corporación militar.

Los acontecimientos del 11 de abril de 2002, facilitaron al régimen la segregación vertiginosa y expedita de los militares más emblemáticos de la facción antichavista. La gran mayoría enfrentó procesos judiciales, otros enfrentaron Consejos de Investigación que los pasaron raudamente y sin formulismos a la situación de retiro, los menos están desarrollando tareas domesticas en sus hogares y otros fueron a ocupar cargos de segundones, cercanamente vigilados por sicarios y sigüises del régimen.

En este momento en la institución armada, existen dos grupos claramente diferenciados por el mismo Hugo Chávez. Los que están con el en un regimen con el sol a las espaldas; y quienes se siguen aferrando inútilmente a las faldas de una institución aporreada y postrada a los pies del líder único y dios viviente de la revolución.

El grupo de los que apoyan al Presidente Hugo Chávez es calificado por la sociedad civil democrática como mercenarios. Mientras que el otro grupo es calificado como institucionalista.

En tanto Chávez califica a los militares que están con él como revolucionarios y representantes de la nueva institución que esta naciendo con la Revolución Bolivariana ¡Son institucionalistas ¡ y al otro grupo como contrarrevolucionarios y opuestos pasivamente a la nueva institucionalidad revolucionaria, en la cuál la Fuerza Armada es remplazada por milicias bolivarianas y las instituciones ancestrales son recuerdos efímeros y volátiles de presencia.

¿Quién tiene la razón? Veamos.

Ambos grupos piensan que arrastran su razón y tratan de empujársela al otro valiéndose de cualquier argucia legal o no.

Un militar institucionalista o profesional es lo opuesto a un mercenario. Detallemos ambos conceptos y dejemos, que la razón derivada del análisis apunte a los verdaderos mercenarios y aísle los verdaderos institucionalistas.

Un mercenario, por defecto idiomático, es un aventurero que por un cierto estipendio, sirve y combate al servicio de un grupo o nación extranjera[1]. Un mercedario que es la expresión original, sirve a un soberano extranjero de manera voluntaria, en su propio territorio.

¿En que momento alguno de los grupos señalados se embarcó en una aventura? ¡En el momento que se aparto del cuerpo de normas que le sirven de referencia¡

Es claro que el documento fundamental para referencia, en la actuación de la Fuerza Armada Nacional es la Constitución Nacional, al fin y al cabo, la Fuerza Armada Nacional es una institución del Estado venezolano que tiene rango constitucional.

El texto constitucional de 1961, en el artículo 132 señalaba textualmente cual era la función constitucional de las Fuerzas Armadas Nacionales al indicar:

“Las Fuerzas Armadas Nacionales forman una institución apolítica, obediente y no deliberante, organizada por el estado para asegurar la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes, cuyo acatamiento estará siempre por encima de cualquier otra obligación. Las Fuerzas Armadas estarán al servicio de la republica, y en ningún caso al de una persona o parcialidad política”.

Esta norma señalaba el carácter no deliberante y apolítico de la institución, e igualmente le indicaba tres funciones constitucionales claramente definidas, que debía asegurar;

1. La defensa nacional como función básica de todo cuerpo militar,

2. La estabilidad de las instituciones democráticas, con lo cual se diseñaba a la corporación militar como una estructura de carácter democrático, y

3. El respeto a la Constitución Nacional y toda la arquitectura legal de la Republica.

La Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela, aprobada el 16 de diciembre de 1999 señala en el articulo 328 la función de la Fuerza Armada Nacional:

“La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y la ley. En cumplimiento de sus funciones esta al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación. La Fuerza Armada esta integrada por el Ejercito, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, que funcionan de manera integral dentro del marco de su competencia para el cumplimiento de su misión, con un régimen de seguridad social integral propio, según lo establezca su respectiva ley orgánica”.

La diferencia fundamental entre ambos textos en las funciones atribuidas constitucionalmente a la Fuerza Armada Nacional estaban orientadas hacia; garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico mediante;

1. La defensa militar,

2. La cooperación en el mantenimiento del Orden Interno y

3. La participación activa en el desarrollo nacional.

Estas tres concepciones forman parte del modelo de Defensa Integral de la Nación y realmente lo que se hace es segregarlos del concepto general y definirlos.

En ningún momento, el texto constitucional apunta a la Fuerza Armada Nacional, como garante del cumplimiento de sus normas; ni le impone aseguramiento de la estabilidad de las instituciones democráticas.

En el texto de 1961 las Fuerzas Armadas Nacionales tenían una definición de apolíticas, la de 1999 las señala como...”sin militancia política.” ¿Cuál es la diferencia entre ser apolíticas y sin militancia política?

El apoliticismo en las Fuerzas Armadas Nacionales regidas por la Constitución de 1961, se iniciaba con la firma de un documento denominado Declaración de Apoliticismo por el cadete, cuando ingresaba a los institutos de formación militar.

El apoliticismo entrañaba el equilibrio y la objetividad en el tratamiento de los asuntos de estado por la institución militar, en todos los niveles de la organización. Ya se había definido una cultura organizacional en el tratamiento de los asuntos de alto nivel político, militar, económico y social de la Nación, por parte de las Fuerzas Armadas Nacionales, sobre la base de la abstracción a los gobiernos de turno.

Si las Fuerzas Armadas Nacionales no hubieran actuado apolíticamente durante toda vida institucional; en el año de 1981 se hubiese firmado la celebre Hipótesis de Caraballeda presentada por el gobierno de Luis Herrera Campins, al margen de las ventajas o desventajas de la misma; no hubiesen derrotado militar y políticamente a los intentos de la guerrilla castro-comunista de los años sesenta y no hubieran enfrentado institucionalmente todos los intentos de golpe de estado del Porteñazo, Barcelonazo, Carupanazo, 4 de Febrero y 27 de noviembre de 1.992, y el intento de la insurrección popular del 27 y 28 de febrero de 1989, cuya actuación esta siendo estigmatizada en estos momentos.

Todas estas actuaciones de la institución fueron en bloque, sin defender el gobierno de turno sino la institucionalidad democrática, el estado de derecho y la paz social; y contaron con el respaldo de todos los cuadros organizacionales y los mandos en todos sus niveles.

El ... “sin militancia política” de la Fuerza Armada Nacional, de la Constitución de 1999, le da a la Fuerza Armada Nacional, la misma connotación del independiente de nuestra política domestica. No esta afiliado a ninguna tolda política, no tiene limitaciones para deliberar y actuar políticamente; y además, tiene derecho a ejercer el sufragio. ¡Debe tener su corazoncito ¡Si, a eso le agregamos como ingrediente fundamental una revolución a la cual servir, entonces allí reside toda la base del funcionamiento institucional de la actual Fuerza Armada Nacional.

¡Son independientes políticamente, pero; por supuesto, afectas completamente con el gobierno¡ Ese caso nunca se presentó en la cuarta republica. Los corazoncitos eran la excepción, nunca la regla.

En el caso de presentarse coyunturas como las reseñadas anteriormente ¿Cómo será la postura de la Fuerza Armada Nacional? Por supuesto que de solidaridad automática con el gobierno, con la revolución y con el régimen totalitario en que estamos embarcados desde cierto tiempo. No importa que ello nos afecte como Republica, como País, como estado y lo que es más importante como Nación. Las disidencias ya quedaron el camino.

Desaparece, igualmente, como función constitucional, la responsabilidad de la Fuerza Armada Nacional de velar por el cumplimiento de la Constitución Nacional, previsto en la Constitución de 1961 y esta función se le diluye a la corporación militar con el resto de la sociedad en el artículo 333 cuando se indica: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuera derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella: En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Hasta este momento podemos concluir que los militares venezolanos no tienen una responsabilidad constitucional de manera específica, como en la Constitución de 1961, de velar por el cumplimiento del texto fundamental y tampoco los confina funcionalmente hacia el cumplimiento de deberes eminentemente militares de manera integral.

De la misma manera los obliga a participar activamente en la política domestica y a alinearse con el proyecto político del Presidente Hugo Chávez Frías. Pero eso no es lo importante, en el año 2021, cuando este abandone el gobierno (es un decir), la Fuerza Armada Nacional habrá desarrollado una cultura organizacional de participación activa en la política del país que obligara al nuevo régimen entrante, a iniciar un proceso de reestructuración de la institución militar, que puede pasar, incluso, por soluciones blandas como el replanteamiento de sus funciones y la sinceracion de la misma, hasta su desaparición como organización, para dar paso a una Fuerza de Defensa como las de Panamá, hasta la extrema como su desaparición en el caso de Costa Rica.

Los militares venezolanos para formalizar simbólicamente el compromiso constitucional, prestan un juramento ante la Bandera Nacional, el cuál señala entre otras cosas:

Prometéis a Dios y a la Republica, en presencia de la Bandera, defender la Patria y sus instituciones hasta perder la vida y no abandonar jamás a vuestros superiores

Dos cosas importantes se asumen como compromiso en ese momento, defender la patria y sus instituciones, es la primera. La otra es no abandonar jamás a los superiores.

Ambas cosas no están señaladas en la Constitución de 1999. La defensa de las instituciones desapareció de un plumazo, la vela por el cumplimiento de la Constitución y las leyes pasaron a ser una quimera.

¿Cuáles son las instituciones fundamentales de la democracia occidental? Los poderes públicos, la Presidencia de la Republica, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalia General, el Consejo Nacional Electoral, los Partidos Políticos, la familia, la sociedad, la iglesia, las Fuerzas Armadas, el Estado de Derecho, el matrimonio, los medios de comunicación; son instituciones fundamentales para el funcionamiento equilibrado de la sociedad.

Esas instituciones fueron derrotadas, aniquiladas, arrinconadas, menguadas y reducidas; otras, simplemente remplazadas por el huracán revolucionario.

Habiendo desaparecido algunas y otras simplemente boqueando por sobrevivir, no existe en el horizonte bolivariano del proceso, ninguna cosa establecida que haga contrapeso y facilite el funcionamiento equilibrado de los poderes públicos.

En este momento la institución fundamental de la Revolución Bolivariana es Hugo Rafael Chávez Frías, como Presidente de la Republica y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional.

¡Quienes siguen de cerca y están demostrando lealtad al proceso revolucionario y fundamentalmente a la institución del proyecto, Hugo Chávez Frías, son los verdaderos institucionalistas¡

Los oficiales generales y almirantes que le hicieron el caldo gordo a la revolucion al inicio del regimen tuvieron y tienen la calificación de institucionalistas; juraron lealtad a la institución Hugo Chávez Frías mientras estuvieron activos algunos, y otros en plena actividad.

Ahora... ¿Que calificación se le puede dar a los que se mantienen ambiguos e indecisos y se atribuyen ellos mismos calificaciones como institucionalistas? !Simplemente son mercenarios¡

¿Por qué son mercenarios? ¿O mercedarios?

La mayoría de quienes se autocalifican como institucionalistas, levantan la bandera de la institucionalidad mientras el cajero automático, les reporte al final de mes la entrada de sus haberes. La primera condición se está cumpliendo.

Es bien conocida la relación filio-amistosa-político-militar del régimen de Hugo Chávez Frías con el proceso revolucionario de la Cuba fidelista. Así como también es de dominio público que los asuntos del gobierno venezolano se deciden con la misma frecuencia que Hugo Chávez hace sus viajes a la antilla marxista-leninista. Eso nos hace dar una connotación de colonia de Cuba o la Provincia numero 15 del Estado Cubano. ¡Somos el apéndice de un gobierno extranjero¡

Entonces...si no se comparten los ideales de la revolución bolivariana y se sigue manteniendo el status de defensor - con las armas de la republica - de los postulados de la Quinta Republica y el Socialismo del siglo XXI; si se practican indiferentemente los postulados políticos y militares del líder único, y se espera borregamente una reacción inicial de los civiles; se pasa de la condición de militar profesional e institucionalista, a la de mercenario en su propio territorio.

Como se ve, la mayoría de nuestros militares que se autocalifican como institucionalistas, están ejerciendo un malinchismo[2] ingenioso y manifiesto. Se están entregando a los cubanos groseramente y permitiendo la invasión pacifica y completa del territorio venezolano

¿Estarán asegurando la integridad territorial?

 


[1] Diccionario Militar, Estratégico y Político. Fernando de Bordeje Morencos. San Martín Historia del Siglo de la violencia. Editorial San Martín 1981. Pagina. 105

[2] De La Malinche (fallecida c. 1527), indígena mesoamericana, intérprete y compañera de Hernán Cortés, cuya labor fue fundamental en el proceso de conquista de México.

lunes, 22 de noviembre de 2010

UNA RESPUESTA A LA PASTORAL DE CARRATU

Frankestein

Señalando(Por considerar que esta carta, remitida el 14 de diciembre de 2.007 al VA Carratú Molina, tiene alguna vigencia en este momento; la estoy repitiendo en el blog)¡Chócala!

 

«En la obra literaria de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft Shelley “Frankenstein o el moderno Prometeo” un joven suizo estudiante de medicina obsesionado por conocer los secretos entre el cielo y la tierra; y en su afán por desentrañar "la misteriosa alma del hombre" crea un cuerpo a partir de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados. El experimento concluye con éxito cuando Frankenstein le da vida al monstruoso cuerpo.»

Ciudadano
Vicealmirante Mario Iván Carratú Molina
En el ciberespacio

Tengo el deber de dirigirme a usted en la ocasión de hacerle referencia a su “pastoral” y por supuesto a la respuesta que hace el también Vicealmirante German Rodríguez Citraro. De antemano debo decirle que esta será una larga epístola y aunque no estoy obligado a hacerlo porque no soy el destinatario original, si soy el consignatario directo; en primer lugar porque fui y sigo siendo militar por convicción y formación y aún me afecta todo lo que tenga que ver con las Fuerzas Armadas Nacionales y en segundo lugar, porque soy testigo directo de muchas de las cosas a que se aluden en ambas correspondencias y cualquier valoración elemental desemboca en que aquellos polvos de la incompetencia, la ineptitud, la intriga, la cobardía y el oportunismo de los mandos militares de aquella oportunidad, trajeron los barros de la Revolución Bolivariana en los que se encuentra atascada Venezuela.

Por ambos lados estoy afectado como muchos de los venezolanos que no se sienten identificados con este proceso político, pero que cada vez que emergen de los albañales institucionales de las Fuerzas Armadas Nacionales, historias como las que usted sugiere en la misiva y la que abiertamente desentraña el Vicealmirante Rodríguez, los militares profanos de aquella época encuentran punto de apoyo para justificar a Chávez y su carnaval político y los “civiles” dejan lugar en su capacidad de asombro para medir el rol institucional de la corporación militar de la vituperada Cuarta Republica.

Cada vez que se desentrañan historias menudas, que aún no son del dominio publico en su plenitud, hay espacio sobremanera para el asombro para los “civiles” y para un grupo numeroso de militares que desconocen ese periodo que arrancó desde 1.988 hasta 1.998 con la llegada de Chávez al poder; se le consigue espacio también para argumentar y justificar el ascenso político de Hugo Chávez; pero mas allá de eso, como en los intríngulis la plataforma conspirativa de Hugo Chávez fue ocupando espacios dentro del Ejercito, mas que por las virtudes organizativas y el esquema de seguridad de la conspiración, por la incompetencia de los generales del Ejército de la ocasión, por la ineptitud organizaciónal, por la postración servil de los elementos militares de los organismos de inteligencia estratégica del estado, por la cobardía de otros, por el oportunismo intrigante y maniobrero de un grupito de generales y almirantes que de “notables” degeneraron en el gran tumor organizacional que concibieron y que se va magnificando en la medida en que Hugo Chávez va avanzando con su revolución bolivariana.

Es “notable” a estas alturas de la Revolución Bolivariana, que toda la historia del 4 de febrero de 1.992 no se ha contado aún. Queda bastante tela para cortar en la elaboración de ese traje histórico para ese pasaje de patria boba que abarca diez años desde 1.988, en la etapa culminante del gobierno de Jaime Lusinchi y la victoria de Carlos Andrés Pérez, hasta el 6 de diciembre de 1.998 con la victoria electoral de Hugo Chávez Frías.

Cuando realmente se levante la alfombra y observemos el detalle de la cronología de los hechos, la secuencia de los eventos, la presencia de los personajes protagonistas y los de reparto, las tramas que se urdieron, el aparato escenografito, los nudos que se formaron bajo el manto de la intriga, la pasión, la maniobra y la zancadilla para llegar al poder (Miraflores, el Ministerio de la Defensa o los Comandos Generales de Fuerza, etc.); Tom Clancy, John Grisham, Agatha Christie, Isaac Asimov o en todo caso nuestro José Ignacio Cabrujas quedarán como niños de pecho ante la capacidad de imaginación y la fertilidad en la generación de eventos novelescos de nuestros generales y almirantes de esa década, que se convirtieron en realidad por virtud de la ignorancia, la soberbia y la cobardía de quienes debían tomar decisiones. Una perfecta tragicomedia.

Es tal la dimensión de la basura organizacional acumulada debajo de la alfombra de la historia en esa década, que aún muchos de los protagonistas (civiles y militares) continúan medrando en los pocos intersticios que dejan otros zamuros bolivarianos de convicción original.

El 26 de octubre de 1.988 un sorprendido Doctor Simón Alberto Consalvi, entonces Presidente de la Republica, encargado por un viaje al exterior del Dr Jaime Lusinchi, observo preocupado como al frente de su oficina un escuadron de tanques Dragoon al mando del Mayor José Domingo Soler Zambrano, ocupaba posiciones frente al edificio del Ministerio de Relaciones Interiores en la esquina de Carmelitas y se desplegaba para maniobrar.

Este incidente, que a la larga originó un breve periodo de prisión para el Mayor Soler no fue investigado en toda su magnitud y lo expreso con la propiedad de descargar cualquier desarrollo lógico del incidente, que aún veinte años después no ha sido posible expresarle a la opinión publica. Yo estuve en esa ocasión en la Ayudantía de la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército y puedo dar fe que mas allá de la salida candorosa de las “tanquetas” como coloquialmente se denomina en la opinión publica a las unidades militares de esas características; desde Fuerte Tiuna hasta el centro de Caracas, las decisiones que se tomaron no estuvieron sustentadas en una investigación contundente con la determinación de responsabilidades desde el Mayor José Domingo Soler Zambrano, pasando por el Comandante del Batallón de Tanques Ayala, el Comandante de la 31 Brigada de Infantería, el Comandante de la Tercera División de Infantería hasta llegar al Comandante General del Ejército, sin obviar cualquier derivación de las responsabilidades hacia otros niveles no incluidos en la línea de mando.

Eso no ocurrió así y por simple y elemental solidaridad entre los generales y almirantes de la época, el Mayor Soler hizo el papel del “chinito” de Recadi. Para apuntalar, los remito a aquel incidente del 28 de mayo de 1.987 del aterrizaje de una avioneta en plena Plaza Roja de Moscú en plena guerra fría. Esa aventura donairosa y ocurrente de Mathias Rust en un vuelo de película, le costó 4 años de prisión (Mas tarde fue indultado) y el descabezamiento de toda la estructura militar desde el Ministro de la Defensa Serguei Sokolov, el Comandante de la Defensa Aérea Alexander Sulkonov por incapaces, hasta los responsables por operar los radares.

Si se hubiese hecho una “notable” investigación en aquella oportunidad, estableciendo las responsabilidades hasta el nivel a que hubiere lugar, sin limitaciones de ninguna clase, la historia hubiese sido otra; a lo mejor el General de División José María Troconis Peraza hubiese sido Ministro de la Defensa o ratificado en el cargo, o el General de División Juan José Bastardo Velásquez, entonces Inspector General del Ejercito hubiera reemplazado en el Ejército al General Troconis Peraza. En todo caso, creo sin lugar a equivocarme que la historia institucional del Ejército y por supuesto de las Fuerzas Armadas Nacionales y del país, hubiese sido otra si las investigaciones del incidente del 26 de octubre de 1.988 se hubieran profundizado.

Hasta el momento, ese episodio de la movilización de un escuadrón de tanques Dragoon, originado por una supuesta llamada del General Bastardo Velásquez, Inspector General del Ejercito, directamente al Mayor Soler Zambrano, Segundo Comandante del Batallón de Tanques Ayala, con un recorrido desde Fuerte Tiuna hasta la Avenida Urdaneta, en tiempo record y sin haberse disparado las alarmas de seguridad correspondientes, en ninguna de las instalaciones de los organismos de seguridad del estado, continua siendo un misterio para la gran mayoría de los venezolanos. Yo estoy notablemente claro en esos hechos.

El 4 de Febrero de 1.992 yo estaba haciendo el XXXIII Curso de Comando y Estado Mayor en la Escuela Superior del Ejército. Debo decir que fui sorprendido como la mayoría de mis compañeros de curso por los acontecimientos que se habían desencadenado el día anterior. Ese mismo día en la tarde fuimos invitados varios compañeros de curso por el Ministro de la Defensa el General de División (Ej.) Fernando Ochoa Antich a la casa ministerial para intercambiar sobre los eventos del golpe de estado. El canal para la invitación fue el entonces Capitán Fernando Falcón Veloz, quien hacia las veces en el Ministerio, de ayudante personal del ministro. Recuerdo presentes entre otros a Raúl Baduel, Méndez Orozco y otros. Entendí, de esa reunión que el General Ochoa quería conocer de primera mano y con profesionales militares de nivel intermedio (Teniente Coroneles y Mayores) y con capacidad y criterio político, las impresiones del golpe militar que aun no había sido controlado por completo a pesar de que ya el teniente Coronel Chávez estaba en ese momento en la Dirección de Inteligencia Militar rindiendo declaración..Debo confesar que en ese momento no apelé a la malicia para estructurar una conclusión contundente sobre los objetivos de esa reunión. Quince años después, puedo disponer de una notable deducción después de poner a encajar cada pieza histórica en el lugar que corresponde.

Previa a esa reunión, ya todos los oficiales del Ejército de la Guarnición Militar de Caracas, habíamos asistido a una reunión explicativa en el Teatro de la Academia Militar de Venezuela; donde un lloroso y compungido (Literalmente, lo certifico) Comandante general del Ejercito, el General de División Pedro Remigio Rangel Rojas; públicamente y con lagrimas hipeantes se lamentaba de haber visto truncadas sus aspiraciones de llegar al Ministerio de la Defensa, por la aventura de un grupo de muchachos del Ejército. No hay que olvidar que el dia 3 de febrero de 1.992 en horas del mediodía el Director de la Academia Militar de Venezuela, el General de Brigada Delgado Gainza y el Capitán Gimon se le habían presentado en su despacho y lo habían informado del golpe, el General Rangel con esa información en la mano no tomó ninguna decisión, no ejecutó ninguna acción ni dicto alguna orden; sin embargo fue ratificado en el cargo después del incidente; incluso finalizo su tiempo de servicio activo al frente del Comando General ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿De quien?

Los días posteriores al golpe, el Ejercito ordenó hacer una investigación en todos los ordenes y unas evaluaciones institucionales para ponderar las debilidades, para detectar el hueco corporativo a través del cual, los valores y principios democráticos del Ejercito Venezolano, Forjador de Libertades se habían desangrado. Recuerdo como puntas de lanza de esa iniciativa del componente al entonces Coronel Raúl Salazar Rodríguez, al Mayor Fonseca Sandoval y al Mayor y Sicólogo Ray Figueroa. Mas de trescientas (puedo equivocarme en el numero) detenciones ocasionó el golpe del 4 de febrero de 1.992, especialmente en los niveles de oficiales subalternos y con lo mas exclusivo en materia profesional, dentro de la fuerza. Profesionales excelentemente calificados y con una trayectoria institucional impecable, los primeros de su promoción y mejor referidos dentro de sus unidades estuvieron comprometidos en la felonía. Es justicia reconocerlo y puede ser que ello privó a la hora de tomar decisiones de irlos reincorporando paulatinamente a la institución, sin cargos de comando; pero ello a la larga demostró que fue un error de naturaleza estratégica que privó para las posiciones militares y políticas que actualmente ostentan todos ellos y que sirven de soporte interno en la Fuerza Armada Nacional a la Revolución Bolivariana.

En todo caso, lo importante es que del 4 de febrero de 1.992 se derivan unas responsabilidades institucionales atribuibles a generales y almirantes (Especialmente al Alto Mando Militar) de la época y seria bueno, visto el actual estado de cosas en la Republica Bolivariana de Venezuela y el camino por el cual nos lleva arreados el Teniente Coronel Hugo Chávez, que sus integrantes tuvieran la fortaleza institucional, el valor cívico y el coraje personal de endosarse públicamente sus debilidades como jefes. ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿De quien?

El 26 de marzo de 1.994 Hugo Chávez Frías fue indultado por el Presidente Rafael Caldera. Tenia el anciano presidente en la primera magistratura apenas dos meses ejerciendo y primera decisión de estado que tomó, fue lanzar a la calle a Hugo Chávez Frías. Pero con el mismo impulso que indulta a Chávez, designa en el Consulado de Venezuela en Vigo al Teniente Coronel Jesús Urdaneta Hernández, al frente del PAMI al Teniente Coronel Francisco Arias Cárdenas y el Teniente Coronel Jesús Miguel Ortiz Contreras y para el Ministerio de Infraestructura al teniente Coronel Joel Acosta Chirinos. Cuatro Reyes de la baraja de la Revolución Bolivariana en el gobierno de Caldera y el mono (Joker) del mazo llamando a la abstención inicialmente y luego presentándose victoriosamente en la contienda electoral de 1.998.

Entiendo que cada vez que se va a indultar a un preso militar debe oírse la opinión de las autoridades judiciales y penales en los niveles correspondientes; seria bueno leer para formarse un buen juicio critico para la posteridad, la postura del juez de la causa, del director del anexo militar de Yare, del Director de Justicia Militar de esa oportunidad, del Comandante de la Guarnición Militar de Caracas, del Presidente de la Corte Marcial de aquella oportunidad, del Comandante General del Ejercito, del Alto Mando Militar, del cuerpo de generales y almirantes del año 1.992. Que bueno seria leer la opinión en aquel entonces del General de División Fernando Ochoa Antich, del General de División Carlos Peñaloza Zambrano. ¿Hubo alguna posición institucional por parte del Cuerpo de Generales y Almirantes del año 1.994? ¿Fue cierto que el General de División Raúl Salazar Rodríguez le envió un carro oficial a Hugo Chávez para que presenciara el desfile militar del 5 de julio de 1.995 en la Avenida Los Próceres? ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

El 6 de diciembre de 1.998 Hugo Rafael Chávez Frías gana limpiamente las elecciones presidenciales con un amplio porcentaje de votación sobre su mas cercano competidor, el Señor Luis Alfaro Ucero. La expresión de Hugo Chávez en uno de sus mítines públicos de “tener una mano en la calle y otra en los cuarteles” estaba fundamentada en que así como se había ganado a la opinión publica con potencialidad electoral, dentro de los cuarteles había estructurado una Alto Mando Militar, desde el mes de julio que funcionaba a la sombra y encabezado desde Washington por el General de División Raúl Alejandro Salazar Rodríguez, entonces Agregado Militar en Estados Unidos. Formaban parte de ese Staff militar ad hoc, el General de División Noel Enrique Martínez Ochoa en el Comando Unificado de las Fuerzas Armadas, el General de Brigada Víctor Cruz Weffer en el Comando de la Tercera División de Infantería y Guarnición Militar de Caracas y otros jefes militares en los otros componentes, que fueron a integrar la estructura cupular de las Fuerzas Armadas Nacionales, después del 2 de febrero de 1.999. Lo medular de esto, es que los espacios ocupados paulatinamente por los quinta columnas institucionales nucleados en torno al grupo numeroso de profesionales militares comprometidos con Hugo Chávez en el golpe del 4 de febrero de 1.992 (Los reincorporados y los que no salieron) y los segregados por las estúpidas decisiones político militares que le inducia el General de División Rubén Matías Rojas Pérez a su suegro el Presidente Caldera para favorecerse en los cargos; le permitieron al General Salazar Rodríguez y sus seguidores, estructurar una organización de reacción en caso tal de que los resultados electorales no favorecieran a Chávez o que habiéndolo favorecido estos no le fueran reconocidos. Es allí donde surge, la historia absurda del Golpe de Estado orquestado por Rojas Pérez y de la cuál fui afectado directamente junto con un grupo numeroso de profesionales militares.

Era yo en esa oportunidad Comandante del 82 Regimiento de Apoyo Logístico “José María Carreño”, una de las unidades militares mas importantes del Comando Logístico, desplegada en la ciudad de Caracas y cumpliendo una misión de reserva durante el Plan Republica de esa ocasión. Bajo el mando de casi 3.000 hombres y con una maquinaria operacional lista para el combate, si se hubiesen activado los supuestos contemplados en la planificación, especialmente el que se refería a la desestabilización por los seguidores del candidato Hugo Chávez y específicamente los que formaban parte de las Fuerzas Armadas Nacionales, mi estructura de Comando y Estado Mayor estuvo lista para actuar sobre la plataforma de mis decisiones, mis acciones y mis ordenes. Debo hacer abstracción de falsa modestia y humildad, pero en aquella ocasión me esmeré en los detalles de mi planificación y creo que tenia cubiertas todas las hipótesis de planificación que normalmente surgen en el juego de guerra, cuando se realiza una apreciación. Afortunadamente, todo no pasó de las tensiones propias de un momento de expectativa y al otro día reuní mis unidades y las arengué en el sentido de reconocer el nuevo tiempo institucional que se iniciaba. Dos meses después estaba entregando el cargo operativo y se me asignaba a un cargo administrativo sin ningún tipo de posibilidad de proyección profesional y con el sambenito de arrastrar una supuesta participación en un golpe de estado que, para desgracia mía, realmente quienes lo tenían montado están haciendo gobierno en este momento. Son testigos de esto los entonces Teniente Coroneles Hugo Armando Carvajal Barrios, administrador de la unidad; Ramiro Acosta Chirinos, Jefe de Operaciones de la Unidad y Carlos Alcalá Cordones, observador operativo enviado por la Escuela Superior del Ejercito; hoy todos ellos son generales de la republica y con vara alta dentro del régimen.

Lo medular de esto es que un grupo de Jefes Militares de la mas alta graduación le hicieron la cama institucional dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales al candidato Hugo Rafael Chávez Frías, sin que eso signifique objeción a su triunfo electoral, mas por lo errático de sus decisiones y sus omisiones, que por la pertinencia y precisión de las acciones de los infiltrados. ¿Cómo se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

Lo demás, después del 6 de diciembre de 1.998 hasta nuestros actuales días, es historia harto conocida y el poco margen desconocido puede agotarse haciendo un ejercicio de realidad y hacerle seguimiento a la trayectoria de cada uno de los protagonistas de esa década, que debe pasar por un capitulo de patria boba.

Mientras mas aclara el panorama el general Ochoa Antich para justificar sus decisiones del 4 de febrero de 1.992 y responder a las imputaciones publicas de su taimada y socarrona participación en la felonía Chavista; mas abre caminos para la duda y la vacilación; y abre muchos senderos para los reparos a sus medidas, pero mucho mas a sus omisiones. La Escuela Superior del Ejercito y en general todos los institutos de formación y capacitación militar, hacen mucho énfasis en el proceso de toma de decisiones; es obvio que un análisis elemental al desenvolvimiento del General Ochoa Antich en aquella ocasión del 4 de febrero de 1.992, deja bastante espacio para el lápiz rojo, a no ser que lo haya hecho exprofeso.

Un articulo publicado por el General Ochoa en Opinión y Análisis el 14 de mayo de 2.005 en Analítica.com señala claramente su responsabilidad al expresar
"el general Carlos Julio Peñaloza, el día que recibí el ministerio de la Defensa me visitó acompañado por el mayor Orlando Madrid Benítez. Este oficial le había informado de unas reuniones supuestamente conspirativas que, desde hace algunos meses, se realizaban en la Escuela Superior del Ejército. El propio general Peñaloza, acompañado por mí, había informado sobre ese hecho al presidente Pérez, antes de entregar el Comando del Ejército,
A los pocos días, el presidente Pérez y yo evaluamos esta información. No la consideramos suficiente para tomar medidas disciplinarias. Debe recordarse que ese grupo ya había sido investigado sobre hechos más concretos como fueron la noche de los tanques y el rumor sobre un posible golpe durante las elecciones para gobernadores y alcaldes en diciembre de 1989, sin podérsele demostrar nada.”

Esto es rigurosamente cierto, tan cierto es que el Mayor Orlando Madriz Benítez aun permanece asilado en Estados Unidos desde aquella oportunidad por el temor a las represalias y era la segunda vez que entregaba evidencias de la conspiración de Hugo Chávez dentro del Ejército, eso me consta porque yo estaba de Ayudante en la Comandancia General del Ejercito. Sin animo a polemizar, pero este articulo del General Ochoa Antich es un mea culpa, lo que yo no se es la profundidad y hasta donde llega el nivel de compromiso. Lo que ocurrió posteriormente, las interioridades, la estructura, los ensambles y otras cosas escabrosas que pudieran achacársele al General Ochoa en esto del 4 de febrero de 1.992 da para escribir toda una biblioteca de Alejandría.

En relación al famoso Grupo de Los Notables dentro de la institución militar, sin animo de hacer una calificación al mismo para no prejuiciar y generar posturas tendenciosas en la apreciación, al hacer una valoración de sus integrantes, lo que esta a la vista no necesita anteojos, no hay lugar a dudas que algo debe estar oliendo mal en Dinamarca:

El General de Brigada Ramón Guillermo Santeliz Ruiz, compañero de promoción del General Ochoa Antich, fue el General quien en compañía del Ingeniero Fernán Altuve Febres y por instrucciones del Ministro de la Defensa se dirigió al Museo Histórico Militar a negociar la rendición de Hugo Chávez el 4 de Febrero de 1.992. Hoy es uno de los cerebros dentro del Consejo Nacional Electoral, estratega de comicios y sufragios; y responsable de todo lo que tenga que ver con el registro electoral desde hace años. Fue el factótum del General Ochoa durante su época ministerial y Venerable Maestro de todos los triunfos electorales del Invicto de Sabaneta.

El General de Brigada de la Guardia Nacional José Nicolás Albornoz Tineo, compañero de promoción del General Ochoa Antich es actualmente miembro del Estado Mayor Presidencial, reincorporado por merced de la gracia presidencial, disfruta de la cercanía y las bendiciones del Presidente Hugo Chávez Frías y es responsable directo de todas las decisiones político militares que surgen del Comandante en Jefe. Arquitecto de la intriga, Summa Cum Laude de las componendas, Supremo armador de los chanchullos y contubernios del grupo, era la inteligencia al servicio del mal, el cerebro gris de todo. Ayer, un gran estructurador de la red de los emplastos del grupo para armar las cabezas de playa ante Lusinchi, Carlos Andrés Pérez y Caldera; hoy, esta sentado a la derecha del Dios Padre omnipotente de la Revolución Bolivariana.

El General de División Carlos Julio Peñaloza Zambrano, fue Comandante General del Ejercito, conoció de la denuncia de la conspiración de Hugo Chávez mientras este fue oficial de planta en la Academia Militar de Venezuela y él, Director del instituto. Durante su ejercicio como Comandante general del Ejercito ordenó una investigación a nivel de la Inspectoría General del Ejercito en el año 1.989 en la que tuvo participación el General Ochoa Antich como Comandante de la Tercera División de Infantería y el General Heinz Azpurua como Inspector General del Ejercito; mas tarde le consignó al entonces Ministro de Relaciones Interiores el Dr. Alejandro Izaguirre para que le hiciera llegar al Presidente Carlos Andrés Pérez los resultados de esa investigación. Por una diferencia con el Presidente Carlos Andrés Pérez relacionada con la adquisición de municiones para el Ejercito, donde estuvo involucrada la tristemente celebre Gardenia Martínez y el jefe de seguridad de CAP, el señor Orlando García; sale del cargo en junio de 1.991 y lo entrega al General de División Pedro Remigio Rangel Rojas, mientras que Ochoa pasa de la Tercera División al Ministerio de la Defensa y Heinz Azpurua se va de la Inspectoría General del Ejercito a la Disip. No tengo evidencias a la mano para confirmar la especie que circula en el sentido de que, luego de haber iniciado la investigación formal para imputar a Hugo Chávez Frías y sus camaradas de conspiración, el general Peñaloza Zambrano junto con sus socios de grupo se montaron paralelamente en la conspiración, dejándole el trabajo sucio a Hugo Chávez. Si fue así, craso error en el que se embarcaron al subestimar al teniente coronel. La historia se ha encargado de estrujarle a él y a quienes han subestimado a Chávez, que esa no era no la opción.

Repito, carezco de la suficiente contundencia documental y de mucha información de terceros; pero hay unas realidades que dan paso a muchas especulaciones y que ponen entredicho la responsabilidad del general Peñaloza en ese entonces y hasta el momento. En la trayectoria académica e institucional de las funciones dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales se enseña que la responsabilidad en los cargos es antes, durante y después. Es verdad, el General Peñaloza develó la conspiración chavista antes de asumir el cargo de Comandante General del Ejercito, la enfrentó durante su ejercicio como jefe del componente; pero después de entregar su cargo y mucho antes de generarse la crisis del 4 de febrero de 1.992, hizo mutis por el foro; y aún a estas alturas del proceso de consolidación y profundización de la Revolución Bolivariana, su mutismo comunicacional y su sigilo publico es notorio. ¿Tiene algo que aportar para el conocimiento y la interpretación del proceso histórico y político de la década transcurrida entre 1.988 y el 1.998? ¡Por supuesto! ¿Por qué no lo hace? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿Cohabitación? ¿Entendimiento?

El General de División (Ej.) Carlos Rodolfo Santiago Ramírez , ex embajador del Gobierno de la Republica Bolivariana de Venezuela en Colombia, eterno aspirante al despacho del Ministerio de la Defensa. Arriba al chavismo, mas que por convicción y consecuencia con sus arquetipos ideológicos y conceptuales, por elemental sentido de lo practico. Arribista compulsivo y trepador consuetudinario, pero carente de las formas y la inteligencia que rezuman José Nicolás y Santeliz; fue el centro de la diatriba en julio del año 1.991, por su enfrentamiento con el General Ochoa por el cetro del quinto piso del Ministerio de la Defensa. Todos los presentes costosos y exquisitos, incluidos cuadros de alta factura, que llegaron al palacete de El Marques por la mano de la señora Marbella, para obsequiar a Cecilia Matos y a Doña Victoria, se quedaron fríos, ante la gran calentera del General Santiago Ramírez, por la designación de Ochoa en el despacho de la Defensa. En todo caso, el tiempo se ha encargado de demostrar que ambas decisiones (Ochoa en la realidad y Santiago en un supuesto) no eran felices ni acertadas por parte del Presidente Pérez.

El Vicealmirante German Gustavo Rodríguez Citraro fue otro integrante del grupo. Yo recuerdo aún, sus entradas ostentosas y faraónicas al despacho del Comandante General del Ejercito en los años 1.988 y 1.989, esgrimiendo su Cohíba Presidente de 14.000 bolívares la unidad y certeramente guillotinado, con su alba indumentaria de marino. No conozco la trayectoria profesional del Vicealmirante Rodríguez Citraro, pero de su paso por la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DGSIM) en esos años turbulentos y críticos desde 1.984 hasta 1.989 si se pueden inferir algunas cosas que se extraen con las pinzas institucionales y con criterios eminentemente incisivos.

 

El Vicealmirante era director del organismo de inteligencia durante la famosa noche de los tanques a que hice alusión en párrafos anteriores, yo también como usted ratifico que ese episodio no fue lo suficientemente investigado y la mejor ratificación de eso es que el único responsable citado fue el mayor Soler, el menos comprometido. La complicidad y el interés a que hace cita usted en su “pastoral” es lo que quedó en el ambiente de aquella ocasión y aún flota en los pasillos de la Comandancia General del Ejercito, de la Inspectoría General del Ejercito y de la Jefatura del Estado Mayor General del Ejercito.

 

Una opinión que nunca ha sido tomada en cuenta y que sería interesante consultarla, seria la del General de División Juan José Bastardo Velásquez, entonces Inspector General y a quien con ese evento le mataron en la cabeza el gallo de sus aspiraciones en el Ejercito. ¿Quién salió afectado? ¿Quién salió beneficiado? Repito, para este incidente yo he cubierto sobremanera desde la primera oportunidad, todas las preguntas que pudieran planteárseme.

El Vicealmirante Rodríguez en la respuesta a usted, le indica que el arrime a los políticos en la vituperada Cuarta Republica era exclusivo de los profesionales militares del Ejercito y la Guardia Nacional. Eso es tan absurdo y estúpido como alimentar la tesis de los astigmatismos estratégicos (Los navales son los que ganan la guerra desde una posición cómoda, los aviadores son los papaupa porque doblegan la voluntad del enemigo, los del Ejercito son los chéveres porque conquistan el terreno, etc.) y aquella tesis de que los del Ejercito son brutos, los de la Armada finos, inteligentes y “culitos”, los aviadores son “civiles” y los guardias son corruptos; sin embargo se contradice mas adelante cuando reseña la manera como utilizo la escalera de su familiar el Doctor Simón Alberto Consalvi para ascender al grado de Contralmirante.

Estoy completamente seguro que ese episodio no se investigo a profundidad, si es así como lo dice Rodríguez Citraro de que se hizo una investigación y se presentaron unas recomendaciones; entonces la misma fue mal orientada y las recomendaciones fueron chucutas, porque el único “chinito” fue Soler. Es así tan de cierto, que casi 20 años después todavía no se tiene una precisión de los responsables de aquella aventura ni sus alcances y si es cierto que ello fue un coletazo inicial de lo que hizo crisis el 4 de febrero de 1.992, con mucha mas razón el Vicealmirante Rodríguez esta errado. Yo estoy muy claro.
Coincido plenamente con Rodríguez Citraro en que en ese periodo comprendido entre 1.980 y 1.990 fue perverso donde…
“Lamentablemente fue imposible hacerlo (Lo que tenían que hacer el grupo de notables para el fortalecimiento de la institución armada) en ese oscuro período de descomposición que se produjo en la Institución Armada a finales de la década de los 80 y principios de los 90, reflejo del deterioro general ocurrido en el país, propiciado por una dirigencia política corrompida e incapaz, cuya cabeza perversa Caldera/Alfaro Ucero, extendió sus tentáculos hacia la institución armada fragmentando y destruyendo cualquier posibilidad de alcanzar aquel objetivo de mejora de la institución militar y concluyó con las peleas intestinas y acusaciones de todo tipo en los Altos Mandos de las cuatro Fuerzas, principalmente en el Ejército y en los intentos de algunos Jefes Militares, incluidos Ministros de la Defensa para imponer sus "Proyectos Políticos", hasta llegar al golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Lo ocurrido después cuando este dúo de políticos ancianos perversos se aliaron para iniciar el principio del fin, es harto conocido de todos nosotros”.

Este párrafo de la carta del Vicealmirante Rodríguez Citraro es un mea culpa de mayor intensidad al del General Ochoa de los párrafos anteriores. Si el grupo de oficiales generales y almirantes de la etapa comprendida entre 1.988 y 1.998, no fueron capaces de hacer las evaluaciones correspondientes, de presentar las apreciaciones estratégicas y los consiguientes estudios para ilustrar al Comandante en Jefe (Llámese Lusinchi, Pérez o Caldera) sobre la situación interna de las Fuerzas Armadas Nacionales y el posterior proceso de descomposición institucional (Estamos hablando de Ministros de la Defensa, Comandantes Generales de Fuerza, Directores de Inteligencia, etc. integrantes de esa logia llamada Los Notables) allí esta la clave de porque Hugo Rafael Chávez Frías filtró abiertamente su proceso conspirativo con la complacencia del grupo, la simpatía de los cófrades y el deleite de los ilustres e iluminados compañeros de armas, como siempre fueron calificados los integrantes del Grupo Los Notables.

Entonces es valido concluir, que Hugo Rafael Chávez Frías es hechura maliciosa, tendenciosa, sibilina y velada del General de División (Ej.) Carlos Julio Peñaloza Zambrano, ex Comandante General del Ejercito en el periodo 1.989 – 1.991, del Vicealmirante German Gustavo Rodríguez Citraro, Director General Sectorial de Inteligencia Militar en el periodo 1.984 – 1.989, del General de División (Ej.) Fernando Ochoa Antich, Ministro de la Defensa entre 1.991 y 1.992; y de los otros integrantes del grupo de Notables, quienes no ocupaban cargos cupulares en la organización militar, pero si tenían poder e influencia en las decisiones que se tomaron en ese periodo. Todo eso arrastra una maraña de complicidades siniestras, de connivencias a la luz de la luna, de complots bajo el aullido lastimero de los perros y de alianzas maquiavélicas de toda laya, que contribuyeron a remendar y estructurar eso que se llama Revolución Bolivariana.

Con la llegada de José Vicente Rangel al Ministerio de la Defensa, le he conseguido explicación a unas misteriosas y furtivas salidas de un ex comandante general del Ejército, solo y sin ningún margen de seguridad personal, para dejarle en el buzón de la casa de Miguel Ángel Capriles sobres de Manila con información privilegiada relacionada a la adquisición de material de guerra, para ser publicadas en los diarios de la Cadena Capriles y provocar una guerra comercial entre los Perros de la Guerra; posteriormente ese mismo sobre, con esa misma mano se iba luego a la casa de José Vicente Rangel en La Florida para alimentar la columna de Jotavé “Los hechos y los días” en el diario El Universal. ¿Como se llama eso? ¿Soberbia? ¿Incompetencia? ¿Debilidad? ¿Ineptitud? ¿Cobardía? ¿Ingenuidad? ¿Oportunismo? ¿De quien?

Lo que se estimuló artificialmente como una conspiración política y militar para la toma del poder político; no pasaba mas allá de un gran montaje que se le vendía a los presidentes y comandantes en jefe de turno, para motivar las compras militares de la ocasión y las consecuentes comisiones y al mismo tiempo para orientar y canalizar las decisiones presidenciales hacia unos jefes militares pertenecientes al grupo. Mientras eso ocurría, Hugo Chávez se desenvolvía a sus anchas con su conspiración a cielo abierto con el regodeo de los jefes militares y el paladeo orgiástico de futuras posiciones de poder. Y allí entramos en el terreno de la subestimación con la que siempre los generales y almirantes observaron al grupo de bolivarianos, pretendiendo darle cancha para que estos hicieran el trabajo sucio y luego aquellos encaramarse de acuerdo a la oportunidad y el tiempo estratégico.

A propósito, me llama poderosamente la atención que entre los políticos culpables de la desinstitucionalización de las Fuerzas Armadas Nacionales, el Vicealmirante Rodríguez Citrato no incluya a Jaime Lusinchi y su Evita de alpargatas, la señora Blanca Ibáñez.

Como se ve, mi almirante, aun quedan cosas en aire en las que no se ha logrado establecer una estructura coherente y armónica que le de sentido y dirección a los detalles, pero en general la gran mayoría coincide en que todo este proceso político y militar que esta sufriendo el país actualmente, tiene una responsabilidad que desemboca irremisiblemente en el liderazgo de las décadas de 1.980 y 1.990, léase generales y almirantes; todos han sido mencionados en esta extensa carta y faltan muchos.

Esta misiva no pretende ser una pastoral realmente y si una contribución modesta al esclarecimiento de muchos episodios políticos y militares.

En la novela de la creación del monstruo “El moderno Prometeo”, la autora Mary Shelley refleja un terror mucho peor que el monstruo en si; la desmedida ambición de Víctor Frankenstein, su creador. Cualquier analogía con la realidad política, social, económica y militar del país se hace con la mas pura intención.

Mis saludos y mis respetos, mi almirante.

 

ANTONIO MARIA GUEVARA FERNANDEZ

Coronel (Ej.)

sábado, 20 de noviembre de 2010

RANGEL

Rangel Silva

¿Que se puede agregar a los múltiples y variados comentarios que han surgido como producto de las declaraciones del General Rangel Silva? Muy poco. En todo caso, en abono de esa minúscula diferencia que han dejado abierta los opinadores sobre el matrimonio del general con la revolución y con Hugo Chávez, voy a incorporar otra visión sobre el tema.

La mayoría de la nomenclatura militar revolucionaria es hechura del Teniente Hugo Chávez y del Capitán Hugo Chávez durante su paso como oficial de planta de la Academia Militar de Venezuela. Las promociones egresadas del alma mater del Ejército durante los años 1.981, 1.982, 1.983 y 1.984 son manufactura política, doctrinaria, conceptual e ideológica del presidente de la republica. Pero además, son aportes de la política incubada en ese instituto de formación profesional en una etapa de transición académica que inició el entonces director el general Olavarría Jiménez y consolidó el general Peñaloza Zambrano.

Los profesionales militares del Ejército, activos en esa década de los 80, deben recordar los informes que se remitían a la Academia Militar de Venezuela desde las unidades operativas, sobre el seguimiento profesional a los nuevos subtenientes procedentes de la revisión y actualización hecha en el año 1.980 del Plan Andrés Bello vigente desde el año 1.971. Casi todos concluían en el carácter hipercrítico y contestatario del nuevo profesional militar. A todo le conseguían un pero y muchas de las ordenes de la cadena del mando eran sometidas al inventario de la lengua. Eran murmuradores de oficio.

Ese producto, era el origen de un nuevo modelo de profesional militar, diseñado con criterios completamente técnicos y académicos, distantes de las realidades operativas y organizacionales de la fuerza y absolutamente divorciados de los soportes institucionales de las Fuerzas Armadas Nacionales; la disciplina, la obediencia y la subordinación.

Eran los excelentes cadetes organizados, equipados y adiestrados bajo las líneas del LIDERAZGO SITUACIONAL de adaptaciones de manuales FM norteamericanos (Field Manuals) y magníficos referentes bibliográficos de estrategia y política en alto nivel; cuando el nuevo subteniente llegaba a las unidades operativas se conseguía con una realidad diametralmente distinta. Salía de la Cancha de Liderazgo ubicada detrás de la AMV, a una Cancha de obstáculos ubicada en el frente de las unidades operativas.

El diseño curricular del nuevo Plan Andrés Bello vigente desde 1.980 no formó subtenientes para comandar unidades básicas, supervisar el rancho de la tropa, hacer mantenimiento del armamento y pasar revista de pelotón; graduó generales con un alto contenido político. Su problema no era su “pelotoncito”, su problema era el país y su visión era alcanzar el poder como parte de una conjura que cambiara el modo de vida de los venezolanos.

La década de los años 80 fue una coyuntura política, económica, militar, cultural y social que tuvo un impacto bien significativo para los venezolanos. En lo económico el bombazo del “viernes negro” cambió la vida adquisitiva de los venezolanos, en lo político por primera vez en la historia democrática del país un presidente era reelegido para un nuevo periodo (CAP) y eso cambió la visión política de muchos; la celebración del bicentenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar en 1.983 reavivó el ideario bolivariano a nivel continental; el “matracazo” del viernes negro nos nucleó como sociedad hacia lo interno y la incursión de la ARC Caldas en agosto de 1.987, nos puso por primera vez en muchos años en la antesala de una guerra convencional con la hermana republica de Colombia.

Ese era el ambiente político, económico, social, cultural y militar donde se desenvolvió en la Venezuela de los 80 el Alférez Rangel, el Subteniente Rangel y el Teniente Rangel  de la mano y la inducción política de un avispao Hugo Chávez y de los lineamientos políticos del nuevo Plan Andrés Bello de la Academia Militar, surgidos de la mente del general Olavarría y consolidados por el mismo general Peñaloza durante su paso por la dirección del instituto.

Después del 4 de febrero de 1.992, en el Ejercito se activó un gran debate hacia lo interno y se condujo una investigación tratando de llevar hasta lo medular las causas del levantamiento militar. Recuerdo entre otros, que quienes condujeron esa investigación fueron el General de División Raúl Salazar Rodríguez, el Coronel Rafael Fonseca Sandoval y el Teniente Coronel Alberto Ray Figueroa (Sicologo de la Academia Militar). La conclusión sumaria que fue anunciada en el teatro de la AMV por el propio Comandante General del Ejercito, el General de División Pedro Remigio Rangel Rojas fue determinante ; el gran culpable de la insurrección era el Plan Andrés Bello del año 1.980. Había que regresar a los cuarteles, segregar la política, reorientar el diseño curricular de los cadetes, quemar los textos que aludieran al “civilismo” y fusilar públicamente el plan, como en efecto se hizo.

El nuevo lema de la Academia Militar de Venezuela – La cuna de la Revolución Bolivariana - tiene su asiento allí precisamente. La formación política, doctrinaria, ideológica y conceptual de toda la nomenclatura militar del Socialismo del siglo XXI reside allí, desde allí se le formó en la actividad política y se le lanzó al combate político dentro de los cuarteles y se les insufló aspiraciones de tribuna; los hombres dignos y útiles a la patria fueron descartados por el nuevo hombre revolucionario. ¿Ustedes creen que el general Rangel Silva se iba a pronunciar de una manera distinta a como fue formado?

El Mayor General Henry Rangel Silva es egresado de la Academia Militar de Venezuela en el año 1.982, como integrante de la Promoción “Coronel Antonio Nicolás Briceño”.

¿Realmente ustedes piensan que el general Rangel podía decir algo distinto después de sus bodas de plata con la Revolución Bolivariana y próximo como estará en el año 2.012 a celebrar sus bodas de perla en plena elección presidencial?

Todavía no se aprende la lección. Hay que revisar la historia reciente.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA LECCION DEL 4F

Asi se rindio Chavez

Me parece que a estas alturas del juego aún no se aprende Ministro de la Defensa cuando el 4Fla lección del 4F. Desde aquella fecha a estas alturas del juego, mucha agua ha corrido por debajo del puente y las derivaciones de ese hito histórico que prácticamente partió en dos la historia política del país no han sido lo suficientemente seccionadas y analizadas con toda la profundidad que se amerita vistas las implicaciones del mismo, pero sobre todo el camino que lleva su mas característico ejecutor, Hugo Chávez y su bandera mas emblemática, la Revolución Bolivariana.

Denunció por primera vez la tentativa del golpe en el año 1989Esto lo digo, leyendo a contraluz, los dos escritos del General de División (Ej.) Carlos Julio Peñaloza Zambrano,  Comandante General del Ejército desde julio de 1.989 hasta junio de 1.991; difundidos a través del diario de circulación nacional El Nuevo País y releyendo el magnifico libro del General de División (Ej.) Fernando Ochoa Antich, Ministro de la Defensa durante los hechos del 4 de Febrero de 1.992, titulado “Así se rindió Hugo Chávez”.

Ambos textos, los escritos del General Peñaloza y el libro del General Ochoa, resumen un  mea culpa general que todo el país político asume. Unos por haber llevado electoralmente al poder a Hugo Chávez en el pasado y otros por no haber tomado oportunamente las decisiones políticas y militares que hubieran impedido este presente, que nos esta poniendo en riesgo el futuro de muchas generaciones.

Hace pocos días, leía una columna de Rafael Poleo y hablaba del “juego duro” de Hugo Chávez. Se refería el excelente analista al poco ortodoxo manejo de la política que ha venido caracterizando la dinámica del comandante en sus relaciones con su entorno, con su gobierno, con el régimen, con sus aliados políticos internos y externos, con la disidencia política al régimen y en general con todo su desenvolvimiento personal, profesional y político desde su mismo ingreso a la Academia Militar de Venezuela en el año 1.971, si nos atenemos a lo que se ha ventilado desde el 4 de febrero de 1.992 hasta acá.

Hugo Chávez ha jugado duro y aplicado el librito del político florentino al pie de la letra, mientras que sus adversarios han sido en la mayoría de los casos, pupilos con 20 puntos en conducta y la raya del peinado correctamente trazada; algunos en la contigüidad de la calificación de mangas meadas. Si no que lo digan 10 años de conspiración en el Ejército hasta el 4 de febrero de 1.992, 6 años de afinque para arribar victorioso electoralmente el 6 de diciembre de 1.998 y  12 años de juego durísimo que han sostenido a Hugo Chávez en el poder. La guerra y la política son asuntos de juego durísimo.

Siempre he sostenido que el “manoblandismo” de aquella época es la consecuencia del actual “manodurismo” de esta. Si el régimen de la Revolución Bolivariana y el Socialismo del siglo XXI actúa con la misma simplicidad  y el inmediatismo de los altos mandos militares de la década de los 80 e inicios de los 90 que desembocó en el 4F; la secuela será un nuevo 11A.

Esto lo asumo, porque los escritos del general, que son un llamado al honor y a otra serie de valores y principios que se inscriben en el deber ser del viejo lema de la Academia Militar de Venezuela “…forma hombres dignos y útiles a la patria” chocan de frente con el nuevo lema que se ventila ahora a los cuatro vientos de la Venezuela roja rojita de ser “cuna de la revolución bolivariana”; cuna que por cierto se adquirió en las cómodas cuotas del liderazgo situacional que se mercadeaba desde los viejos tiempos de la dirección del general Olavarría Jiménez y continuados bajo el general Peñaloza Zambrano. Es, en esas administraciones de la Academia Militar, que el entonces teniente y capitán Chávez, jugaba durísimo con los cadetes del Curso General y alféreces del Curso Militar, en el proceso de reclutamiento y catequización de sus centauros. Basta con revisar todos los subtenientes y tenientes comprometidos con el 4F y hacer una retrospectiva en su proceso de formación.

La historia se ha encargado de poner en su justo lugar, algunas cosas y le ha dado a muchos analistas, las luces para poder interpretar los eventos del 4F, sobre todo en eso de las responsabilidades. Me parece que el juego mas a la mano, que pudiera arrojar mas claridad en ¿que dejo de hacerse y cuanto nos lamentamos de eso?; es llevar el tiempo 30 años atrás, clasificar los hechos mas puntuales y determinar cuales fueron los saldos en las decisiones que han debido de tomarse oportunamente.

La salida de los tanques el 26 de octubre de 1.988, la defenestración del General Troconis Peraza en el Comando General del Ejercito en 1989, la aparición del panfleto de Saturno en el estacionamiento de la Escuela de Infantería, la detención de los segundos comandante de batallón en noviembre de 1.989, el incidente con el examen de Brigada de Infantería en la Escuela Superior del Ejército del entonces cursante Hugo Chávez en 1.990, el polémico discurso de entrega del cargo del General Peñaloza en junio de 1.991, la llegada al Ministerio de la Defensa del General Ochoa y la asignación de los cargos de comando en los batallones mas importantes del Ejército, a jefes militares comprometidos con una conspiración investigada y procesada; dicen bastante de la responsabilidad política y militar de muchos políticos y mas militares. 

Los protagonistas; expresidentes, exministros de la defensa, excomandantes generales, exjefes de la DIM, exjefes de la DISIP, jefes militares allegados al poder político, políticos inescrupulosos y coyunturas personales y profesionales en las cuatro fuerzas, peleas por los cargos, ascensos, compras militares, barraganatos, clanes y grupos ad hoc (Los Notables) y otras perversiones que desviaban a las Fuerzas Armadas Nacionales de su rol constitucional y su misión.

Mientras tanto, el Teniente Chávez, el Capitán Chávez, el Mayor Chávez y el Teniente Coronel Chávez jugaba duro…durísimo; tan así, que conspiró a cielo abierto durante 10 años y movilizó el componente militar mas importante de las Fuerzas Armadas Nacionales, las unidades estratégicas mas importantes de ese componente y las guarniciones militares mas importantes de las Fuerzas Armadas Nacionales en un golpe militar que partió en dos la historia política del país y que tiene boqueando la unidad de la nación.

Definitivamente, la lección no se ha aprendido. En doce años de Revolución Bolivariana y Socialismo del siglo XXI, el liderazgo político venezolano sigue anclado en solucionar el actual problema político con las formas y maneras convencionales para sacar 20 puntos en conducta con los zapatos limpiecitos; mientras, el Teniente Chávez, el Capitán Chávez, el Mayor Chávez, el Teniente Coronel Chávez sigue jugando durísimo, sin ninguna ortodoxia.

Definitivamente, la lección no se ha aprendido.

DE MAL EN PEOR

Jose Manuel Gonzalez

La situación político electoral en el estado Guárico para la oposición, no es nada alentadora. Mas allá de la declinación a la candidatura a la gobernación, que ha hecho el alcalde del municipio Roscio, Franco Gerratana; en el electorado opositor no hay motivación ni animo para ir el venidero 5 de diciembre a sufragar.

Una circunstancia que se inició mal, disponiendo de muy poco margen de tiempo para maniobrar en la campaña, se va a llevar por delante el capital político de nuestro diputado electo en la reciente jornada del 26 de septiembre, próximo pasado y los aceptables resultados numéricos obtenidos en forma general en todas las organizaciones políticas.

En efecto, la candidatura lógica a la gobernación era la del Ingeniero José Manuel González por múltiples razones; entre las cuales estaba la campaña electoral aun calientica que había consolidado su imagen en los 15 municipios y concitado la unidad y el liderazgo, en un estado tan difícil para el consenso y peor en el reconocimientos de los liderazgos. Sin entender ni conocer aun, las razones personales o profesionales esgrimidas para no aceptar la candidatura a la gobernación, ninguna esta por encima de los intereses del colectivo guariqueño.

En todo caso, la aparición inicial de muchas candidaturas, la desestimación del mecanismo de las elecciones primarias para la selección, la ausencia de acuerdos y consensos para tomar decisiones entre las organizaciones políticas regionales, la nulidad en los liderazgos regionales de actualidad, con el agregado del factor sorpresa de la decisión del CNE de activar las elecciones el 5 de diciembre, la fuerza de la candidatura oficial y la logística de soporte en el apoyo del poder central, regional y de 14 alcaldías oficiales, mas los resultados obtenidos en el estado por el partido de gobierno en las pasadas elecciones del 26 de septiembre de 2.010; proyectan unos números no muy halagadores para la oposición el 5 de diciembre.

Ojala, este ejemplo de Guárico en la oposición, de cara a las próximas elecciones del nuevo gobernador, no permee hacia la coyuntura política nacional, en la selección del abanderado que enfrentará al Presidente de la Republica en las elecciones presidenciales del año 2.012.

El punto es que con esta realidad político electoral, la oposición en el estado Guárico va de mal en peor.